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jueves, 11 de junio de 2009

LEVIATÁN (2)



"-No debí tardar mucho en llegar al suelo -dijo-. Tal vez un segundo o dos, tres como máximo. Pero recuerdo claramente haber tenido más de un pensamiento durante ese tiempo. Primero vino el horror, el momento del reconocimiento, el instante en que comprendí que estaba cayendo. Uno creería que eso habría sido todo, que no habría tiempo de pensar en nada más. Pero el horror no duró. No, eso es falso, el horror continuó, pero hubo otro pensamiento que creció dentro de mí, algo más fuerte que el simple horror. Es difícil darle un nombre. Un sentimiento de absoluta certeza, quizá. Una intensa y abrumadora sensación de convicción, un sabor a la verdad última. Nunca había estado tan seguro de nada en mi vida. Primero me di cuenta de que caía, luego me di cuenta de que estaba muerto. No quiero decir que tenía la sensación de que iba a morir, quiero decir que ya estaba muerto. Era un hombre muerto que caía por el aire, y aunque técnicamente aún estaba vivo, yo estaba muerto, tan muerto como un hombre enterrado en su tumba. No sé de qué manera expresarlo. Mientras caía, ya estaba más allá del momento de llegar al suelo, más allá del momento del impacto, más allá del momento de hacerme pedazos. Me había convertido en un cadáver y cuando choqué contra la cuerda de la ropa y aterricé sobre esas toallas y mantas, ya no estaba allí. Había abandonado mi cuerpo y durante una fracción de segundo me vi desaparecer."

PAUL AUSTER "Leviatán"

* Estos días releo (y disfruto de) "Leviatán" de Paul Auster, y se confirma lo que pienso, que sus mejores novelas fueron las del principio, las últimas que he leído de él no me convencen tanto.

**Otro post sobre "Leviatán":

LEVIATÁN
SOPHIE CALLE

martes, 27 de enero de 2009

WAKEFIELD


(1)


"Un hombre que se llamaba Wakefield decide gastarle una broma a su esposa. Le dice que tiene que hacer un viaje de negocios y estará fuera unos días, pero en lugar de salir de la ciudad se va a la vuelta de la esquina, alquila una habitación y espera a ver qué pasa. No sabe exactamente por qué lo hace, pero de todas formas lo hace. Pasan tres o cuatro días, pero él no se siente dispuesto a volver a casa todavía, así que se queda en la habitación alquilada. Los días se convierten en semanas, las semanas se convierten en meses. Un día Wakefield pasa por su antigua calle y ve su casa engalanada de luto. Es su propio funeral y su mujer se convierte en una viuda solitaria. Pasan los años. De vez en cuando se cruza con su esposa por la ciudad y una vez, en medio de una multitud, llega a rozarse con ella. Pero ella no le reconoce. Transcurren los años, más de veinte, y poco a poco Wakefield se hace viejo. Una noche lluviosa de otoño, mientras da un paseo por las calles vacías, pasa por delante de su antigua casa y mira por la ventana. Hay un agradable fuego ardiendo en la chimenea y él piensa para sus adentros: Qué agradable sería estar ahí dentro ahora, sentado en uno de esos cómodos butacones junto al fuego, en lugar de estar ahí fuera bajo la lluvia. Así que, sin pensarlo más, sube los escalones de la casa y llama la puerta.

- ¿Y entonces?

- Eso es todo. Así termina la historia."

PAUL AUSTER "La trilogía de Nueva York. Fantasmas"

(2)

"Los veinticuatro capítulos que componen "La letra escarlata" abundan en pasajes memorables, redactados en buena y sensible prosa, pero ninguno de ellos me ha conmovido como la singular historia de "Wakefield" que está en los Twice Told Tales. Hawthorne había leído en un diario, o simuló por fines literarios haber leído en un diario, el caso de un señor inglés que dejó a su mujer sin motivo alguno, se alojó a la vuelta de su casa, y ahí, sin que nadie lo sospechara, pasó oculto veinte años. Durante ese largo período, pasó todos los días frente a su casa o la miró desde la esquina, y muchas veces divisó a su mujer. Cuando lo habían dado por muerto, cuando hacía mucho tiempo que su mujer se había resignado a ser viuda, el hombre, un día, abrió la puerta de su casa y entró. Sencillamente, como si hubiera faltado unas horas. (Fue hasta el día de su muerte un esposo ejemplar.) Hawthorne leyó con inquietud el curioso caso y trató de entenderlo, de imaginarlo. Caviló sobre el tema; el cuento Wakefield es la historia conjetural de ese desterrado."

JORGE LUIS BORGES " Otras inquisiciones. Nathaniel Hawthorne "

(3)


"Y parte el señor Wakefield, en plena edad madura, casi resuelto a confundir a su mujer mediante una semana completa de ausencia. Cierra la puerta. Pero ella advierte que la entreabre de nuevo y percibe la cara del marido sonriendo a través de la abertura antes de esfumarse en un instante. De momento no le presta atención a este detalle. Pero, tiempo después, cuando lleva más años de viuda que de esposa, aquella sonrisa vuelve una y otra vez, y flota en todos sus recuerdos del semblante de Wakefield. En sus copiosas cavilaciones incorpora la sonrisa original en una multitud de fantasías que la hacen extraña y horrible. Por ejemplo, si se lo imagina en un ataúd, aquel gesto de despedida aparece helado en sus facciones; o si lo sueña en el cielo, su alma bendita ostenta una sonrisa serena y astuta. Empero, gracias a ella, cuando todo el mundo se ha resignado a darlo ya por muerto, ella a veces duda que de veras sea viuda."

