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martes, 2 de noviembre de 2010

FEDERICO & GIULIETTA


«Giulietta es mi intérprete ideal, mi inspiradora, una presencia mágica en mi trabajo», dijo el director.

«Miente: siempre me he abstenido de poner un pie en el plató en las películas en las que yo no trabajaba, porque mi presencia no le agradaba», dijo la actriz.

«Giulietta es mi Beatriz», dijo el director, enviándole a su consorte una sonrisa dulce e hipócrita.

La actriz replicó: «La verdad es que nos hemos dividido las tareas: Federico reina soberano en el plató, yo en casa. Pero siempre me ha hecho pagar la soberanía que ejercito dentro de los muros domésticos. Yo nunca me he gustado a mí misma: soy una liliputense, tengo la cara redonda, el pelo hirsuto. Desde que preparaba "La strada" soñaba con que Federico me diera el rostro de la Garbo o de Katherine Hepburn, pero en vez de eso me volvió la cara más redonda, y el cabello más hirsuto, y me empequeñeció todavía más. Hizo de mí una punk ante litteram».

«Te hice más seductora que Jean Harlow y Marilyn Monroe», dijo el director.

Y la actriz contestó: «Como ustedes saben, Federico ama a las mujeres monumentales, opulentas, fastuosas, pero yo, precisamente por ser diminuta y flaca, logré colarme entre aquellas estatuas vivientes escondida en los personajes de Gelsomina, Cabiria, Giulietta de los espíritus, Ginger, celebrando así mi venganza sobre él».

"Fellini, les cuento de mí." Conversaciones con Costanzo Costantini.

martes, 9 de octubre de 2007

RECUERDO




* Todo el mundo, al llegar a cierta edad, mantiene vívidos determinados recuerdos (sensaciones, olores, colores, sonidos, música, etc) que constituyen un resumen "a ráfagas" de toda una vida. Estos eran los de Marcello Mastroianni (1923 - 1996), que he transcrito para vosotros. Espero que los disfrutéis tanto como yo:


Recuerdo un gran níspero.

Recuerdo mi asombro y fascinación al contemplar los rascacielos de Nueva York desde Park Avenue, a la hora del crepúsculo.

Recuerdo la cazuelita de aluminio a la que le faltaba un asa y donde mi madre freía los huevos.

Recuerdo la voz de Rabagliati saliendo de un gran tocadiscos y cantando: "E tic e tac cos´è che batte è l´orologio del cuor".

Recuerdo a Clark Gable muy joven, en blanco y negro, de espaldas; luego se vuelve y sonríe... así. Un tunante irresistiblemente simpático. ¿Qué película era? Quizá "Sucedió una noche".

Recuerdo la carpintería de mi abuelo y de mi padre. Mi abuelo está haciendo una silla. ¡Recuerdo el olor de la madera, el olor de la madera!

Recuerdo los uniformes de los alemanes. Recuerdo a los refugiados.

Recuerdo que en una ocasión soñé que vivía en un dirigible. O quizás era una astronave.

Recuerdo a H.G.Welles, a Simenon, a Ray Bradbury.

Recuerdo las ilustraciones en color de La Domenica del Corriere. Y también Flash Gordon.

Recuerdo que Fellini me llamaba Snaporaz.

Recuerdo la primera vez que fui de campamento.

Recuerdo a Chéjov, en particular al capitán Solioni, que en "Las tres hermanas" dice: pío, pío, pío.

Recuerdo la primera vez que vi las montañas, y la nieve, y la emoción que sentí.

Recuerdo la música de Stardust Era antes de la guerra. Bailaba con una chica que llevaba un vestido floreado.


Recuerdo los caballos del viejo anuncio de cervezas Peroni.

Recuerdo perfectamente el sabor y el olor del cocido de garbanzos. Y recuerdo que la noche de Navidad se jugaba al bingo.

Recuerdo el terrible zumbido de los Liberators, los aviones norteamericanos del primer bombardeo sobre Roma.

Recuerdo la agilidad tan elegante de Fred Astaire.

Recuerdo la primera vez que el hombre pisó la luna al ralentí. Pero, ¿dónde estaba yo?

Recuerdo que fui por primera vez al cine en Turín. Vi "Ben Hur", con Ramón Novarro. Tenía seis años.

Recuerdo París, cuando nació mi hija Chiara.

