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jueves, 5 de noviembre de 2009

KINGS OF CONVENIENCE DE NUEVO



Hey baby, Mrs. Cold. Acting so tough, didn't know you had it in you so be hurt at all. You waited too long. You should've hook me, before I put my raincoat on. When can I get it. When can I see. You were fronting because. You knew you'd find yourself vulnerable around me. When can I get it. When can I see. You feel vulnerable around me. Hey, baby whats going on? We lost control and you lost your tongue. You lost me. Deaf in my ear. Nothing you can say is gonna change the way I feel. When can I get it. When can I see. You were fronting because you knew you find yourself vulnerable around me. When can I get it. When can I see. I step too close to your boundaries. You wanted nobody around to see. You feel vulnerable around me. Hey baby. What is love? It was just a game. We both played and we cant get enough of .

KINGS OF CONVENIENCE "Mrs.Cold"

* Mañana sábado volveré a ver a los Kings of Convenience actuar en San Sebastián. La cosa promete, la última vez que les vi en directo fue en el Jazzaldia, actuaron en la playa de la Zurriola, precedidos de un rayo verde, ahí es nada :).

lunes, 28 de julio de 2008

POR FIN, MI RAYO VERDE


"Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza." JULIO VERNE

* Desde el sábado puedo decir que yo también he visto el Rayo Verde.La foto la saqué unos minutos antes del fenómeno, que me pilló por sorpesa, cuando me dirigía a toda prisa a un concierto de Kings of Convenience en la playa... Todo lo que hayáis escuchado o leído sobre el Rayo es poco, realmente es una maravilla de la Naturaleza. No tuve tiempo de fotografiarlo, pero esta instantánea es de unos minutos antes.

"Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera en rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: “¿Lo viste al fin, gran tonto?”

JULIO CORTÁZAR

miércoles, 17 de octubre de 2007

MI RAYO VERDE



«Porque "El rayo verde", novela poco leída de mi maestro y tocayo, me contó a los nueve años que si mirábamos ponerse el sol en un horizonte marino, si el cielo es diáfano y si a último minuto no se cruza una vela de barco, una bandada de pájaros o una nubecita caprichosa, con el último segmento rojo hundiéndose en la linea del azul veremos surgir un instantáneo y prodigioso rayo verde.

Yo vivía muy lejos del mar, y el sol de mi infancia se ponía entre alambrados, casas de ladrillo y sauces llorones. Subido a la loza de mi casa esperé ingenuamente el milagro del rayo verde, y sólo vi flacas antenas de radio; cuando veinte años después empecé a cruzar el Atlántico y el Pacífico muchos atardeceres me vieron acechar algo que nunca se realizó aunque las condiciones parecieran impecables, y como ocurre en la mal llamada madurez perdí la fe en el rayo verde y en el visionario que me lo había descrito y de alguna manera prometido.

Ayer, desde el mirador del archiduque Luis Salvador, miré una vez más hundirse el sol en el mar. Un amigo mencionó el rayo verde, y me dolió por adelantado que los niños presentes lo esperaran con la misma ansiedad que yo lo había deseado en mi absurdo horizonte suburbano, ahora sería peor, ahora las condiciones estaban dadas y no habría rayo verde, los padres justificarían de cualquier manera el fiasco para consolar a los pequeños; la vida –así la llaman– marcaría otro punto en su camino hacia el conformismo. Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado. Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera en rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: “¿Lo viste al fin, gran tonto?”

Un poeta romántico hubiera escrito esto mucho mejor, don Gaspar o Shelley. Ellos vivían en un sueño diurno, y lo realizaban en sus poemas. La flor azul de Novalis, la urna griega de John Keats, el perfil de los dioses de Holderlin. Mi rayo verde se vuelve a la nada en el mismo instante en que lo digo; pero era él, era tan verde, era por fin mi rayo verde. De alguna manera supe ayer que mucho de lo que defiendo y que otros creen quimérico está ahí en un horizonte de tiempo futuro, y que otros ojos lo verán también un día.»

