“El crack cero”, la
película que cierra la trilogía del investigador Germán Areta, es a su vez
precuela de sus dos antecesoras.
Rodada en blanco y negro
y ambientada en los estertores del Franquismo (principios de Noviembre de 1975),
en su comienzo podemos ver a un joven detective Germán Areta, recién
desvinculado de la Brigada Criminal, que recibe de una misteriosa mujer,
Remedios Hernández, el encargo de investigar el sospechoso suicidio de su
amante, el famoso modisto Narciso Benavides.
Para desentrañar este misterio
contará con su ayudante “El Moro”, un antiguo delincuente: “Cuando le preguntas
a alguien por un muerto, lo importante no es lo que te diga, sino lo que no te
diga.”
Carlos Santos recoge con
dignidad el difícil testigo del personaje carismático de Alfredo Landa, y
Miguel Angel Muñoz sustituye a Miguel Rellán como su castizo “Watson”.
Las partidas de
mus, el boxeo, Madrid, la música de Jesús
Gluck (fallecido un año anterior su estreno), el homenaje a la novela negra
(con la dedicatoria a James M.Cain, autor de “El
cartero siempre llama dos veces” así como de la novela corta “Pacto de sangre” en
la que se basó el guión de “Perdición” de Billy Wilder), toda la película termina
por ser un autohomenaje a las otras dos de la trilogía, incluyendo la tragedia
navideña de rigor para Germán Areta, un clásico de la saga.
GARCI: Y de mis películas, entre las que no hay ninguna
genial, la que más me gustaría volver a ver es El crack cero.
¿Qué es lo que
más aprecias de ella?
GARCI: Sin haberlo conseguido, es donde creo que más me he acercado
a algo en lo que he pensado desde que tenía veinte años y veía las películas de
Howard Hawks. Esa sensación de que no pasaba nada, de naturalidad. «Hay una
visita». «Que pase». «Siéntese, ¿quiere tomar algo?». No sé, salió como yo
pensaba que debía ser, con una gran sencillez y naturalidad. Mis otras
películas pueden tener escenas importantes y cuidadas, pero en esta todo salió
más sencillo.
Entrevista a Jose Luis Garci en Platino Educapor Luis Caballero. 2.023.
¿Quién
dijo aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”? Bajo misma premisa, el
homenaje “castizo” a la novela y al cine negro policiaco americano (no en vano la
película está dedicada a Raymond Chandler), Jose Luis Garci, repitiendo a
Horacio Valcárcel como coguionista, se embarcó en “El crack dos” (1.983), un
año después de haber logrado el Oscar a Mejor Película Extranjera por “Volver a
empezar.”
Garci: “Era la que más le gustaba a
Alfredo Landa. Años después de haber hecho las dos primeras, él seguía diciendo
que la película que más le gustaba de todas las que había hecho, donde él
estaba mejor como actor, era “El crack dos”. Yo se lo discutía, porque
siempre he creído que donde mejor está es en “Los santos inocentes”.
Pero él decía que no, que eso de tirarse al suelo y rastrear como un perro era
bonito pero lo hacía cualquiera. Sin embargo, sacar esa parte oscura que
tenemos todos… Él creía que ese lado negro de sí mismo solo se había recogido
en “El crack dos”, y por eso era la que más le gustaba. Yo, por mi
parte, creo que en “Luz de domingo” está mejor que en ninguna
otra de las que hicimos juntos. Ahí tiene momentos espléndidos, a lo Jean
Gabin.”
Entrevista a Jose Luis Garci en Platino Educa por Luis Caballero. 2.023.
En esta secuela,
el detective Germán Areta se ve envuelto, por medio de su antiguo Comisario “El
Abuelo”, en un caso aparentemente rutinario (o no tanto, dado que se trata de
una pareja de hombres) de abandono de hogar, que rápidamente deriva en una
oscura y compleja trama de conspiraciones farmacéuticas.
Mientras recupera a “El Moro” (Miguel Rellán) como colaborador en la investigación, sueña con irse de vacaciones a Italia con su novia Carmen, pero el nuevo caso alterará la vida de todos, y es que como le dice su pareja: “Cuando alguien se pasa la vida buscando cosas para los demás, a lo mejor es que no quiere saber nada de lo suyo”.
La película mantiene
los elementos tan característicos de su precedente: el costumbrismo (la partida
de mus inicial), las escenas violentas pre-cine kinki (el encuentro de Areta y
su amigo el barbero “Rocky” con unos yonkis en un parking), los paseos por
Madrid (Gran Vía, Tirso de Molina, el Templo de Debod, el Río Manzanares), las
referencias cinematográficas norteamericanas (“La jungla de asfalto” de John
Huston y “Un extraño en mi vida” de Richard Quine), pero es con el boxeo donde
Garci encaja la metáfora final del momento por el que está pasando Areta en su
enfrentamiento con poderes desconocidos.