NATHANIEL HAWTHORNE "Wakefield. Cuentos contados dos veces"

* De Nathaniel Hawthorne leí hace tiempo "La letra escarlata" , pero el otro día me recomendaron un curioso cuento breve llamado "Wakefield" . La sinopsis es simple, como ya han descrito Auster y Borges anteriormente, un hombre llamado Wakefield decide llevar una broma que pretende gastar a su mujer hasta una situación surrealista (como decía Borges, Hawthorne es precursor de Kafka con este relato): se oculta en un pequeño apartamento, situado al lado de su casa, durante veinte años, observando de cerca cómo transcurre la vida de su mujer en su ausencia... Es un relato realmente sorprendente, que os recomiendo a todos.



Podéis leer el cuento entero aqui.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN



"Desde ese día Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enteré de cómo había adquirido su cámara y empezado a hacer fotos. Ése era el tema de la historia que me contó, y todavía estoy esforzándome por entenderla.

A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?

Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras “cuento de Navidad” tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así. Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.

No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.

—¿Un cuento de Navidad? —dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso? Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.

Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.

—Fue en el verano del setenta y dos —dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.

“Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carnet, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo?

Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.

La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.

“—¿Eres tú, Robert? —dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.

“Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.

“—Sabía que vendrías, Robert —dice—. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.

“Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.

“Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.

“—Está bien, abuela Ethel —dije—. He vuelto para verte el día de Navidad.

“No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella.

“No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.

“Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.

“—Eso es estupendo, Robert —decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo. Siempre supe que las cosas te saldrían bien.

“Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haver mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas. Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.

“Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de seis o siete cámaras. De treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.

“No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.

—¿Volviste alguna vez? —le pregunté.

—Una sola —contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.

—Probablemente había muerto.

—Sí, probablemente.

—Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.

—Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.

—Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.

—Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.

—La hiciste feliz. Y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.

—Todo por el arte, ¿eh, Paul?

—Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.

—Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?

—Sí —dije—. Supongo que sí.

Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara. Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.

—Eres un as, Auggie —dije—. Gracias por ayudarme.

—Siempre que quieras —contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos. Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?

—Supongo que estoy en deuda contigo.

—No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.

—Excepto el almuerzo.

—Eso es. Excepto el almuerzo.

Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta."

PAUL AUSTER

* Con todo un clásico navideño, el cuento de navidad de Auggie Wren que se encuentra al final de la película "Smoke" aprovecho para felicitaros las fiestas a todos.

martes, 25 de noviembre de 2008

INSOMNIO (5)


“La noche es aún joven, y sin moverme de la cama, con los ojos clavados en la oscuridad, en una tiniebla tan impenetrable que no se alcanza a ver el techo, me pongo a recordar la historia que empecé anoche. Eso es lo que hago cuando no logro conciliar el sueño. Me quedo tumbado en la cama y me cuento historias. Quizás no sea gran cosa, pero siempre y cuando no me salga de ellas, me evitan pensar en cosas que prefiero olvidar. La concentración, sin embargo, puede darme problemas, y las más de las veces mis pensamientos acaban derivando de la historia que pretendo contar a las cosas en las cuales no quiero pensar. No hay nada que hacer. Fracaso una y otra vez, hay más chascos que aciertos, pero eso no quiere decir que no ponga todo mi empeño.”

PAUL AUSTER “Un hombre en la oscuridad”.

* En estos días en que el insomnio vuelve a visitarme, una vez más, he comenzado a leer la última novela de Paul Auster, que comienza cuando su protagonista se inventa historias en la oscuridad, para combatir su desvelo.

Hay muchas formas de intentar luchar contra el insomnio (yo opto normalmente por no moverme de la cama y seguir con la luz apagada, porque siento que cualquier cosa que haga me desvelará más), y para muestra está esta escena de "Peligrosamente juntos" (1.986), en la que Debra Winger y Robert Redford comen, planchan, ven la tele o practican los deportes más insospechados, con tal de que les venza el sueño:


lunes, 28 de abril de 2008

EL SUEÑO DE MI PADRE



"Hace muchos años mi padre soñó que volaba. Me quedé tan impresionada que se lo conté a todos mis amigos. Repetí tantas veces la historia que, con el paso del tiempo, llegué a pensar que era algo que me había sucedido a mi.

Mi padre era gerente del departamento de cámaras fotográficas de los grandes almacenes Macy´s. En el sueño, él sacaba el bolígrafo azul de su bolsillo para apuntar algo en su libreta. Al apretar el botón del bolígrafo, comenzaba a elevarse por los aires. En menos de un segundo estaba flotando por encima de las vitrinas de cristal y subiendo rumbo al techo. Se sentía muy bien, muy feliz.

A continuación apretaba el botón lateral del bolígrafo. En algunos modelos, sirve para que la punta del bolígrafo se meta para adentro. Para su sorpresa, mi padre salió propulsado hacia delante en línea recta. Descubrió que, manipulando de una u otra forma el bolígrafo, podía controlar la velocidad y dirección de su vuelo. Si apretaba el botón una segunda vez, podía volar marcha atrás. Estaba eufórico, inundado de un inmenso placer. Empezó a revolotear por toda la tienda y, como estaba tan alto, nadie le veía.

Envalentonado por su recién descubierto talento, saludaba con la mano y sonreía a algunos de sus colegas vendedores cuando sobrevolaba por sus apartamentos: un hombrecillo aerotransportado, con bigotito, traje oscuro y pajarita. Ningún cliente le veía mientras él subía en espiral y bajaba en picado. Todos estaban demasiado ocupados comprando y vendiendo cosas.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, nos contó el sueño a toda la familia. Dijo que había sido maravilloso poder volar y sentirse tan poderoso, tan libre y tan feliz. Una vez alguien le había comentado que soñar que uno puede volar es señal de buena salud mental. Él estaba convencido que su sueño reafirmaba esa teoría.

