
«Giulietta es mi intérprete ideal, mi inspiradora, una presencia mágica en mi trabajo», dijo el director.
«Miente: siempre me he abstenido de poner un pie en el plató en las películas en las que yo no trabajaba, porque mi presencia no le agradaba», dijo la actriz.
«Giulietta es mi Beatriz», dijo el director, enviándole a su consorte una sonrisa dulce e hipócrita.
La actriz replicó: «La verdad es que nos hemos dividido las tareas: Federico reina soberano en el plató, yo en casa. Pero siempre me ha hecho pagar la soberanía que ejercito dentro de los muros domésticos. Yo nunca me he gustado a mí misma: soy una liliputense, tengo la cara redonda, el pelo hirsuto. Desde que preparaba "La strada" soñaba con que Federico me diera el rostro de la Garbo o de Katherine Hepburn, pero en vez de eso me volvió la cara más redonda, y el cabello más hirsuto, y me empequeñeció todavía más. Hizo de mí una punk ante litteram».
«Te hice más seductora que Jean Harlow y Marilyn Monroe», dijo el director.
Y la actriz contestó: «Como ustedes saben, Federico ama a las mujeres monumentales, opulentas, fastuosas, pero yo, precisamente por ser diminuta y flaca, logré colarme entre aquellas estatuas vivientes escondida en los personajes de Gelsomina, Cabiria, Giulietta de los espíritus, Ginger, celebrando así mi venganza sobre él».
"Fellini, les cuento de mí." Conversaciones con Costanzo Costantini.

