En determinado
momento su amigo Rocky (que a pasado a ser barbero a domicilio, por el cierre del
Frontón Madrid en 1982), le dice ante su inminente viaje a Italia: “He oído
que te vas a Italia, ¿es cierto? – Sí- Me alegro, sobre todo por Carmen, lo que
pasa que en Italia está Roma. – Hombre, si tú lo dices- Y en Roma un lugar
nefasto llamado Piazza di Siena, y allí el día 22 de Octubre de 1.933, en presencia
de Mussolini – Ya, Primo Carnera le ganó a Uzcudun- Exacto, a nuestro gran
Paulino Uzcudun, el Mutil de Regil, ¿te das cuenta? Y estoy seguro de que hubo “manejo”.
- ¿Cómo lo sabes? – Pues ya me dirás, ¿Quién mandaba allí? ¡El Ducce! Si Uzcudun
no se deja ganar por el Gigante de Sequals lo fusila en el mismo ring, escrito
está por Manolo Alcántara que yo no me invento nada”.
Paulino Uzcudun vs. Primo Carnera
(Barcelona 30 Noviembre 1.930)
Cuando la trama se
cierra sobre nuestro protagonista y sus colaboradores más próximos, Areta se
siente igual de acorralado que Uzcudun en su segundo combate contra Primo
Carnero, (que tuvo el mismo resultado que el primero celebrado tres años antes
en Barcelona, perdió Uzcudun por puntos), no sólo se enfrenta a una joven promesa, sino a un púgil que le gana en
envergadura (más de 30 kgs más que él) y en altura (30 cm más).
Por vez primera,
es Areta el que le da la réplica pugilística a “Rocky”:
“Rocky, una vez
leí una historia de boxeo. Contaba la pelea de un viejo boxeador, con más de
cien combates a la espalda y una joven promesa. El viejo boxeador había hecho
buenos combates en el pasado, pero ahora sus nudillos estaban rotos, sus cejas
eran de papel de fumar y sus arterias no tenían elasticidad. El tipo había
resistido más que nadie, no quedaba ni uno solo de sus antiguos compañeros. Su
rival no sólo era joven, sino bueno. Un boxeador rápido, inteligente, de pegada
seca y los pies tan ligeros que apenas pesaban la lona. La pelea era desigual,
el viejo boxeador sabía que iba a perder, pero tenía que luchar, tenía que
aguantar, lo hacía por él, ¿entiendes?. Por sobrevivir. Tengo que hacerlo
Rocky, tengo que hacerlo ya. - ¿Quién ganó el combate?- El joven. – Adiós campeón.”
La escena final,
tiene lugar, como no podía ser de otra manera, en Nochebuena, una fecha que tan
vinculada está al pasado de Areta.
En su particular
órdago al destino, y sintiendo que ya no tienen nada que perder, Germán Areta decide
enfrentarse a su particular Primo Carnero, Don Gregorio (encarnado nada menos
que por Arturo Fernández), y acude a su encuentro, en una tensa conversación en
la que Don Gregorio revela a Areta que los tiempos están cambiando: según él ya
no ha sitio en este país “nuevo” para la gente honrada, hay que subirse al
carro de los poderes ocultos que gobiernan el país y que manejan la política.
Nos quedamos con última
frase que susurra Arturo Fernández a su oscuro jefe a través de un teléfono
rojo: “Sí, soy yo. Areta acaba de salir, y tenías razón no es utilizable”.
La semana pasada vi “El
Crack” de Jose Luis Garci y, aunque tenía el lejano recuerdo de haberla
visto alguna vez por televisión, para mi fue como verla por primera vez.
La película comienza con una dedicatoria a Dashell Hammet que es toda una declaración de
intenciones, el particular homenaje de Garci a la novela de detectives y al
cine negro norteamericano:
“A mí me gustaban mucho las
películas policíacas (antes, cuando yo era joven, no se decía “cine negro”
ni film noir ni nada de eso, se decía “películas
policíacas”). Luego, cuando empezamos a leer, descubrimos las portadas
amarillas de la literatura francesa y también el cine americano, que empezó a
cambiar haciendo películas más oscuras y héroes diferentes; más indefensos y a
la vez más solitarios y desencantados. Todo era más negro en todos los
aspectos, empezando por la iluminación. Claro, el cine negro viene del
expresionismo alemán, donde la luz es tan distinta que ya no ilumina por
completo las caras de las mujeres sino una parte nada más, otorgando un brillo
especial a los ojos, a las bocas. Yo era un enamorado de ese cine y por eso
quise hacerlo. Por eso hice El crack, que se llama
así por el crujido, “crack”. Y bueno, Alfredo Landa y yo hablamos mucho y
estábamos muy de acuerdo en todo, y Germán Areta, el protagonista, es un guiño
al propio Alfredo, que es Areta de segundo apellido. “
Jose Luis Garci, entrevista de
Maria José Solano publicada en Zenda Libros.
Desde la mítica primera escena,
tan mítica que se dice -algo no confirmado- que inspiró a Quentin Tarantino la
escena inicial del atraco de “Pulp Fiction” (1.994) y su no menos mítica frase “ Vareta, dame el
mechero o te quemo los huevos" Garci nos presenta a
German Areta, también apodado “El piojo”, un ex policía reconvertido en
detective privado que vive bajo sus propias reglas y define su profesión con
pocas palabras: «Mi trabajo
es como otro cualquiera: duermo poco, ando mucho, y lo que veo no me gusta…».