Con el paso de los años he pensado muchas veces en el sueño de mi padre. Quizá lo que más me gustaba era ver cómo se explayaba más y más cada vez que lo contaba, cómo se le iluminaba el rostro al describir la secreta y placentera libertad de navegar por encima de las cabezas de sus colegas.

Hoy mi padre tiene ochenta y siete años y ya no recuerda que una vez soñó que volaba. Sólo fue uno de los cientos de sueños extraños y difíciles de catalogar que tuvo. Habló de él durante pocas semanas y después lo olvidó totalmente. Pero hasta las cosas más pequeñitas pueden llegar a impresionar a un niño y aquel sueño se me quedó grabado. Sentí el optimismo que encerraba, lo guardé y lo hice mío.

En mi versión, yo me elevo, bolígrafo en mano, y observo las olas de un mar de hierba, los campos arados de un marrón profundo, las grandes llanuras y los ríos en primavera con sus aguas enfurecidas, mientras navego por el aire. Trazo un arco por encima de relucientes aldeas africanas y de amplias extensiones de nieve azulada sin sentir calor ni frío. Veo ejércitos de pingüinos emperadores en la península antártica, esperando la primavera como mudas estatuas, y masas humanas irritadas apretujándose en las entradas de los metros. A pesar de los cambios geográficos, mis paisajes imaginarios son siempre soleados y me permiten proyectar mi sombra ondulada sobre la irregular superficie de la tierra.

Pienso que mi padre tenía razón respecto al poder que otorga volar en sueños. Aunque yo no pueda afirmar que dichos sueños sean una prueba de mi salud mental, sí puedo decir que despierto de ellos con una sensación de profundo descanso, a pesar de haber viajado muchos kilómetros. Me siento eufórica, resuelta y un poquito transgresora. Como si hubiese estado volando a escondidas."

MARY McCALLUM, Proctorsville, Vermont. "Creí que mi padre era Dios" Edición de Paul Auster.

* La escena, supongo que no hará falta decirlo, es de "Mary Poppins".

jueves, 20 de diciembre de 2007

LA VIDA INTERIOR DE MARTIN FROST

                                          

Con curiosidad, aunque sin haber leído ninguna critica previa (algo arriesgado por mi parte), fui a ver el otro día la ultima película del escritor Paul Auster, "La vida interior de Martin Frost".

El inicio de Paul Auster como director tuvo lugar de la mano del director hongkonés Wayne Wang con el que codirigió "Smoke"(1.994). De ella se puede decir que es una gran película, cuya valoración en mi caso ha ganado con el paso de los años (ya dije en su momento que la primera vez que la vi no me gusto, no se porque razón). Auster y Wang coincidieron en el ultimo Festival de Cine de San Sebastián y allí quedo claro que desde la experiencia de "Smoke" y su continuación "Blue in the face" (1.995), no han vuelto a tener relación alguna (aunque en esta ocasión el jurado presidido por Auster dio la Concha de Oro a la mejor pelicula a Wang) .

La carrera cinematográfica de Auster continuo en solitario con "Lulu on the bridge" (1.998), película protagonizada por Harvey Keitel y Mira Sorvino, que en conjunto era mas desigual que "Smoke", pero que a mi particularmente también me gusto.

"La vida interior de Martin Frost" no hay por donde cogerla. Parte de una idea no del todo mala: el escritor Martin Frost (David Thewlis),se compromete a cuidar la casa de campo de unos amigos en su ausencia, con la intención de aprovechar el aislamiento para escribir un relato. Una misteriosa mujer Claire (Irène Jacob)aparece en la casa y pronto se convierte en su musa.

Poco mas se puede contar de esta película, y es que su argumento no da para mucho mas, eso si, Auster aprovecha para darle un papelito a su hija Sophie y de paso promocionarla como cantante.





miércoles, 11 de abril de 2007

LA PIEDRA AZUL




Izzy: Sólo quiero enseñarle una cosa.

Celia: Le doy cinco minutos. Y después quiero que se largue de aquí. ¿Lo ha entendido? Tengo cosas mejores que hacer que perder el tiempo jugando a las adivinanzas con usted.

Izzy:Ya está, ahora apague la luz. Observe ahora.

Celia: Estoy observando.

Izzy:¡Aguarde! Déle un poco de tiempo.

Celia: ¡Dios Mío!

Izzy:¿Ve?

Celia: Es la cosa más bella que he visto en mi vida.

Izzy: ¿Qué hace usted?

Celia: Calle.

Izzy:¡No la toque!

Celia: ¿Por qué no?

Izzy: Pues... porque no sabemos qué es.

Celia: No sea tonto, claro que voy a tocarla. ¿Cómo podría no hacerlo?

Toma asiento en el sofá junto a la mesita, inclina el cuerpo hacia adelante y toma en las palmas de sus manos la piedra azul brillante. Por un instante o dos permanece inmóvil, absorbiendo la sensación que le produce el contacto. Luego, muy despacio, comienza a sonreir. La piedra parece haber causado un efecto inesperado, gozoso. Pasa otro instante más y la sonrisa se transforma en risa, suave, para sí misma, como si de repente hubiera encontrado la solución de algún enigma íntimo que la atormentara. Es, en efecto, una risa de conocimiento, de comprensión.

Izzy: ¿Cómo la siente?

Celia: No voy a decírselo. No comparto mis secretos con los cobardes.

Izzy: No soy estúpido, eso es todo.

Celia: ¡Oh, vamos! No tenga miedo. Es extraordinario. De verdad que lo es. No puede compararse con nada. Es asombroso, ¿verdad?

Izzy:¡Jesús! Se siente más viva, ¿no es eso?

Celia: Sí. Más... conectada.

