
Cuando ves una película de Lubitsch, aunque no sea de las más conocidas o de las consideradas mejores, como es el caso de
"La viuda alegre" (1.934), es inevitable salir del cine con una sonrisa. Y es curioso porque estamos hablando de una película que tiene ya 75 años (!).
Esta película musical tiene su origen en
una famosa opereta de principios del siglo XX, del mismo título, compuesta por Franz Lèhar. De "opereta" es también su argumento: en un pequeño país de Centroeuropa, Marshovia, cuyos ciudadanos principalmente se dedican a la ganadería, una joven viuda, Madame Sonia (Jeannette MacDonald) se lamenta por su pena. Guarda un luto estricto, y suspira porque sus días pasan sin ninguna emoción, dejando páginas y páginas de su diario en blanco.

El Conde Danilo (
Maurice Chevalier), que viene a ser el Casanova nacional, se entera del encierro voluntario de la viuda y toma por principal objetivo su seducción, aunque pronto es rechazado. El encuentro con el Conde Danilo le hace reaccionar a la viuda y decide dar un cambio a su vida, dejar a un lado el luto y disfrutar de una larga temporada en París. Poco imagina el revuelo diplomático que supone este cambio de aires en la corte de Marshovia, y es que el Rey del país tiene pánico de que, de hacerse definitiva la marcha de la viuda, con ella se irá toda su fortuna, que constituye un 55% de la riqueza del país, dejando a Marshovia en bancarrota.
Por ello, con la estrecha colaboraciónd el embajador de Marshovia en París (un genial y divertidísimo
Edward Everett Horton, secundario de lujo) urde un plan para enviar al Conde Danilo a París con el sólo objeto de seducir al a viuda, conseguir casarse con ella y traerla de vuelta, junto con su fortuna, al país.

Esta comedia, como he dicho al principio, cumple con todo lo que se puede esperar de una comedia de Lubtisch: agilidad en los diálogos, rapidez de la trama, unas coreografías de lujo, guiños constantes al espectador, y un ritmo de risas que va
in crescendo conforme se acerca al final.
Maurice Chevalier ya había trabajado con Lubitsch en "El teniente seductor" y en
"One hour with you" (de la que os hablé a raiz del monográfico que se le dedicó al director hace ya tres años en el Festival de Cine de San Sebastián). Aquí hace, una vez más, de su eterno papel de francés seductor y cantarín, un poco trasnochado. Y es que, ya lo dice Woody Allen en
"Annie Hall":
- Alvy : Oye, esos tipos de la Resistencia francesa eran realmente valientes, ¿sabes? Tener que oír a Maurice Chevalier cantando todo el santo día...
- Annie: Hum, no sé, a veces me pregunto si yo sería capaz de resistir la tortura.
Jajaja, en cualquier caso, y a pesar de Chevalier, es una comedia que merece la pena ver.

Y por último os dejo con una foto que saqué de estrangis en el Museo del Cine de Berlín al famoso cartel que tenía Billy Wilder en su oficina, a modo de inspiración, con el lema:
"¿Cómo lo haría Lubitsch?".