Germán Areta anda, y mucho, por un Madrid (el de mi
infancia) que ya no existe. De fondo, como un personaje más, vemos desfilar los
numerosos cines de la Gran Vía, Galerías Preciados, el Frontón Madrid (que
cerró en 1982) y el restaurante de Torres Blancas.
Un empresario de Ponferrada acude a Areta para que
localice a su hija Isabel que lleva dos años desaparecida. El avance de la investigación
molestará a gente de mucho poder que no dudarán en hostigarle y atacarle
personalmente para que no llegue hasta el final.
A pesar del
homenaje al cine negro norteamericano, y a de su protagonista a Nueva
York incluido, nos encontramos con un detective que no trabaja en solitario
(sino con su ayudante apodado “El Moro”, interpretado por Miguel Rellán) y
tampoco pierde los papeles por una femme fatale, sino que corteja pacientemente
a una madre soltera, Carmen y establece una bonita relación paternofilial con su pequeña hija Maite.
Alfredo Landa encontró en Germán Areta un personaje
con el que desmarcarse definitivamente del “Landismo” y sería uno de sus
personajes más recordados junto con el Paco de “Los Santos Inocentes” (1.984)
que le llevaría a ganar el premio de mejor interpretación masculina en el Festival
de Cannes, junto con Paco Rabal.
Os dejo con las imágenes de Landa paseando por Nueva
York, como curiosidad diremos que Garci rodó estas escenas exteriores - en la Quinta Avenida, el Aeropuerto JFK, puente de Brooklyn etc...- sin ningún tipo de permiso de rodaje:
Cincuenta años después de su
rodaje, Felipe Cabrerizo, Carlos F. Heredero y Santiago Aguilar diseccionan la poliédrica obra de Jaime
Chávarri sobre la familia Panero, “El desencanto” (1.976) en un libro
publicado por el Festival de Cine Español de Málaga, la Filmoteca Española y
DAMA (Derechos de Autor de Medios Audiovisuales), en colaboración con Caimán
Cuadernos de Cine y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Pasando por su genésis (el productor
Elías Querejeta consiguió embarcar en el proyecto a Jaime Chávarri, casi contra
su voluntad) y su rodaje lleno de vicisitudes – su concepción como largometraje
cuando inicialmente se pensaba en que fuera cortometraje, la huidiza figura de
Leopoldo María Panero que finalmente se torna en protagonista absoluto del
filme- y su frustrado estreno en el Festival de Cine de San Sebastián de 1976,
el libro analiza, apoyado en un extensa documentación, lo que supuso esta
película para la convulsa España de la Transición y en la vida de sus protagonistas, y se completa con una extensa entrevista
de Carlos F. Heredero a su director Jaime Chávarri.
Sobre “El desencanto” y sobre la
familia Panero se ha escrito mucho, pero hasta ahora nada tan completo como esta
obra, que refleja la complejidad de este documental que supuso una revolución
de este género en España (como había sucedido con “Grey Gardens” en USA el año anterior).
Nos encontramos ante una obra que
supone un complemento imprescindible para el visionado de “El desencanto” y de
su secuela “Después de tanto tiempo” (1.994) de Ricardo Franco.
La última película de la
Retrospectiva dedicada en la 73 edición del Festival de Cine de San Sebastián a
Lillian Hellman, no fue una película guionizada por ella o la adaptación de una
de sus obras teatrales, sino “Dash and Lilly”, el telefilme
autobiográfico que le dedicó la actriz y directora Kathy Bates a la pareja
formada por Hellman y Dashiell Hammet en 1.999.
Protagonizada por Judy
Davis, como Lillian Hellman, y Sam Shepard, como Dashiell Hammet, supuso el
debut como directora de Kathy Bates:
“Tuve la suerte de
convencer a Judy Davis y Sam Shepard para que interpretaran los papeles
principales. Ni la señorita Davis ni el señor Shepard soportan fácilmente a los
necios, y fue precisamente esa cualidad, entre otras que compartían con Hellman
y Hammett, lo que dotó a sus interpretaciones de una agudeza y autenticidad
especiales. Tanto Judy como Sam estaban muy bien preparados; ambos habían leído
biografías sobre sus personajes y se preocupaban profundamente por lo que
estaba a punto de suceder. Teníamos unas 60 localizaciones en 25 días;
estábamos rodando tres décadas diferentes en cuatro ciudades distintas. Les
preocupaba la rapidez del rodaje, pero se dejaron la piel trabajando; de verdad
lo hicieron.”
Por su parte, Sam Shepard
recordaba el rodaje en una entrevistacondecida a Los Angeles Times en 1999 de la
siguiente manera:
“Fue fantástico. Pude
trabajar con Judy Davis y [la directora] Kathy Bates, y ambas fueron
extraordinarias. Una vez más, fue una situación de rodaje de emergencia.