Izzy:¿A qué?

Celia: No lo sé. A mí misma. A la mesa. Al suelo. Al aire de la habitación. A todo lo que no soy yo. A usted.



- Hábleme de la piedra. Es probable que sea el elemento más extraño de la historia, y lo extraño es que todo el mundo parezca aceptarlo. He asistido a varios pases de la película y no he visto a nadie que lo haya cuestionado ni se haya sentido confundido por él.

PAUL AUSTER: Si le he de ser sincero, yo tampoco comprendo exactamente qué es esa piedra. Tengo algunas ideas, claro, muchos sentimientos, muchos pensamientos, pero nada definitivo.

- Es decir, que cada persona tiene que darle su propio siginificado.

PAUL AUSTER: Sí, de esa forma se vuelve más poderosa, creo yo. Cuanto menos definida más preñada de posibilidades. Al escribir mi primera versión creo que la veía como una especie de misteriosa fuerza vital que lo penetraba todo, el adhesivo que pega unas cosas con otras, que une a las personas... ese algo incognoscible que posibilita el amor. Más tarde, cuando filmamos la escena en que Izzy saca la piedra de su caja, empecé a verla de otro modo. La foma como la interpretó Harvey me llevó a sentirla como si fuera el alma de Izzy, como si estuviéramos asistiendo al momento en que un hombre se descubre así mismo por primera vez. Reacciona con temor y confusión; es presa del pánico. Sólo al día siguiente, cuando visita a Celia, comprende lo que ha sucedido. El descubrimiento de que uno es sólo se da en relación con los otros. Ésta es la gran paradoja. Que no te adueñas de ti mismo hasta que estás deseando entregarte. En otras palabras, que no llegas a ser lo que eres hasta que eres capaz de amar a otro.

PAUL AUSTER. "Lulu on the bridge" (guión) . Entrevista de Rebecca Prime.

viernes, 9 de marzo de 2007

ELIZABETHTOWN


"Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había alguien que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caida, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caida de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad"

PAUL AUSTER . "El palacio de la luna"


Este párrafo podría ser el resumen de "Elizabethtown" (2.005) de Cameron Crowe. Esta película (que aunque me llamó la atención en su estreno finalmente no la fui a ver, quizás por pensar que era la típica película romántica del tipo de romanticismo que no es de mi gusto) comienza con el peor momento de la vida de Drew (Orlando Bloom): justo aquel en que pasa de ser el flamante diseñador de una conocida marca de zapatillas a convertirse en el responsable del mayor fiasco de dicha marca, por un valor de un billón de dólares. Como las desgracias nunca vienen solas, este fracaso supone que su novia y compañera de trabajo (Jessica Biel) le abandona... Desesperado y planteándose el suicidio recibe una llamada de su hermana: su padre ha muerto mientras visitaba a unos familiares en Elizabethtown (Kentucky) y su madre le pide que viaje allí en representación de la familia para incinerarle y traer así sus cenizas. Drew decide posponer cualquier trágica decisión hasta su vuelta.

Como no podía ser todo caos en su vida, en su vuelo hacia Kentucky conoce a Claire (Kirsten Dunst), una azafata que derrocha optimismo y que desde el primer momento en que le ve, se propone hacer su vida más agradable, aunque al principio él no esté por la labor de dejarse ayudar. Claro para qué nos vamos a engañar, si la mujer que te rescata de tu ruina personal es Kirsten Dunst conozco pocos hombres (por no decir ninguno) que no se dejarían ayudar por esta encantadora actriz de colmillos coquetamente torcidos.



Ella le anima, le hace sonreir, le escucha durante horas aconsejándole sobre la manera de aprender a vivir relativizando todo lo que le rodea y, finalmente, le da un precioso mapa hecho por ella misma (con explicaciones escritas a mano sobre los sitios que tiene que visitar y cds grabados con música y comentarios para el trayecto), que le guiará através del Oeste americano de vuelta a su casa, con distintas paradas para ir dejando las cenizas de su padre, ya que éste es el viaje que ambos se prometieron hace años que harían juntos. Como en todo camino, hay una bifurcación posible, y ésta le llevará hasta el mejor final de trayecto posible...

No es una película perfecta pero tiene algún momento memorable:



viernes, 9 de febrero de 2007

HOTEL EXISTENCIA


TOM: Dime tú a dónde ir, Harry. Estoy abierto a cualquier sugerencia.

NATHAN: Un lugar donde vivir como uno quiera. De eso es de lo que estamos hablando, ¿no? Una nueva versión de El Edén imaginario. Pero para eso tienes que estar dispuesto a renunciar a la sociedad. Eso es lo que me dijiste. Ya hace mucho tiempo, pero creo que empleaste la palabra coraje. ¿Tienes coraje,Tom? ¿Tiene alguno de nosotros el coraje necesario para hacer eso?

TOM: Todavía te acuerdas de ese trabajo mío de la universidad,¿no?

NATHAN: Me causó gran impresión.

TOM: Por entonces no era más que un pipiolo, aún no me había licenciado. No sabría mucho, pero seguramente era más listo que ahora.

HARRY: ¿A qué nos estamos refieriendo?

NATHAM: Al refugio interior, Harry. Al lugar al que acude la gente cuando ya no puede vivir en el mundo real .

HARRY: Ah, yo tuve uno. Como todo el mundo, supongo.

TOM: No necesariamente. Hace falta una buena imaginación y, ¿cuánta gente puede presumir de eso?