JULIO CORTÁZAR

* Consuela saber que a mi querido Julio le costó años ver el famoso rayo verde. Yo también lo veré algun día, de momento hay intentos que merecen la pena, como la puesta de sol que vi el sábado en Biarritz (Francia), os dejo una pequeña muestra ahí arriba...

martes, 4 de septiembre de 2007

EL RAYO VERDE (2)




A Beatriz Rivera Polo



"Mi abuela Carmen, que era tan fabuladora como la abuela de García Márquez, me contaba de niño la historia del rayo verde, rarísimo fenómeno meteorológico que, en medio de un nublado o con el día azul, podría aparecer sobre los cielos como la fracción de un relámpago de un verde nunca visto ni en los retoños de las plantas, ni en la paleta de pintor alguno, ni en los mares de Cozumel, ni en las hojas de los árboles de Francis Ponge. Mi abuela lo había contemplado de niña sobre los cielos de La Coronada, en un día de junio ni muy claro ni muy nubloso, uno de esos días de transición al verano desde la primavera fugitiva. Según decía ella, fue visto y no visto en su duración infinitesimal, pero a mi abuela se le había quedado la mirada encinta de una felicidad inumerable. Ella me hablaba del rayo verde como de una nostalgia transterrada y aun se sentía dichosa de un recuerdo tan fugaz.




Solía contarme que ni en un receso de la lluvia, tan escasa en mi aldea, había jamás hallado en los siete colores del arcoiris un color tan indeterminadamente bello y esplendoroso. Y al morirse, según me refirió mi padre, en el último destello de su mirada se produjo un resplandor vivísimo como si hubiera vuelto a contemplar, en un lúcido instante, el rayo verde que yo jamás he visto.
No he creído nunca que fuera una de esas amables patrañas con las que la abuela Carmen endulzó mi infancia y las de mis hermanos y mis primas, porque cuando contaba lo de la aparición del rayo verde se transfiguraba su rostro y sus palabras sonaban como suena la música de los Cuentos de Hoffman al visitar los bosques de la Selva Negra, una experiencia irrepetible. Muchos años después, en mi amor por la literatura, leyendo un relato de la escritora mejicana Elena Poniatoswka, encontré una descripción semejante a la de la historia de mi abuela (revista “Vuelta”, octubre 1.979). A ella le habían contado que algunas tardes, en el océano Pacífico, podía contemplarse la maravillosa aparición, sólo que había que prestar una capacidad de atención increíble, dado que el rayo verde era huidizo y se escapaba en un parpadeo, tal como la rosa que en el sueño de Coleridge escribió Borges que había encontrado la prueba irrefutable de la existencia del paraíso.

Ni en los libros, ni en las montañas, ni en las playas, he podido alcanzar a ver esa relampagueante visión del rayo verde. Ni siquiera en los textos de astronomía, incluyendo al popular de Flanmarión, he conseguido hallar indicio alguno de tan extraño fenómeno meteorológico. Me he preguntado siempre en qué lugar exacto de mis sueños se encuentra esa alucinación que heredé de mi abuela Carmen y de la que siempre se han reído mis hermanos, mis amigos, mi hijo y hasta la propia compañera de mi existencia en los últimos veintidos años. Tal vez ha sido una de las muchas iluminaciones de una infancia que, si no fue perfecta, si fue como un fulgor avivado por los sueños de los cuentos orales y las lecturas de los maravillosos cuentistas del pasado. Hay en mi ser adulto todavía un rescoldo de ilusión que, a pesar de mis muchos escepticismos, mantiene intacta esa no presencia del rayo verde que sigue alimentando mi existencia anodina. En la semana luminosa de los Reyes Magos me gusta observar en la mirada mágica de los niños pequeños ese maravillado encantamiento que solía embriagar a Gabriela Mistral en el Valle de Elquí o en el Valle del Río Blanco, donde nace el Aconcagua, al amanecer el día 6 de enero. O recordarme a mi mísmo en la noche de la víspera, desfilando en la cabalgata de la ilusión de una nube en la que aparecía el rayo verde, dádiva de las dádivas del reino de la felicidad. En un mundo tan absolutamente materializado ya no hay abuelas como mi abuela Carmen que me contaba cuentos que todavía me creo, prodigios, como el del rayo verde, que alimentan como la flor del aire, otra historia que un día contaré. Aun imploro el milagro de vivir la visión de ese rayo fantástico que debe aparecer, aunque sea en el último acto de mi vida, en el centro de un resplandor. "


CARLOS RIVERA (Texto sacado de aqui).

