Llegamos a la recta final del análisis de
la Retrospectiva que el pasado Festival de Cine de San Sebastián dedicó a la
autora Lillian Hellman. Hoy hablamos de su (indirectamente) obra más polémica.
Se trata de “Julia” dirigida por Fred Zinnemann en 1.977.
La película se basó en el capítulo homónimo del tercer libro de memorias de Hellman, "Pentimento" que contiene esta equívoca declaración de intenciones sobre su relato:
“Creo que siempre sé lo que se refiere a mi memoria: sé cuándo puedo confiar en ella y cuándo algún sueño o fantasía entro en la vida, y el sueño, la necesidad del sueño, lleva a la distorsión de lo que sucedió. Así muy pronto supe que las iras turbulentas de una hija única, las pesadillas de la realidad, las distorsionaban. Pero creo categóricamente en lo que recuerdo respecto de Julia.”
El
productor Richard Roth se quedó prendado de este capítulo y consiguió convencer
a Hellman para llevar esta historia a la gran pantalla, para lo que contó con
el guionista Alvin Sargent. El 30 de junio de 1976, mientras la película
entraba en producción, Hellman escribió lo siguiente a Roth sobre el guión de
Sargent, que supervisaba personalmente:
"Esta no
es una obra de ficción y, por esa razón, se deben seguir ciertas leyes... Para
mí, su mayor dificultad es el tratamiento de Lillian como el personaje
principal. La razón es sencilla: sin importar lo que ella haga en esta historia
—y no niego el peligro en el que estuve cuando llevé el dinero a Alemania—, mi
papel fue pasivo. Y nada ni nadie puede cambiar eso a menos que escriban una
historia ficticia y diferente... ¿No es acaso necesario saber que soy judía?
Eso, por supuesto, fue lo que principalmente generó el peligro".
Para dirigirla, Roth contactó con Fred Zinnemann, que había vivido en Europa durante el ascenso del
nazismo, y que como refugiado judío-austríaco que había perdido a sus padres en
el Holocausto, se sintió inmediatamente atraído por la temática antifascista.
Ambientada a
finales de los años 30, la película narra la relación entre dos mujeres unidas
por una amistad inquebrantable desde la infancia: Lillian Hellman (Jane Fonda), una
dramaturga que lucha por encontrar su voz literaria en Nueva York, y Julia
(Vanessa Redgrave), una joven heredera que abandona su vida privilegiada para
mudarse a Europa y combatir el ascenso del fascismo.
La
trama se intensifica cuando Lillian, ya una escritora de éxito (y pareja de
Dashiel Hammet- Jason Robards), viaja a Rusia para una conferencia. En el
camino, es contactada por una red de la resistencia para cumplir una peligrosa
misión: cruzar la frontera de la Alemania nazi transportando fondos secretos
destinados a rescatar a prisioneros políticos. Este viaje no solo pone a prueba
el valor de Lillian ante el peligro real del Tercer Reich, sino que sirve como
el último y definitivo vínculo con su amiga Julia, quien se ha convertido en
una figura clave y perseguida de la oposición clandestina.
La película recibió a nada menos que 11 nominaciones a los premios Oscar, ganando el Oscar a Mejor Actor y Actriz de reparto, así cómo también de mejor Guión Adaptado Alvin Sargent, pero este éxito no estuvo exento de polémica desde su estreno.
En primer lugar la
nominación de Vanessa Redgrave, que se había significado como defensora de la causa palestina con su participación como
productora en el documental “El Palestino” (1.977), supuso que la
ceremonia de los Oscars 1978 fuera objeto de piquetes tanto por parte de la Liga
de Defensa Judía (JDL) como de contra manifestantes que ondeaban banderas de la
Organización para la Liberación de Palestina, lo que le llevó a decir lo
siguiente en el discurso de aceptación de su Oscar a Mejor Actriz de Reparto:
“Mis queridos
colegas, les agradezco muchísimo este tributo a mi trabajo. Creo que Jane Fonda
y yo hemos realizado el mejor trabajo de nuestras vidas, y creo que esto se
debió en parte a nuestro director Fred Zinnemann. Y también creo que es, en parte, porque creíamos y
creemos en lo que estábamos expresando: dos personas entre millones que dieron
sus vidas y estuvieron preparadas para sacrificarlo todo en la lucha contra la
Alemania nazi, fascista y racista.Y los saludo, y les rindo tributo, y
creo que deberían estar muy orgullosos de que en las últimas semanas se hayan
mantenido firmes y se hayan negado a ser intimidados por las amenazas de un
pequeño grupo de matones sionistas, cuyo comportamiento es un insulto a la
estatura de los judíos de todo el mundo y a su gran y heroico historial de
lucha contra el fascismo y la opresión.Saludo ese historial, y los
saludo a todos ustedes por haberse mantenido firmes y haber asestado un golpe
final contra aquel periodo en el que Nixon y McCarthy lanzaron una caza de
brujas mundial contra aquellos que intentaron expresar en sus vidas y en su
trabajo la verdad en la que creían . Los saludo, les agradezco y les
prometo que continuaré luchando contra el antisemitismo y el fascismo. Gracias.”