Filmamos todo en 20 días, pero así es como se hacen estas cosas. ¡En mi vida me
había cambiado de vestuario tantas veces en una sola película! Cuatro bigotes
diferentes, distintos grados de canas... fue increíble. Pero hay algo positivo
en hacer las cosas bajo presión. Tienes que dar la talla. A veces es bueno que
te pongan contra la pared.”
La película se basa en la
tumultuosa vida en común de los escritores Dashiell Hammett y Lillian Hellman a
lo largo de más de treinta años y resulta una semblanza más completa que la
recogida en “Julia” de Fred Zinnemman.
Desde los años 30 vemos a
una pareja unida en su creatividad y compromiso político y desunida por su
alcoholismo y constantes infidelidades mutuas.
Merecen mención especial Bebe Neuwirth, que interpreta a Dorothy Parker
(de cuya peculiar amistad con Hellman hablamos hace poco) y la parte de la película
relativa a la comparecencia de Lillian Hellman ante la HUAC (Comisión de
Actividades Antiamericanas).
Si bien fue un largometraje destinado directamente
al circuito televisivo, la recepción fue muy buena, todas las críticas alababan
el acierto de casting tanto para los roles principales como para los
secundarios y la habilidad de Bates para dirigir en su primer proyecto largo, llegando a recibir 9 nominaciones a los Premios Emmy.
Llegamos a la recta final del análisis de
la Retrospectiva que el pasado Festival de Cine de San Sebastián dedicó a la
autora Lillian Hellman. Hoy hablamos de su (indirectamente) obra más polémica.
Se trata de “Julia” dirigida por Fred Zinnemann en 1.977.
La
película se basó en el capítulo homónimo del tercer libro de memorias de
Hellman, "Pentimento"que contiene esta equívoca declaración de intenciones sobre su relato:
“Creo
que siempre sé lo que se refiere a mi memoria: sé cuándo puedo confiar en ella
y cuándo algún sueño o fantasía entro en la vida, y el sueño, la necesidad del
sueño, lleva a la distorsión de lo que sucedió. Así muy pronto supe que las
iras turbulentas de una hija única, las pesadillas de la realidad, las
distorsionaban. Pero creo categóricamente en lo que recuerdo respecto de
Julia.”
El
productor Richard Roth se quedó prendado de este capítulo y consiguió convencer
a Hellman para llevar esta historia a la gran pantalla, para lo que contó con
el guionista Alvin Sargent. El 30 de junio de 1976, mientras la película
entraba en producción, Hellman escribió lo siguiente a Roth sobre el guión de
Sargent, que supervisaba personalmente:
"Esta no
es una obra de ficción y, por esa razón, se deben seguir ciertas leyes... Para
mí, su mayor dificultad es el tratamiento de Lillian como el personaje
principal. La razón es sencilla: sin importar lo que ella haga en esta historia
—y no niego el peligro en el que estuve cuando llevé el dinero a Alemania—, mi
papel fue pasivo. Y nada ni nadie puede cambiar eso a menos que escriban una
historia ficticia y diferente... ¿No es acaso necesario saber que soy judía?
Eso, por supuesto, fue lo que principalmente generó el peligro".
Para dirigirla, Roth contactó con Fred Zinnemann, que había vivido en Europa durante el ascenso del
nazismo, y que como refugiado judío-austríaco que había perdido a sus padres en
el Holocausto, se sintió inmediatamente atraído por la temática antifascista.
Ambientada a
finales de los años 30, la película narra la relación entre dos mujeres unidas
por una amistad inquebrantable desde la infancia: Lillian Hellman (Jane Fonda), una
dramaturga que lucha por encontrar su voz literaria en Nueva York, y Julia
(Vanessa Redgrave), una joven heredera que abandona su vida privilegiada para
mudarse a Europa y combatir el ascenso del fascismo.
La
trama se intensifica cuando Lillian, ya una escritora de éxito (y pareja de
Dashiel Hammet- Jason Robards), viaja a Rusia para una conferencia. En el
camino, es contactada por una red de la resistencia para cumplir una peligrosa
misión: cruzar la frontera de la Alemania nazi transportando fondos secretos
destinados a rescatar a prisioneros políticos. Este viaje no solo pone a prueba
el valor de Lillian ante el peligro real del Tercer Reich, sino que sirve como
el último y definitivo vínculo con su amiga Julia, quien se ha convertido en
una figura clave y perseguida de la oposición clandestina.
La película recibió
a nada menos que 11 nominaciones a los premios Oscar, ganando el Oscar a Mejor Actor
y Actriz de reparto, así cómo también de mejor Guión Adaptado Alvin Sargent, pero
este éxito no estuvo exento de polémica desde su estreno.
