¿Quién
dijo aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”? Bajo misma premisa, el
homenaje “castizo” a la novela y al cine negro policiaco americano (no en vano la
película está dedicada a Raymond Chandler), Jose Luis Garci, repitiendo a
Horacio Valcárcel como coguionista, se embarcó en “El crack dos” (1.983), un
año después de haber logrado el Oscar a Mejor Película Extranjera por “Volver a
empezar.”
Garci: “Era la que más le gustaba a
Alfredo Landa. Años después de haber hecho las dos primeras, él seguía diciendo
que la película que más le gustaba de todas las que había hecho, donde él
estaba mejor como actor, era “El crack dos”. Yo se lo discutía, porque
siempre he creído que donde mejor está es en “Los santos inocentes”.
Pero él decía que no, que eso de tirarse al suelo y rastrear como un perro era
bonito pero lo hacía cualquiera. Sin embargo, sacar esa parte oscura que
tenemos todos… Él creía que ese lado negro de sí mismo solo se había recogido
en “El crack dos”, y por eso era la que más le gustaba. Yo, por mi
parte, creo que en “Luz de domingo” está mejor que en ninguna
otra de las que hicimos juntos. Ahí tiene momentos espléndidos, a lo Jean
Gabin.”
Entrevista a Jose Luis Garci en Platino Educa por Luis Caballero. 2.023.
En esta secuela, el detective Germán Areta se ve envuelto, por medio de su antiguo Comisario “El Abuelo”, en un caso aparentemente rutinario (o no tanto, dado que se trata de una pareja de hombres) de abandono de hogar, que rápidamente deriva en una oscura y compleja trama de conspiraciones farmacéuticas.
Mientras recupera a “El Moro” (Miguel Rellán) como colaborador en la investigación, sueña con irse de vacaciones a Italia con su novia Carmen, pero el nuevo caso alterará la vida de todos, y es que como le dice su pareja: “Cuando alguien se pasa la vida buscando cosas para los demás, a lo mejor es que no quiere saber nada de lo suyo”.
La película mantiene
los elementos tan característicos de su precedente: el costumbrismo (la partida
de mus inicial), las escenas violentas pre-cine kinki (el encuentro de Areta y
su amigo el barbero “Rocky” con unos yonkis en un parking), los paseos por
Madrid (Gran Vía, Tirso de Molina, el Templo de Debod, el Río Manzanares), las
referencias cinematográficas norteamericanas (“La jungla de asfalto” de John
Huston y “Un extraño en mi vida” de Richard Quine), pero es con el boxeo donde
Garci encaja la metáfora final del momento por el que está pasando Areta en su
enfrentamiento con poderes desconocidos.
En determinado
momento su amigo Rocky (que a pasado a ser barbero a domicilio, por el cierre del
Frontón Madrid en 1982), le dice ante su inminente viaje a Italia: “He oído
que te vas a Italia, ¿es cierto? – Sí- Me alegro, sobre todo por Carmen, lo que
pasa que en Italia está Roma. – Hombre, si tú lo dices- Y en Roma un lugar
nefasto llamado Piazza di Siena, y allí el día 22 de Octubre de 1.933, en presencia
de Mussolini – Ya, Primo Carnera le ganó a Uzcudun- Exacto, a nuestro gran
Paulino Uzcudun, el Mutil de Regil, ¿te das cuenta? Y estoy seguro de que hubo “manejo”.
- ¿Cómo lo sabes? – Pues ya me dirás, ¿Quién mandaba allí? ¡El Ducce! Si Uzcudun
no se deja ganar por el Gigante de Sequals lo fusila en el mismo ring, escrito
está por Manolo Alcántara que yo no me invento nada”.
Cuando la trama se
cierra sobre nuestro protagonista y sus colaboradores más próximos, Areta se
siente igual de acorralado que Uzcudun en su segundo combate contra Primo
Carnero, (que tuvo el mismo resultado que el primero celebrado tres años antes
en Barcelona, perdió Uzcudun por puntos), no sólo se enfrenta a una joven promesa, sino a un púgil que le gana en
envergadura (más de 30 kgs más que él) y en altura (30 cm más).
Por vez primera, es Areta el que le da la réplica pugilística a “Rocky”:
“Rocky, una vez
leí una historia de boxeo. Contaba la pelea de un viejo boxeador, con más de
cien combates a la espalda y una joven promesa. El viejo boxeador había hecho
buenos combates en el pasado, pero ahora sus nudillos estaban rotos, sus cejas
eran de papel de fumar y sus arterias no tenían elasticidad. El tipo había
resistido más que nadie, no quedaba ni uno solo de sus antiguos compañeros. Su
rival no sólo era joven, sino bueno. Un boxeador rápido, inteligente, de pegada
seca y los pies tan ligeros que apenas pesaban la lona. La pelea era desigual,
el viejo boxeador sabía que iba a perder, pero tenía que luchar, tenía que
aguantar, lo hacía por él, ¿entiendes?. Por sobrevivir. Tengo que hacerlo
Rocky, tengo que hacerlo ya. - ¿Quién ganó el combate?- El joven. – Adiós campeón.”
La escena final,
tiene lugar, como no podía ser de otra manera, en Nochebuena, una fecha que tan
vinculada está al pasado de Areta.
En su particular
órdago al destino, y sintiendo que ya no tienen nada que perder, Germán Areta decide
enfrentarse a su particular Primo Carnero, Don Gregorio (encarnado nada menos
que por Arturo Fernández), y acude a su encuentro, en una tensa conversación en
la que Don Gregorio revela a Areta que los tiempos están cambiando: según él ya
no ha sitio en este país “nuevo” para la gente honrada, hay que subirse al
carro de los poderes ocultos que gobiernan el país y que manejan la política.
Nos quedamos con última frase que susurra Arturo Fernández a su oscuro jefe a través de un teléfono rojo: “Sí, soy yo. Areta acaba de salir, y tenías razón no es utilizable”.


















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