Recuerdo las croquetas de arroz. Pero era imposible comprar todos los días, costamban cuarenta céntimos.

Recuerdo mi primer sombrero de hombre; era modelo Saratoga.

Recuerdo las películas cómicas de Charlot.

Recuerdo a mi hermano Ruggero.

Recuerdo que Cicerón nació en el año 106 A.C., es decir, 2.122 años antes que yo, pero a dos pasos de mi casa, en Arpino. Mi abuelo se sentía orgulloso de ello. "Vitam regit fortuna, non sapientia", me decía, citando a nuestro conciudadano. Luego dejaba escapar un suspiro y añadía: "Pues sí, la fortuna es la que dirige la vida, no la sabiduría."

Recuerdo una noche de verano con olor a lluvia.

Recuerdo las aventuras de Ulises: "Háblame, musa, de aquel varón de multiforme ingenio..."

Recuerdo a Classius Clay (llamado La Lengua) en Nueva York, enfrentándose a Frazer.

Recuerdo la espléndida cabeza cana del arquitecto Ridolfi, mi profesor de dibujo arquitectónico.

Recuerdo los primeros dibujos de mi hija Bárbara.

Recuerdo mi proyecto de elevar el Tíber construyendo debajo una carretera.

Recuerdo a Greta Garbo miándome los zapatos y diciendo: "¿Italian shoes?".

Recuerdo el primer cigarrillo que fumé. Estaba hecho, lo recuerdo perfectamente, con barbas de mazorcas.

Recuerdo las manos de mi tío Umberto, unas manos fuertes como tenazas, manos de escultor.

Recuerdo el silencio que se hizo en el restaurante Chez Maxim´s cuando apareció Gary Cooper vestido con un esmoquin blanco.

Recuerdo una pequeña estación y el ruido de los trenes. Recuerdo a la cajera del bar de la estación. La caja hacía: ¡clin,clin,clin,clin!¡cobrado!

Recuerdo a Marilyn Monroe.

El primer automóvil que tuve, lo recuerdo, era un Topolino modelo camioneta.

No sé por qué recuerdo esta estúpida retahíla: "¡Oh cuántas chicas guapas, Madame Doré, oh cuántas chicas guapas!"

Recuerdo las luciérnagas, que ya no se ven.

Recuerdo la nieve en la plaza Roja de Moscú.

Recuerdo un sueño en el que alguien me dice que me lleve los recuerdos de casa de mis padres.

Recuerdo un viaje en tren durante la guerra: el tren entraba en un túnel, se hace una gran oscuridad y, entonces, en el medio del silencio, una desconocida me besa en la boca.

Recuerdo a los kurdos masacrados en un éxodo bíblico; recuerdo que no debo olvidar la violencia de tantas imágenes absurdamente violentas.

Recuerdo también la sensación de silencio y de luz suspendidos sobre la ciudad de Jerusalén como un halo místico.

Recuerdo el deseo de ver qué será de este mundo, qué sucederá en el año 2.000, y de estar allí y recordarlo todo como un viejo elefante, sí, poque, lo recuerdo ¡siempre he sido muy curioso!

Y hasta receurdo cuando íbamos a cazar lagartijas. ¡Mi tirachinas!

Recuerdo mi primera noche de amor.

Sí, ya me acuerdo.

MARCELLO MASTROIANNI "Sí, ya me acuerdo. Memorias"


martes, 25 de septiembre de 2007

PEDANTERÍA



Pedante:Vimos la película de Fellini el martes pasado. No es una de las mejores. Le falta una estructura coherente, da la impresión de que no está totalmente seguro de lo que quiere decir. Yo siempre he dicho que era básicamente un director técnico. Por supuesto “La Strada” es una gran película, grande en su uso de imaginería negativa, más que nada…

Alvy:No puedo aguantar a ese tío, ese estúpido va a hacer que me de un ataque.

Annie Hall:Pues no le escuches…

Alvy: Sí, pero es que me está gritando sus opiniones al oído.

Pedante:….Como en “Julieta de los espíritus” o “El Satiricón”… lo encuentro increíblemente… indulgente.

Sí que lo es, es uno de los cineastas más indulgentes.

Alvy: La palabra clave es indulgente… Qué imbécil. ¿Por qué estás deprimida?

Annie Hall: He faltado a mi terapia. Me dormí.