En primer lugar la
nominación de Vanessa Redgrave, que se había significado como defensora de la causa palestina con su participación como
productora en el documental “El Palestino” (1.977), supuso que la
ceremonia de los Oscars 1978 fuera objeto de piquetes tanto por parte de la Liga
de Defensa Judía (JDL) como de contra manifestantes que ondeaban banderas de la
Organización para la Liberación de Palestina, lo que le llevó a decir lo
siguiente en el discurso de aceptación de su Oscar a Mejor Actriz de Reparto:
“Mis queridos
colegas, les agradezco muchísimo este tributo a mi trabajo. Creo que Jane Fonda
y yo hemos realizado el mejor trabajo de nuestras vidas, y creo que esto se
debió en parte a nuestro director Fred Zinnemann. Y también creo que es, en parte, porque creíamos y
creemos en lo que estábamos expresando: dos personas entre millones que dieron
sus vidas y estuvieron preparadas para sacrificarlo todo en la lucha contra la
Alemania nazi, fascista y racista.Y los saludo, y les rindo tributo, y
creo que deberían estar muy orgullosos de que en las últimas semanas se hayan
mantenido firmes y se hayan negado a ser intimidados por las amenazas de un
pequeño grupo de matones sionistas, cuyo comportamiento es un insulto a la
estatura de los judíos de todo el mundo y a su gran y heroico historial de
lucha contra el fascismo y la opresión.Saludo ese historial, y los
saludo a todos ustedes por haberse mantenido firmes y haber asestado un golpe
final contra aquel periodo en el que Nixon y McCarthy lanzaron una caza de
brujas mundial contra aquellos que intentaron expresar en sus vidas y en su
trabajo la verdad en la que creían .Los saludo, les agradezco y les
prometo que continuaré luchando contra el antisemitismo y el fascismo. Gracias.”
En segundo lugar
porque a finales de 1979, el programa The Dick Cavett Show emitió una
entrevista con la crítica y novelista estadounidense Mary MacCarthy. Cavett le pidió que mencionara a escritores sobrevalorados y,
en su lista, figuraba la dramaturga estadounidense Lillian Hellman.
La valoración que McCarthy hizo de Hellman fue: «Tremendamente sobrevalorada,
una mala escritora y una escritora deshonesta». Y añadió: «Dije una vez en
alguna entrevista que cada palabra que escribe es una mentira, incluyendo
"y" y "el" ». Para sorpresa de Cavett y de la propia
McCarthy, esta breve pero demoledora crítica pronto desencadenó una batalla
legal que duraría el resto de la vida de Hellman. Ambas mujeres tenían posturas
políticas muy marcadas que les enfrentaban desde hacía más de cincuenta años:
Hellman mantenía posturas comunistas pro soviéticas, mientras que McCarthy era
una liberal antiestalinista.
El 15 de febrero de 1980, apenas
unas semanas después de la emisión del episodio de Cavett, Lillian Hellman
demandó por difamación a Mary McCarthy, a Dick Cavett, y al productor y la
emisora de The Dick Cavett Show por 2,25 millones de dólares. Argumentaba
que los comentarios de McCarthy le habían causado daños psicológicos y
profesionales, y que deberían haber sido eliminados de la entrevista antes de
su emisión. La batalla legal fue agotadora y puso bajo el microscopio cada
párrafo escrito por Hellman en sus memorias, cuestionando su veracidad. El
juicio nunca llegó a celebrarse. En junio de 1984, Hellman murió de un paro
cardíaco. Bajo
la ley de Nueva York, una demanda por difamación no sobrevive al fallecimiento
del demandante.
La reacción de McCarthy al
enterarse no tuvo desperdicio: "No quería que muriera. Quería que
perdiera en los tribunales".
Quizás el único desacierto del filme, fue
venderlo como un relato puramente autobiográfico. Es muy posible que Hellman,
condenada al ostracismo durante años de MacCarthysmo, “adornara” su autobiografía
con el objeto de volver a una primera plana, como así sucedió.
Como
anécdota final y como ejemplo de solidaridad femenina, en contrapunto a la
rivalidad Hellman-MacCarthy, Meryl Streep debutó para la gran pantalla con un
pequeño papel en la película, y así recordaba en 2014, en la entrega del Premio
del American Film Institute a toda su carrera cómo le había ayudado Jane Fonda
en aquellos momentos:
"Hace
casi 40 años, me rodeaste con tu brazo y, como una hermana mayor, me guiaste
hacia la creación cinematográfica. Fui una debutante tardía, tenía 28 años,
acababa de salir de la escuela de arte dramático y conseguí mi primera
película. Era “Julia”, de Fred Zinnemann, y estaba muy nerviosa porque todas
mis escenas iban a ser contigo. Primer día, yo estaba muy nerviosa; y
finalmente me llamaron al set y conocí a Jane Fonda por primera vez. Tenía una
fiereza en alerta, como una brillante atención azul a todo lo que la rodeaba
que era completamente intimidante y me hacía sentir como si yo fuera un bulto y
de Nueva Jersey... que lo soy. Pero ensayamos una vez y luego simplemente
empezamos a rodar; y fue genial. No hice exactamente lo mismo que había hecho
en el ensayo en la primera toma, pero en la segunda toma pensé: 'Bueno,
intentaré algo distinto, me siento viva, me siento realmente bien aquí'. Y Jane
me dijo: 'Mira hacia abajo'. Y yo dije: '¿Qué?'. Ella dijo: 'Allí. Esa cinta
verde en el suelo. Esa eres tú. Esa es tu marca'. 'Y si aterrizas en ella,
estarás en la luz y estarás en la película'. Y me dije: 'Amo a esta mujer'".