HARRY: Ahora lo recuerdo todo. El Hotel Existencia. No tenía más de diez años, pero aún recuerdo el momento exacto en que me vino la idea a la cabeza, el preciso instante en que se me ocurrió ese nombre. Nunca había estado en un hotel, pero como había visto muchos por fuera cuando mi madre me llevaba al centro sabía que eran sitios especiales, fortalezas que protegían de la miseria y las mezquindades de la vida cotidiana. Un hotel representaba la promesa de un mundo mejor; más que un edificio era una oportunidad, la ocasión de vivir dentro de los propios sueños.

(...)

TOM: Sigo sin entender. Te inventas un sitio llamado Hotel Existencia, pero ¿dónde está? ¿Para qué sirve?

HARRY: ¿Para qué? Para nada, en realidad. Era un refugio, un mundo que podía visitar en mi imaginación. De eso estamos hablando ¿no?. Evasión.

(...)

HARRY: Entrar en el Hotel Existencia era pensar en palabras como alterne, chiaroscuro, destino. Eran hombres y mujeres lanzándote miradas discretas en el vestíbulo.

(...)

TOM: Quiero vivir de otra manera, eso es todo. Si no puedo cambiar el mundo, al menos puedo intentar cambiarme a mí mismo. Pero no quiero hacerlo solo.

(...)

HARRY: Y ¿dónde estaría situada esta pequeña utopía tuya?

TOM: Pues en alguna parte, en el campo, supongo. En un sitio con mucho terreno y casas suficientes como para albergar a toda la gente que quisiera vivir allí.

PAUL AUSTER. "Brooklyn follies"



* Supongo que todos necesitaríamos nuestro particular Hotel Existencia en el que refugiarnos de vez en cuando...

* El primer fotograma pertenece a la película "The million dollar hotel" de WIM WENDERS, el segundo a "2046" de WONG KAR-WAI.

lunes, 29 de enero de 2007

TRAVELS IN THE SCRIPTORIUM

                                                

Como ya os dije al hablar de mi viaje por Italia, una de mis adquisiciones allí fue el último libro de Paul Auster, "Viajes por el scriptorium", que sale a la venta en España esta semana (el 1 de Febrero).

A falta de volver a leerla en castellano (hacía mucho que no leía un libro en inglés y aunque se entiende relativamente bien no es un relato "fácil" de comprender), diré que esa novela de tintes kafkianos se desmarca de sus libros más recientes, y que como ya he leído en alguna crítica previa, quizás no sea la mejor novela para aproximarse a la obra del reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Su protagonista despierta en una habitación sin saber quien es ni cómo ha llegado hasta allí. Como únicas pistas tiene un relato de otro prisionero que parece ambientado en una época pasada y un montón de fotografías cuyos rostros recuerda vagamente... Y hasta aquí puedo leer. Os dejo con el comienzo de la novela:

"El anciano está sentado al borde de la estrecha cama, con las manos apoyadas en las rodillas, la cabeza gacha, la vista fija en el suelo. No sabe que hay una cámara instalada en el techo, justo encima de él. El obturador se acciona a cada segundo, produciendo ochenta y seis mil cuatrocientas instantáneas a cada rotación de la tierra. Aunque supiera que lo están vigilando, le daría lo mismo. Está como ausente, perdido entre los fantasmas que pueblan su imaginación mientras busca una respuesta a la pregunta que lo atormenta.

¿Quién es? ¿Qué está haciendo ahí? ¿Cuándo ha llegado, y cuánto tiempo se quedará aún? Con suerte, el tiempo nos lo dirá todo. De momento, nuestro único cometido consiste en estudiar las fotos con el mayor detenimiento posible y abstenernos de extraer cualquier conclusión prematura."


Podéis leer el resto del primer capítulo aquí


lunes, 11 de diciembre de 2006

ROMA Y FLORENCIA


Después de 11 días de viaje, ya estoy de vuelta a la realidad. Han sido unos días intensos, de no parar para aprovechar al máximo el tiempo. Afortunadamente seguí los consejos de memento, y no me dió el Síndrome de Stendhal, pero a punto estuvo un par de veces. Y es que Italia puede resultar realmente agotadora.


ROMA cumplió todas mis expectativas y mucho más. Resulta realmente apabullante la historia que se respira en cada una de sus calles. La primera tarde la empleamos en caminar cerca del Coliseo, paseamos cerca del Foro Romano (aunque era de noche y poco se veía), pasamos al lado de la Columna Trajana y el descomunal monumento a Vittorio Emanuelle II.

Ya sabéis que como cinéfila que soy una de mis paradas obligadas tenía que ser a la Fontana de Trevi (donde Anita Ekberg y Marcello Mastroiani se dan el célebre baño de "La dolce vita" de Fellini), y allí me planté - intentando esquivar a los poco disimulados carteristas que acechan a los incautos turistas- y tiré la monedita de rigor, aunque tengo por seguro que algún día volveré a Roma, ya que un día y medio no es suficiente para conocer La Ciudad Eterna. Completamos el paseo con el Templo de Adriano y llegamos hasta el espectacular Pantheon.




Qué os puedo decir de él, pone realmente los pelos de punta pensar que estás ante un templo romano de casi 2.000 años que se conserva en tan buen estado. En la actualidad es una iglesia que alberga las tumbas de varios reyes italianos (Vittorio Emanuele II entre otros) y del pintor Rafael. Su interior también es asombroso, ya que está coronado por una cúpula perfecta con una abertura que permite que entre la luz natural.

El siguiente día en Roma fue realmente agotador (más de 10 horas recorriendo la ciudad), empezamos con los Museos Vaticanos (deberían llamarlo los Tesoros Vaticanos, es increíble lo que la Iglesia ha acumulado a lo largo de los siglos), continuamos con San Pedro, el Castelo de Sant Angelo, Ara Pacis, Mausoleo de Augusto, Piazza Spagana, de nuevo el Pantheon, Piazza Navona y Campo de Fiori. La mañana en que marchamos a Florencia tuvimos tiempo de visitar el Coliseo por dentro - o debería decir, lo que queda de él- y vislumbrar el Foro desde el Monte Palatino. Como os he dicho habrá que regresar con más tiempo para verlo todo tranquilamente.