Alvy: ¿Y cómo es que te dormiste?

Annie Hall: El despertador.

Alvy: ¿Sabes lo desagradable que todo eso me resulta?

Annie Hall: Lo sé, debido a nuestro problema sexual, ¿verdad?

Alvy: ¿Te parece bien que todos los de la cola se enteren de las veces que lo hacemos?

Pedante: Es como Samuel Beckett. Admiro su técnica, pero no me llega a las entrañas.

Woody Allen: Yo le sacaba a este tipo las entrañas.

Annie Hall: ¡No le hagas caso, Alvy!

Alvy: Es que me está salpicando en el cuello, me escupe en el cuello cuando habla.

Annie Hall: ¿Sabes una cosa? Eres tan egocéntrico, que si falto a mi terapia, sólo piensas en cómo puede afectarte eso a ti.

Pedante: Alérgico a las mujeres, eso es lo que es.

Alvy: Vaya rollo que le está soltando. Seguro que se han conocido por un anuncio en una revista de crítica literaria: “Académico de treinta años, le gustaría conocer a una mujer interesada en Mozart, James Joyce y sodomía.” ¿Qué quieres decir con nuestro problema sexual? Soy un tipo normal para haber crecido en Brooklyn.
Annie Hall: Está bien, lo siento mucho, es mi problema sexual. ¿Vale? Mi problema sexual.

Alvy: ¿De dónde es eso? No lo he leído… ¿Es de Henry James? ¿Una secuela de “Otra vuelta de tuerca”?

Pedante: Es una influencia de la televisión. Marshall McLuhan lo interpreta de manera que se trata de una gran intensidad, ¿comprendes? Un medio muy importante…

Alvy: Lo que yo daría por un calcetín bien grande lleno de estiércol de caballo…¿Qué se hace en la cola de un cine cuando te encuentras con un tío como éste detrás de ti?

Pedante: Un momento… ¿por qué no puedo dar mi opinión? Es un país libre.

Alvy: Sí, claro, puede dar su opinión, ¿pero por qué tiene que expresarla en voz tan alta? ¿No le da vergüenza pontificar así? ¿Qué sabe usted de Marshall McLuhan? Usted no sabe nada de Marshall McLuhan ni de sus obras.

Pedante: No me diga, ¿eh? Pues resulta que doy una clase en la Universidad de Columbia llamada “Televisión, Medios y Cultura”, así que considero que mis opiniones sobre Marshall McLuhan tienen gran validez.

Alvy: ¿Con que si, eh? Pues qué bien, porque que tengo aquí mismo al Sr. McLuhan. Así que a ver, permítame.. venga aquí un instante, venga.

M. McLuhan: He oído lo que decía. Usted no tiene ni idea de mi trabajo. En su boca mis ideas suenan a falacia. ¿Cómo da usted clase de algo que no entiende? Es para desternillarse.

Alvy: Amigos míos, si la vida siempre fuera así…

WOODY ALLEN “Annie Hall”

* Qué razón tiene Woody Allen, si fuera tan fácil dar un corte a determinados tipos de pedantería en la vida real… siempre me hizo mucha gracia esta escena. En los proximos dias colocare la cronica del Festival de Cine.

lunes, 11 de diciembre de 2006

ROMA Y FLORENCIA


Después de 11 días de viaje, ya estoy de vuelta a la realidad. Han sido unos días intensos, de no parar para aprovechar al máximo el tiempo. Afortunadamente seguí los consejos de memento, y no me dió el Síndrome de Stendhal, pero a punto estuvo un par de veces. Y es que Italia puede resultar realmente agotadora.


ROMA cumplió todas mis expectativas y mucho más. Resulta realmente apabullante la historia que se respira en cada una de sus calles. La primera tarde la empleamos en caminar cerca del Coliseo, paseamos cerca del Foro Romano (aunque era de noche y poco se veía), pasamos al lado de la Columna Trajana y el descomunal monumento a Vittorio Emanuelle II.

Ya sabéis que como cinéfila que soy una de mis paradas obligadas tenía que ser a la Fontana de Trevi (donde Anita Ekberg y Marcello Mastroiani se dan el célebre baño de "La dolce vita" de Fellini), y allí me planté - intentando esquivar a los poco disimulados carteristas que acechan a los incautos turistas- y tiré la monedita de rigor, aunque tengo por seguro que algún día volveré a Roma, ya que un día y medio no es suficiente para conocer La Ciudad Eterna. Completamos el paseo con el Templo de Adriano y llegamos hasta el espectacular Pantheon.