La
penúltima obra de teatro de Lillian Hellman, “Toys in the attic/Cariño
amargo”, escrita en 1959, es claramente autobiográfica, Hellman no podía
escapar de la influencia que sus raíces sureñas tuvo en su vida y en su obra,
de las que habló en una entrevista que dio en 1960 para la BBC:
BBC:¿Cómo de profundas son sus raíces en el Sur?
LH: Supongo
que muy profundas, porque sigo volviendo a él. Sólo me crié en parte ahí, también
crecí en el Norte. El Sur es un lugar interesante porque ha producido, como
usted sabe, un grupo de escritores muy interesantes en la última o dos últimas
generaciones (Faulkner, Welty, McCullers, Tennessee Williams). No sé porqué antes
no hubo tantos escritores, estaba aún sin florecer. Quizás la Guerra Civil hirió tan profundamente y mató tanto en el Sur,
que mató a los escritores del Siglo XIX y de comienzo del XX, y entonces hubo un gran florecimiento de escritores en el Sur. Es un lugar más bien excéntrico, probablemente el único lugar
excéntrico que queda en Estados Unidos. La gente está más aislada, los pueblos
son más pequeños, la gente se conoce mejor, tienen raíces más extrañas y
profundas, y al final, mejor material para una obra.
Como indica en la entrevista, Hellman nació el 20 de junio de 1905 en Nueva Orleans y cuando
tenía cinco años, su familia se mudó a Nueva York, comenzando así la crianza peculiar
que marcaría sus primeros años, viajando entre Nueva Orleans (donde era acogida
en la casa de sus tías paternas) y Nueva York, pasando medio año en cada una de
las ciudades hasta los dieciséis años y asistiendo a escuelas en ambas
ciudades. No obstante, Hellman se definió siempre como sureña, ya que ambas ramas
de su familia estaban enraizadas en el Sur desde generaciones atrás.
El tiempo que
Hellman pasó en Nueva Orleans le marcó para el resto de su vida, en su
biografía “Una mujer inacabada” llego a decir: "Regresamos a Nueva
Orleans el año siguiente y los años posteriores hasta que cumplí dieciséis, y
siempre fueron los mejores momentos de mi vida".
La obra se estrenó en
el Teatro Hudson de Broadway y duró 456 representaciones
en el cartel, y fue dirigida por Arthur Penn (que en 1966 llevaría a la
pantalla “La Jauría Humana” con guión de Hellman) , que no guardaba buen
recuerdo de la presencia de Hellman en los ensayos: "Los actores le tenían
miedo a Lillian. Era muy criticona". La dramaturga se sentaba en el teatro
a oscuras, tosiendo cada vez que desaprobaba algo. Penn finalmente le dijo:
"Vete a casa y despídenos a todos si no te gusta. Pero no te quedes ahí
sentada tosiendo. Les das un miedo de muerte".
La
adaptación cinematográfica de la obra teatral de Hellman fue dirgida en 1.963
por George Roy Hill, con guión de James Poe.
La
elección de Dean Martin para el papel principal protagonista masculino no fue
bien recibida por la crítica, lastrado por su faceta cómica, se pensaba que Martin
sería incapaz de dar a su papel de Julian el dramatismo necesario, el mismo que
le había valido a Jason Robards para ganar un premio Tony por la interpretación
teatral.
Precisamente
el personaje de Dean Martin, Julian Beniers, está basado en el padre de
Hellman, Max, quien era adorado por sus dos hermanas y se convirtió en un
exitoso vendedor después de que su primer negocio fracasara.
El
encantador Julian Berniers (Dean Martin) ha sido, durante toda su vida, el
centro de las atenciones de sus dos hermanas solteronas, Anna (Wendy Hiller) y
Carrie (Geraldine Page), la hermana mayor dominante que tiene una obsesión
enfermiza, casi incestuosa, con su hermano.
Cuando Julian
regresa a la casa familiar en Nueva Orleans con su joven y reciente esposa Lily
Prine (Yvette Mimieux), sus hermanas reciben a ambos con cierto escepticismo y
enorme sorpresa al conocer que ha hecho una enorme fortuna de una manera poco
clara. Gene Tierney interpreta a
Albertine, madre de Lily, que mantiene una escandalosa (para la época) relación
con su chófer, un hombre de color.
La
crítica (y también el público) recibieron de manera desigual este filme,
considerando que en su adaptación había perdido parte de la esencia de su obra
original, a modo de ejemplo dejamos aquí la crítica de Variety: “Toys in
the Attic es una versión un tanto descafeinada de la obra de Lillian
Hellman, pero se ha conservado suficiente de la salvajez emocional original
como para satisfacer a quienes prefieren su carne melodramática cruda y
correosa. Toys in the attic está
ambientada en el Profundo Sur y generosamente atiborrada de una carga tan
"enferma" como el incesto, el adulterio, la imbecilidad, la lujuria y
algunas otras populares "delicias" del folclore local.”
