
Hace ya unos años, una noche (creo que fue viendo "Versión española") me sorprendió mucho esta película española de la que apenas había oído hablar: "La vida mancha" (2.003)de Enrique Urbizu.
La llegada de Pedro (José Coronado) a la vida de su hermano Fito (Juan Sanz) y su cuñada (Zay Nuba) después de catorce años de silencio, me recuerda inevitablemente a la llegada del tío Charly (Joseph Cotten), asesino de viudas profesional, a la casa de su hermana en "La sombra de una duda" , mi película favorita de Alfred Hitchcock.

Y es que, creo que puedo decir sin temor a equivocarme, que el personaje de Pedro, elegante, contenido, y con un pasado oscuro a sus espaldas, le debe mucho al construido en la película de Hitchcock por mi adorado Cotten. Hasta ver esta película no era una gran admiradora de José Coronado, pero con su interpretación de este personaje, me ha conquistado para siempre.
Como he dicho, Pedro reaparece tras muchos años de ausencia, en los que no se sabe cuál ha sido su principal dedicación, si bien se intuye que ésta no es muy legal. Urbizu dice de él: "El personaje de Coronado es el de un hombre lleno de misterio y autodisciplina. La película está basada en su autocontención. Él esconde datos, es alguien que quiere ocultar quién es. Ésta es una película sobre la aparición de alguien, alguien que no se sabe si es un ángel o un demonio, alguien que con su llegada altera el mundo que le rodea."
En un principio, no sabemos si la inquietante presencia de Pedro ha llegado a la familia con la intención de ayudarles (desde el comienzo vemos que Fito, camionero de profesión, tiene importantes problemas con el juego, y cómo Pedro intenta echarle una mano con el tema) o desestabilizar la familia, y es que la creciente atracción que tiene hacia su cuñada Juana, y el cariño que coje a su sobrino hacen que este solitario se plantee muchas cosas:
PEDRO: ¿Qué harías si Juana te dejara?
FITO: Eso es imposible.
PEDRO: Sí, ya, pero supongamos que se fuera, ¿qué harías?
FITO: Primero, matar. Luego buscarla y enamorarla de nuevo.
PEDRO: ¿Y si no te quisiera?
FITO: ¿Por qué no iba a quererme? ¿Por qué?
PEDRO: Porque mientes, porque juegas, porque eres un desastre.
FITO: Así era yo antes, es verdad. Pero eso se acabó. Finito. A ese lo maté.
De toda la película, me quedo con su escena final. Ya os hablé hace tiempo, en el post dedicado a "El marido de la peluquera". A una impactante declaración de amor incondicional que hace Pedro a su cuñada Juana, le sigue una escena muy íntima en la que ella le afeita la barba, antes de despedirse para siempre. En fin, una de esas películas en las que parece que "no pasa nada" pero en la que los silencios y las miradas de sus personajes valen más que mil palabras. Para mi ya es todo un clásico.
JUANA: ¿Qué te pasa, Pedro?
PEDRO: No me importa que sea mi hermano. Me da igual que sufra. La alternativa soy yo. Y a mi, pase lo que pase, me has hecho daño para siempre. Te tengo en la cabeza Juana, clavada. Tu olor, tu risa, tus silencios... son parte de mi. Te lo voy a decir sólo una vez, Juana. Te quiero y quiero que te vengas conmigo. Yo puedo hacer que nunca más tengas miedo de nada. Yo puedo hacerte feliz. Mucho.
JUANA: Qué suerte tienes, Pedro. Puedes ir, puedes venir, puedes decir lo que sientes.
PEDRO: Dí qué sientes tú.
JUANA: Siento que voy a perder algo que no es mío.

JUANA: Tienes barba.
PEDRO: Juana. Aféitame.
JUANA: ¿Por qué?
PEDRO: No lo sé. Para recordarlo. Supongo.