FLORENCIA.- Llegamos a Florencia aliviados por dejar atrás una gran ciudad como es Roma (en la que tienes que ir esquivando los coches continuamente), y dispuestos a conocer la cuna del Renacimiento. La sola visión del Duomo por la noche ya nos dejó sin habla, y es que las muchas fotografías que había visto en mi vida de la catedral de Florencia no le hacen justicia. La combinación del marmol blanco, rosa y verde es realmente imponente.


El centro se recorre tranquilamente, así que en pocos minutos llegamos a la Piazza de la Signoria, donde está - entre otras muchas estatuas- la copia del David de Miguel Angel, así como el Palacio Vecchio y la Galeria de los Uffizi.


Tuvimos la suerte de poder visitar la Galeria sin hacer ningún tipo de cola. Todo lo que había leído sobre la Galeria es poco, me hubiera quedado horas mirando clásicos como "El nacimiento de Venus" y la "Alegoria de la Primavera" de Botticeli, "La batalla de San Romano" de Uccello, la "Venus" de Urbino, descubriendo curiosos cuadros , y contemplando otros más familiares como el que Goya hizo de la triste Condesa de Chinchón.

Completamos la visita con el paseo por el Ponte Vecchio, el Palacio Pitti, la Iglesia de la Santa Croce y las increíbles vistas de la ciudad desde el Piazzale Michelangelo (gracias por la recomendación, Conde-Duque).

*Mañana sigo con el relato de mi viaje, no quiero aburriros de una vez, lo haré por entregas ;).

**Por cierto, hasta mañana no podré colgar aqui alguna foto de las que he sacado estos días, tampoco son muy buenas porque mi cámara no tiene un buen zoom y el flash me funcionaba fatal.

*** Para dar algo de envidia a los fans de Auster que hay por aquí ;), os diré que ayer me compré en la American Bookstore de Milán un ejemplar de "Travels in the Scriptorium", su última novela, que será publicada en España dentro de un mes. Cuando la termine os cuento qué tal.

miércoles, 25 de octubre de 2006

WITTGENSTEIN




"Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo."
L. WITTGENSTEIN


Creí que sería sencillo, pero tuve que intentarlo seis o siete veces antes de encontrar el tono adecuado. Pedir perdón a alguien es un asunto complejo, un ejercicio de delicado equilibrio entre el terco orgullo y el apesadumbrado cargo de conciencia, y al menos que uno sea realmente capaz de abrirse a la otra pesona, toda disculpa adquiere un timbre falso y vacío.

Mientras elaboraba los distintos borradores de la carta (con la moral cada vez más por los suelos, culpándome por todo lo que me había ido mal en la vida, flagelándome el alma atribulada y corrompida como una serpiente medieval), me acordé de un libro que Tom me había enviado por mi cumpleaños ocho o nueve años atrás, en la época dorada en la que June aún vivía y él seguía siendo un brillante y prometedor doctor Pulgarcito. Era una biografía de Ludwig Wittgenstein , filósofo del que había oído hablar pero al que nunca había leído: circunstancia nada inhabitual, teniendo en cuenta que mis lecturas se limitaban a la narrativa, sin la más mínima incursión en otros ámbitos. Me pareció un libro absorbente,bien escrito, en el que una historia destacaba sobre todas las demás y que no se me ha olvidado nunca. Según el autor, Ray Monk, después de haber escrito su Tractatus cuando era soldado en la Primera Guerra Mundial, Wittgenstein consideró que había resuelto todos los problemas de la filosofía y que ya no podía ir más lejos en la materia. Se colocó de maestro en una escuela de un pueblo perdido en la smontañas de Austria, pero resultó que no tenía cualidades para el puesto. Severo, malhumorado, violento incluso, regañaba contínuamente a los niños y les pegaba cuando no se sabían la lección. No los cachetes de rigor, sino puñetazos en la cabeza y en la cara, palizas impulsadas por la cólera, que acabaron causando graves traumas a una serie de chicos. Corrió la voz sobre aquella indignante conducta y Wittgenstein se vio obligado a renunciar a su puesto.

Pasaron los años, al menos veinte, si no me equivoco, y para entonces Wittgenstein vivía en Cambridge, dedicado de nuevo a la filosofía y convertido ya en un personaje famoso y respetado. Por motivos que ya he olvidado, atravesó una crisis espiritual y sufrió un desequilibrio nervioso. Cuando empezó a recuperarse, decidió que el único modo de recobrar su salud consistía en voler al pasado y pedir humildes disculpas a cada persona a la que hubiera ofendido o perjudicado. Quería purgar la culpa que le corroía las entrañas, limpiar su conciencia y empezar de nuevo. Como es lógico, ese camino le condujo de nuevo al pequeño pueblo de montaña en Austria. Todos sus antiguos alumnos eran ya adultos, hombres y mujeres de veinticinco a treinta años, pero el tiempo no había atenuado el recuerdo del violento maestro. Uno por uno, Wittgenstein llamó a su puerta y les pidió perdón por su intolerable crueldad de dos décadas atrás. En ocasiones, llegó literalmente a hincarse de rodillas y suplicar, implorando la absolución de los pecados que había cometido.

Cabría imaginar que una persona que se viera ante tales muestras de sincero arrepentimiento sentiría compasión por el doliente peregrino y acabaría transigiendo, pero de todos los antiguos alumnos de Wittgenstein, ni uno solo estuvo dispuesto a perdonarlo. El dolor que había causado era demasiado profundo, y su odio hacia el maestro trascendía toda posibilidad de gracia.