Seguimos con la revisión
de la Retrospectiva dedicada en el pasado Festival de Cine de San Sebastián a
la autora teatral y guionista Lillian Hellman. Hoy hablaremos del único guión
en el que Hellman fue acreditada oficialmente después de su comparecencia ante
la HUAC del Senador McCarthy (llamada) en 1952.
Se trata de “La Jauría
Humana/The Chase”, adaptación de la obra de teatro y novela de Horton Foote,
dirigida en 1966 por Arthur Penn.
La acción se sitúa
en un pequeño pueblo del condado de Tarl (Texas), donde el banquero Val Rogers
ejerce una gran influencia, la noche en que llega la noticia de que Bubber
Reeves (un joven Robert Redford) ha escapado de prisión.
El sheriff Calder
(interpretado por Marlon Brando) espera el regreso de Reeves a su pueblo natal
con inquietud. También inquieta, por otras razones, le espera su esposa Anna (Jane
Fonda) que mantiene un romance con Jake, el mejor amigo de Bubber e hijo de Val
Rogers.
Bajo el bochorno
de una noche de verano en Texas, el sudor y el alcohol actúan como mecha para
un pueblo que espera cualquier pretexto para estallar en una violencia
colectiva e imparable.
La película recuerda
por momentos la atmósfera asfixiante de “Río Bravo”. Si en “Río Bravo” el
John T.Chance (John Wayne) es un héroe que resiste un asedio de forasteros, en “La
jauría humana” el Sheriff Calder (Brando) tiene que enfrentarse a sus propios
vecinos para evitar el linchamiento de un inocente.
Brando ofrece una
de sus interpretaciones extremas, el propio Penn confirmó que Brando le sugirió cómo rodar la escena de la paliza que sufre
a manos de la gente del pueblo: "Eso fue idea de Marlon. Dijo: 'Sabes,
creo que la paliza debería ser realmente salvaje'. Y yo le dije: 'Sí, pero
¿cómo vas a conseguir que sea tan salvaje?'. Así que me enseñó cómo hacerlo,
que consistía en filmar con los actores moviéndose a cámara lenta y la cámara a
velocidad acelerada. No se nota, solo fueron unos pocos fotogramas más rápido,
pero fue asombroso"
Es una idea sencilla, pero la escena —que se desarrolla a lo largo de tres agónicos minutos— sigue
siendo aterradoramente efectiva.
“La Jauría humana”
fue la cuarta película de Arthur Penn, rodada inmediatamente ante de su éxito “Bonnie
and Clyde” pero su director no quedó satisfecho con la película, al haber sido
excluido por el productor Sam Spiegel del proceso de postproducción (que tuvo
lugar en Londres, ciudad a la que Penn no se podía desplazar por tener compromisos
profesionales pendientes en Nueva York), y en los años siguientes en varias
entrevistas la recordó con amargura:
"Todo lo
que haga de ahora en adelante será independiente, bajo mis propios términos.
Tienes que tener las ideas y las agallas para llevarlas a cabo. No tocaré nada
que no pueda controlar hasta el final. Y con lo que no pueda divertirme. Nada
vale la pena si no te diviertes. Lillian Hellman no me dirige la palabra en
absoluto" Entrevista en The New York TimesFeb. 13, 1966.
“Todo en esa
película fue una decepción, y estoy seguro de que todos los directores han
pasado por la misma experiencia al menos una vez. Es una lástima, porque podría
haber sido una gran película" Interviews with Film Directors
(1967), editado por Andrew Sarris.
Sin embargo, si
bien tuvo un discreto éxito en su estreno, la película fue elogiada por la
crítica, y Dave Kehr la calificó como una de las obras 'más personales y
febrilmente creativas' de Penn.
Arthur Penn y Jane Fonda durante el rodaje
En cuanto a Lillian
Hellman también sufrió en su obra los recortes y modificaciones no deseadas de Sam
Spiegel, como cuenta la biógrafa del productorNatasha Fraser-Cavassoni:
«Desde el principio,
Hellman estuvo de acuerdo con Spiegel en que La jauría humana "debería ocuparse de una
sociedad que no está demasiado alejada de la vida en la frontera". Ella
subrayó que "una sociedad así llevaría consigo la violencia, o la
posibilidad de ella, porque debe albergar a muchas personas desplazadas que
descubren que las fronteras ya no existen". También añadió que
"Texas, a diferencia de la mayor parte del Sur, es rico y poderoso, y a
menudo muestra una especie de ira porque sus convicciones no gobiernan al resto
de Estados Unidos... Yo diría que esta es una de las razones de los escupitajos
a Adlai Stevenson y, posiblemente, una de las razones del manejo —no el asesinato en sí—
del crimen de Kennedy. También explica lo del Sr. Ruby"».
«Después de que Hellman
entregara el guion, Spiegel seguía sintiendo que necesitaba trabajo y trajo a
Ivan Moffat (Gigante, 1956; Suave es la noche, 1962) para
reescribirlo. "Era una mala versión de Solo ante el peligro [1952]", admitió Moffat,
cuya propia reelaboración del libreto también incluyó nuevas versiones del
propio Horton Foote. Cuando Hellman leyó el nuevo borrador, no quedó satisfecha
y declaró: "la mordacidad, la frescura y la crítica se han perdido por
completo en muchos fragmentos, y se ha filtrado una cualidad anticuada aunque
bastante bien organizada"».