Qué os puedo decir de él, pone realmente los pelos de punta pensar que estás ante un templo romano de casi 2.000 años que se conserva en tan buen estado. En la actualidad es una iglesia que alberga las tumbas de varios reyes italianos (Vittorio Emanuele II entre otros) y del pintor Rafael. Su interior también es asombroso, ya que está coronado por una cúpula perfecta con una abertura que permite que entre la luz natural.

El siguiente día en Roma fue realmente agotador (más de 10 horas recorriendo la ciudad), empezamos con los Museos Vaticanos (deberían llamarlo los Tesoros Vaticanos, es increíble lo que la Iglesia ha acumulado a lo largo de los siglos), continuamos con San Pedro, el Castelo de Sant Angelo, Ara Pacis, Mausoleo de Augusto, Piazza Spagana, de nuevo el Pantheon, Piazza Navona y Campo de Fiori. La mañana en que marchamos a Florencia tuvimos tiempo de visitar el Coliseo por dentro - o debería decir, lo que queda de él- y vislumbrar el Foro desde el Monte Palatino. Como os he dicho habrá que regresar con más tiempo para verlo todo tranquilamente.


FLORENCIA.- Llegamos a Florencia aliviados por dejar atrás una gran ciudad como es Roma (en la que tienes que ir esquivando los coches continuamente), y dispuestos a conocer la cuna del Renacimiento. La sola visión del Duomo por la noche ya nos dejó sin habla, y es que las muchas fotografías que había visto en mi vida de la catedral de Florencia no le hacen justicia. La combinación del marmol blanco, rosa y verde es realmente imponente.


El centro se recorre tranquilamente, así que en pocos minutos llegamos a la Piazza de la Signoria, donde está - entre otras muchas estatuas- la copia del David de Miguel Angel, así como el Palacio Vecchio y la Galeria de los Uffizi.


Tuvimos la suerte de poder visitar la Galeria sin hacer ningún tipo de cola. Todo lo que había leído sobre la Galeria es poco, me hubiera quedado horas mirando clásicos como "El nacimiento de Venus" y la "Alegoria de la Primavera" de Botticeli, "La batalla de San Romano" de Uccello, la "Venus" de Urbino, descubriendo curiosos cuadros , y contemplando otros más familiares como el que Goya hizo de la triste Condesa de Chinchón.

Completamos la visita con el paseo por el Ponte Vecchio, el Palacio Pitti, la Iglesia de la Santa Croce y las increíbles vistas de la ciudad desde el Piazzale Michelangelo (gracias por la recomendación, Conde-Duque).

*Mañana sigo con el relato de mi viaje, no quiero aburriros de una vez, lo haré por entregas ;).

**Por cierto, hasta mañana no podré colgar aqui alguna foto de las que he sacado estos días, tampoco son muy buenas porque mi cámara no tiene un buen zoom y el flash me funcionaba fatal.

*** Para dar algo de envidia a los fans de Auster que hay por aquí ;), os diré que ayer me compré en la American Bookstore de Milán un ejemplar de "Travels in the Scriptorium", su última novela, que será publicada en España dentro de un mes. Cuando la termine os cuento qué tal.

jueves, 30 de marzo de 2006

L´AMORE


"L´amore" (1.948) película de Roberto Rossellini con guión de Federico Fellini es un dramón italiano total, protagonizado por Anna Magnani.

Se divide en dos cortometrajes independientes, el primero "La voz humana", está basado en un monólogo de Jean Cocteau y en él la Magnani aparece como una mujer abandonada por su amante, totalmente desesperada y colgada del teléfono cada vez que él le llama, intentando recuperar su amor perdido, aunque ya no tenga nada que hacer...



En la segunda parte, "El milagro" (basada en el relato "Flor de Santidad" de Valle Inclán), el propio Fellini aparece como un mendigo que se cree San José y que deja embarazada a una pastora (que está como una cabra), nuevamente la Magnani. En el pueblo nadie cree que esté embarazada del Santo y es rechazada por todos.




En fin, una película bastante dura e intensa, sobre todo la primera parte, no apta para ver en estados de desamor.
 
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