PAUL AUSTER. "Brooklyn follies"



* Al leer el último libro de Auster me impactó mucho esta historia sobre la brutalidad de un "genio" y lo difícil que es a veces perdonar. Está claro que pedir perdón es un esfuerzo que requiere valentía y humildad, pero a veces se nos olvida que perdonar (sobre todo cuando nos consideramos gravemente ofendidos en lo más hondo) implica un tipo de generosidad dolorosa que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.

Este es mi pequeño homenaje (y van ya...) al reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Aquí podéis leer el discurso que leyó el pasado viernes al recibir el premio.

miércoles, 18 de octubre de 2006

SMOKE (2)



-¡Pero si son todas iguales!

-Exactamente. Más de cuatro mil fotografías del mismo sitio. La esquina de la calle 3 con la séptima avenida a las ocho de la mañana. Por eso no puedo coger vacaciones nunca. Tengo que estar en mi sitio todas las mañanas. Todas las mañanas en el mismo sitio a la misma hora... Es mi proyecto, lo que podríamos llamar la obra de mi vida. (...) Son todas iguales, pero cada una es diferente de todas las demás. Tienes mañanas luminosas y mañanas sombrías. Tienes luz de verano y luz de otoño. Tienes días laborables y fines de semana. Tienes gente con abrigo y botas impermeables y gente con pantalones cortos y camiseta. A veces son las mismas personas, otras veces son diferentes. Y a veces las personas diferentes se convierten en las mismas y las mismas desaparecen. La tierra da vueltas alrededor de sol y cada día la luz de sol da en la tierra con un ángulo diferente"

WAYNE WANG & PAUL AUSTER "Smoke"

* Ya lo dije en su día al comentar la película, me encanta la bronca que en esta escena le da el personaje de Harvey Keitel al de William Hurt, como le enseña a abrir los ojos y a observar los pequeños detalles, las diferencias que hacen que lo que aparentemente es igual día tras día se transforme ante nuestros ojos gracias a miles de pequeños matices que hacen de cada día uno único.



lunes, 18 de septiembre de 2006

LA MUÑECA DE KAFKA


Todas las tardes, Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de veces, Dora, su pareja, lo acompaña. Un día, se encuentran con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje", le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve cómo se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires, y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. ¡Tres semanas! Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce a otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la mueca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, sin no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen esas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.


PAUL AUSTER "Brooklyn Follies"


* Bonita historia, ¿no? Si queréis saber qué hay de tiene de verídica, os invito a visitar ¡Esto es Broklyn!, un blog en castellano dedicado íntegramente a la figura de Paul Auster.

**Dibujo de RICHARD JUDSON ZOLAN.

miércoles, 26 de julio de 2006

JUGADA DE PRESIÓN

                                                         

"Jugada de presión" de Paul Benjamin (pseudónimo de Paul Auster) fue la primera novela que el escritor americano consiguió publicar, al parecer por encargo y con escaso éxito, ya que al poco tiempo la editorial quebró y este libro cayó en el olvido.

"Jugada de presión" tiene todo lo que se puede pedir a una novela negra: Su protagonista, Max Klein, es un detective desencantado de la vida (aunque con un gran sentido del humor), con un pasado como abogado al servicio del Fiscal del Distrito (la otra posibilidad habitual es que sea un ex policía), recién divorciado y solitario al que un buen día le llega un encargo importante ya que un afamado ex jugador de beisbol ha recibido una carta en la que es amenazado de muerte. Pronto se verá solo al frente de una investigación paralela a la de la policía, recibiendo todo tipo de presiones de altas esferas y teniendo que esquivar varios intentos para acabar con su vida. Como en toda novela policiaca que se precie tampoco en ésta falta una femme fatale, encarnada en la mujer de su cliente, una vampiresa seductora y de intenciones poco claras.

En definitiva, una novela policiaca típica del género, muy amena (se lee del tirón), para leer en la playa o en la piscina...

* Consejo: si ya tenéis en casa la versión de "A salto de mata" de Panorama de Narrativas no hagáis el primo como yo y os compréis esta novela de Anagrama Compactos, ya que está incluída en ese volumen... En su momento no me la leí y no me di cuenta.


"Fue el segundo martes de mayo cuando George Chapman me llamó. Le había dado mi nombre su abogado, Brian Contini, y quería saber si estaba libre para ocuparme de un caso. A otro cualquiera, probablemente le habría dicho que no. (...) Estaba cansado y necesitaba unas vacaciones. (...) Pero cuando llamó Chapman, decidí esperar. Tuve la sensación de que el asunto del que quería hablarme era más importante que mirar cuadros en el Louvre. Había algo desesperado en su voz, y su reticencia a darme explicaciones por teléfono despertó mi curiosidad. Chapman estaba en un lío y yo quería saber de qué se trataba."


lunes, 17 de julio de 2006

PUNTERÍA

                                                            
"A las diez y media apagó el televisor y se metió en la cama con un ejemplar de bolsillo de las Confesiones de Rousseau, que había empezado a leer durante su estancia en Saratoga. Justo antes de dormirse llegó al pasaje en el cual el autor está en un bosque tirando piedras a los árboles. Si doy a ese árbol con esta piedra, dice Rousseau, entonces todo me irá bien en la vida a partir de ahora. Tira la piedra y falla. Esa no cuenta, se dice, y coge otra y se acerca varios metros al árbol. Vuelve a fallar. Esa tampoco contaba, se dice, y entonces se aproxima aún más al árbol y busca otra piedra. Falla de nuevo. Esa no ha sido más que la última tirada de calentamiento, se dice, es la próxima la que verdaderamente cuenta. Pero, para asegurarse, esta vez se acerca mucho al árbol, situándose justo delante del blanco. Ahora está a unos treinta centímetros, lo bastante cerca como para tocarlo con la mano. Entonces lanza la piedra directamente contra el tronco. Éxito, se dice, lo logré. De ahora en adelante mi vida será mejor que nunca. Nashe encontró divertido el pasaje, pero al mismo tiempo le dejó demasiado azorado como para tener ganas de reírse. Al fin y al cabo había algo terrible en semejante franqueza, y se preguntó dónde había encontrado Rousseau el valor de revelar algo así de sí mismo, para admitir tanto descarado autoengaño. "


PAUL AUSTER. "La música del azar".