* Yo ya tengo mi propio "Rayo verde" colgado de las paredes de mi salon, gracias a MK :).

lunes, 21 de mayo de 2007

EL RAYO VERDE

                                        

"¿Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión- ¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza".

JULIO VERNE "El rayo verde".

De esta novela del autor francés tomó Eric Rohmer la idea para esta película, "El rayo verde" (1.986) que forma parte de su serie "Comedias y proverbios" .


Delphine ha sufrido un desengaño amoroso del que no se recupera. Han pasado ya dos años de aquello y sus amigas le echan en cara que no reaccione y sea más práctica, que se enfrente a la vida en lugar de escudarse en una soledad "elegida". Le dicen que si ella no pone de su parte no va a aparecer ningún príncipe azul a su puerta. Ella responde autoengañándose: "Todo va bien, estoy un poco sola pero no por completo. En mi vida hay alguien, aunque ahora no nos veamos. Y eso es más importante para mi".

Pero la realidad, es que está tan estancada que simplemente el hecho de que una amiga le deje tirada dos semanas antes de las vacaciones, sin plan ni sitio a dónde ir, supone un problema vital inmenso. No se atreve a viajar sola a ninguna parte, pero tampoco quiere quedarse en París. Una amiga le propone que le acompañe a Cheburgo, es un plan con otras tres parejas, pero pronto se siente desplazada, entiende que no encaja en el plan, que no debería estar allí así que regresa a París.

                                            

Entonces se le ocurre pedir prestado a su ex-novio un apartamento que tiene en los Alpes, y tan colo unas horas después de su llegada, tras pasear por la montaña en completa soledad, entiende que ese tampoco es su sitio, se siente ridícula y regresa por segunda vez a París. Decide pasar el resto de sus vacaciones paseando sin rumbo por la ciudad, aunque un encuentro fortuito con una antigua amiga hace que ésta le proponga dejarle su apartamento de Biarritz.

Empieza otro viaje en solitario hasta esa ciudad costera, paseando por ella escucha por casualidad una conversación de unas mujeres sobre el fenómeno del Rayo Verde descrito en la novela de Verne, del que según dicen, quien llega a verlo puede llegar a entender sus sentimientos y los de los demás. Supongo que desde ese momento Delphine busca su rayo verde, en la esperanza de que pueda cambiar su vida.

Nuevamente, huye de Biarritz cuando su breve amistad con una chica sueca, que intenta que ella le siga el juego a la hora de ligar con otros dos chicos le hace sentir incómoda y fuera de lugar. Es en ese momento cuando la historia de Delphine comienza a cambiar (por fin), porque en la estación de tren (ya lo dije yo hace tiempo, nada como los trenes o las estaciones para conocer gente interesante, jaja) conoce a un chico interesante y decide arriesgarse por una vez en la vida, salir de su apatía total e ir a la búsqueda de ese rayo verde.



Con esta película, Rohmer me ha terminado por conquistar para siempre. Eso sí, es una película dura, no apta para corazones solitarios.

"Tú nunca has visto ese maldito rayo verde.
Yo tuve la oportunidad.
Un fenómeno celeste
no es tan espectacular.
Sale justo un rayo verde
en el horizonte que, hoy tambien,
hoy también se ha vuelto a nublar"

SR. CHINARRO



                                               


* Esta semana me voy a pegar un buen atracón de cine, voy a ir a un Festival de Cine Mudo (con música en directo), he conseguido entradas gratis para las 4 sesiones. Ya os contaré.




 
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