En segundo lugar porque a finales de 1979, el programa The Dick Cavett Show emitió una entrevista con la crítica y novelista estadounidense Mary MacCarthy. Cavett le pidió que mencionara a escritores sobrevalorados y, en su lista, figuraba la dramaturga estadounidense Lillian Hellman. La valoración que McCarthy hizo de Hellman fue: «Tremendamente sobrevalorada, una mala escritora y una escritora deshonesta». Y añadió: «Dije una vez en alguna entrevista que cada palabra que escribe es una mentira, incluyendo "y" y "el" ». Para sorpresa de Cavett y de la propia McCarthy, esta breve pero demoledora crítica pronto desencadenó una batalla legal que duraría el resto de la vida de Hellman. Ambas mujeres tenían posturas políticas muy marcadas que les enfrentaban desde hacía más de cincuenta años: Hellman mantenía posturas comunistas pro soviéticas, mientras que McCarthy era una liberal antiestalinista.
El 15 de febrero de 1980, apenas unas semanas después de la emisión del episodio de Cavett, Lillian Hellman demandó por difamación a Mary McCarthy, a Dick Cavett, y al productor y la emisora de The Dick Cavett Show por 2,25 millones de dólares. Argumentaba que los comentarios de McCarthy le habían causado daños psicológicos y profesionales, y que deberían haber sido eliminados de la entrevista antes de su emisión. La batalla legal fue agotadora y puso bajo el microscopio cada párrafo escrito por Hellman en sus memorias, cuestionando su veracidad. El juicio nunca llegó a celebrarse. En junio de 1984, Hellman murió de un paro cardíaco. Bajo la ley de Nueva York, una demanda por difamación no sobrevive al fallecimiento del demandante.
Quizás el único desacierto del filme, fue
venderlo como un relato puramente autobiográfico. Es muy posible que Hellman,
condenada al ostracismo durante años de MacCarthysmo, “adornara” su autobiografía
con el objeto de volver a una primera plana, como así sucedió.
Como anécdota final y como ejemplo de solidaridad femenina, en contrapunto a la rivalidad Hellman-MacCarthy, Meryl Streep debutó para la gran pantalla con un pequeño papel en la película, y así recordaba en 2014, en la entrega del Premio del American Film Institute a toda su carrera cómo le había ayudado Jane Fonda en aquellos momentos:
"Hace
casi 40 años, me rodeaste con tu brazo y, como una hermana mayor, me guiaste
hacia la creación cinematográfica. Fui una debutante tardía, tenía 28 años,
acababa de salir de la escuela de arte dramático y conseguí mi primera
película. Era “Julia”, de Fred Zinnemann, y estaba muy nerviosa porque todas
mis escenas iban a ser contigo. Primer día, yo estaba muy nerviosa; y
finalmente me llamaron al set y conocí a Jane Fonda por primera vez. Tenía una
fiereza en alerta, como una brillante atención azul a todo lo que la rodeaba
que era completamente intimidante y me hacía sentir como si yo fuera un bulto y
de Nueva Jersey... que lo soy. Pero ensayamos una vez y luego simplemente
empezamos a rodar; y fue genial. No hice exactamente lo mismo que había hecho
en el ensayo en la primera toma, pero en la segunda toma pensé: 'Bueno,
intentaré algo distinto, me siento viva, me siento realmente bien aquí'. Y Jane
me dijo: 'Mira hacia abajo'. Y yo dije: '¿Qué?'. Ella dijo: 'Allí. Esa cinta
verde en el suelo. Esa eres tú. Esa es tu marca'. 'Y si aterrizas en ella,
estarás en la luz y estarás en la película'. Y me dije: 'Amo a esta mujer'".












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