A pesar de todas estas modificaciones y recortes, la realidad es que la película ha sobrevivido como un fiel retrato de la época en que fue rodada.
“Another
part of the forest/La otra cara del bosque”, precuela de "La Loba/The little foxes"(tanto la obra en que se basa
como le película del mismo título) tiene la peculiaridad que está escrita siete
años después.
En una
entrevista otorgada a The Paris Reviewen 1962, Lillian Hellman habla sobre el origen
de la obra:
ENTREVISTADOR ¿Qué la impulsó a volver al tema y a los personajes
de La loba (The Little Foxes)? Solo siete
años después escribió La otra
parte del bosque (Another
Part of the Forest).
HELLMAN: Siempre tuve la intención de hacer de La loba una trilogía. Regina, en La loba, tiene unos treinta y
ocho años y corre el año 1900. Mi intención era retomar su historia hacia 1920
o 1925, en Europa. Y su hija, Alexandra, se habría convertido quizá en una
trabajadora social algo solterona, decepcionada, una mujer bastante colérica.
ENTREVISTADOR:En el tercer acto de La loba hay un discurso que lleva todo el peso de la
obra. Dice que hay gente que se come la tierra y a todas las personas que hay
en ella, como las langostas de la Biblia. Y que hay personas que dejan que lo
hagan. «A veces pienso que no está bien quedarse mirando cómo lo hacen». Al
final de la obra, Alexandra decide que no va a ser una de esas personas
pasivas. Va a dejar a su madre.
HELLMAN:Sí, mi intención era que se marchara. Pero para mi
gran sorpresa, el final de la obra se tomó como una declaración de fe en
Alexandra, en su negación de su familia. Nunca fue mi intención. Ella tuvo el
valor suficiente para irse, pero nunca tendría la fuerza o el vigor de la
familia de su madre. Eso es lo que quería decir. O tal vez me lo inventé
después.
La obra
se estrenó en Broadway a finales de 1946,
bajo la dirección de la propia Hellman y se mantuvo en cartel durante 182
representaciones y se puede considerar un éxito más discreto que “La Loba” que
llegó a las 410 representaciones
sólo en Broadway antes de ser llevada de gira por todo el país.
Su
adaptación cinematográfica, de 1948, esta vez no contó con guión de Hellman,
sino de Vladimir Ponzner, y fue dirigida por Michael Gordon.
La
acción se sitúa en 1880, quince años después del fin de la Guerra Civil Americana
y explica las raíces del odio y la ambición de la familia Hubbard.
El patriarca, Marcus Hubbard, es un hombre tiránico
que se ha enriquecido mediante la especulación durante la Guerra Civil, lo que
le ha ganado el desprecio de sus vecinos aristócratas.
Marcus mantiene un
control absoluto y cruel sobre su familia: humilla a su esposa Lavinia, que se
refugia en la religión y la demencia; desprecia a su hijo mayor Benjamin y
trata como a un sirviente a su hijo menor Oscar. Solo siente una devoción
enfermiza por su hija Regina, a quien consiente mientras ella aprende a
manipularlo.
LAVINIA: Por Dios, Marcus. Es una mezquindad de cerdos eso de
ser pobre. Te arrebata la dignidad.
MARCUS: Es cierto, Lavinia. Y una buena razón para seguir
siendo rico.
Esta
frase de Marcus Hubbard (interpretado con fuerza por Fredric March, casado en
la vida real con Florence Eldridge -Lavinia Hubbard en la
película) resume el motivo que mueve a esta familia y que justifica
todas las atrocidades que cometen después tanto Marcus como sus hijos.
La trama estalla cuando los hijos, cansados de las humillaciones y de la tacañería
de su padre, comienzan a conspirar para arrebatarle su fortuna. La tensión
alcanza su punto álgido cuando Benjamin descubre un oscuro secreto del pasado
de Marcus relacionado con su fortuna de guerra. Este descubrimiento desata un
chantaje implacable que cambiará las dinámicas de poder en la casa, demostrando
que los hijos han superado al maestro en el arte de la traición y la falta de
escrúpulos.
Quizás
esta película, en comparación con su pretendida secuela “La Loba” adolece
dedos defectos. Por un lado, no tiene en
su haber técnico la fabulosa dirección de Wiliam Wyler y la fotografía de Gregg Toland
que utilizan lenguaje cinematográfico para elevar el teatro, mientras que “Another
Part of the Forest” se queda en una buena representación teatral puesta frente
a una cámara.
Por
otro lado, su protagonista, y es que aunque Ann Blyth hace un buen trabajo como
Regina, es complicado competir contra un personaje tan icónico como el creado
por Bette Davis, que no sólo interpretó a Regina, sino que le imprimió su sello
personal.
Como
curiosidad diremos que Birdie (la cuñada de Regina) está interpretada por BetsyBlair, ocho años antes de cruzar el charco para ser la protagonista de “Calle Mayor” 1.956 de Juan Antonio Bardem.
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