"Dije para mí: "Voy a tirar esta piedra contra el árbol situado enfrente de mí: si le toco, será señal de salvación; si yerro, signo de condenación". Al decir esto lanzo la piedra con trémula mano y estremeciéndose horriblemente mi corazón, mas con tan buena fortuna, que di de lleno en medio del tronco, lo que ciertamente no era muy difícil, pues había tenido buen cuidado de escogerlo cercano y muy grueso. Desde entonces no he dudado más de mi salvación. No sé si al recordar este rasgo he de reírme o compadecerme a mí mismo. Felicitaos, grandes hombres, vosotros que seguramente os reís; pero no insultéis mi miseria, pues os juro que la siento perfectamente."

JEAN JACQUES ROUSSEAU. "Confesiones"


* A veces un párrafo de un libro te abre una puerta a otro libro escrito unos siglos antes, como en este caso, es curioso ver las dos versiones de una misma historia, ¿no?.


**Comentario desconvencido: También llama la atención cómo a las personas, al igual que Rousseau, nos gusta ponernos absurdamente trampas a nosotros mismos, engañarnos para no ver la realidad, por muy patética que ésta sea.





viernes, 23 de junio de 2006

LA INVENCIÓN DE LA SOLEDAD



El tamaño de sus manos y sus callos.

Su forma de comer la película que se formaba en la superficie del chocolate caliente.

Té con limón.

Las gafas negras, de concha, que aparecían en cualquier rincón de la casa: en la cocina, encima de la mesa, a un lado de la bañera; siempre abiertas, tiradas por ahí como una especie de animal extraño y sin clasificar.

Verlo jugar al tenis.

La forma en que a veces se le doblaban las rodillas al caminar.

Su cara.

Su parecido con Abraham Lincoln y cómo la gente siempre reparaba en ello.

Su valentía ante los perros.

Su rostro. Otra vez su rostro.

Peces tropicales.





PAUL AUSTER. La invención de la soledad.

viernes, 16 de junio de 2006

ESCRIBIR



" Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío. "

CLARICE LISPECTOR. Un soplo de vida

"Los buenos escritores son destruidos en su país y sus talentos marchitados por exceso de ambición, por los elogios desmedidos, por sus pretensiones de intelectualismo y de superioridad. (...)En cierta época de sus vidas, los escritores suelen convertirse en líderes. ¿ A quiénes conducen? Poco importa. Si no tienen discípulos los inventan. Y es inútil que aquellos que han sido escogidos como discípulos, protesten. En este caso se los acusa de deslealtad... Hay otros que ensayan salvar su alma con lo que escriben. Es un medio fácil. Otros, todavía se arruinan por la primera suma de dinero recibida, la primera alabanza, el primer ataque, la primera vez que descubren que no pueden escribir, o bien se asustan e ingresan a asociaciones que piensan en lugar de ellos. (...)Piojos de la literatura, gusanos para anzuelo, metidos en una botella, que tratan de derivar conocimientos y alimento de su propio contacto. "

ERNEST HEMINGWAY. Verdes colinas de Africa

* Viñeta de "La ciudad de cristal" el cómic de David Mazzucchelli y Paul Karasik, adaptación de la novela de Paul Auster.

miércoles, 31 de mayo de 2006

PAUL AUSTER PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2.006



Este es mi particular homenaje a mi escritor favorito, Paul Auster, al que le han concecido hoy el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2.006, un premio merecido a toda su obra. Qué mejor que unas letras suyas para celebrarlo:

"Creo que el mundo está lleno de historias, que nuestras vidas están llenas de historias, pero que sólo en determinados momentos somos capaces de verlas o entenderlas. Hay que estar dispuesto a hallar el sentido de lo que te está ocurriendo. Casi todos nosotros, yo mismo incluido, vamos por la vida sin prestar mucha atención. De pronto ocurre una crisis, y nos cuestionamos todo lo que nos rodea, y en ese momento dejamos de pisar terreno firme. Creo que es en esos momentos que la memoria se convierte en una poderosa fuerza de nuestras vidas. Comienzas a explorar el pasado, e invariablemente te encuentras con una nueva lectura de ese pasado, lo entiendes de una manera nueva, y por ello eres capaz de enfrentarte al presente de una manera nueva".

"En el fondo, creo que mi obra procede de una situación de intensa desesperación personal, de una manera profundamente pesimista y nihilista de ver el mundo, del hecho de que seamos mortales y efímeros, de la insuficiencia del lenguaje, de lo aislados que vivimos de los demás. Y sin embargo, al mismo tiempo, he querido expresar la belleza y extraordinaria felicidad de sentirse vivo, de respirar, la alegría de estar vivo dentro de tu propia piel. Conseguir arrancar palabras de todo esto, por insuficientes que puedan ser, es la esencia de todo lo que he hecho. Lo que quiero decir es que eso tiene importancia. Y los personajes que aparecen en mis libros luchan por cosas que les importan. Nunca he sido capaz de escribir acerca de lo que parece interesar a la mayor parte de novelistas: lo que podríamos denominar el factor sociológico, el mundo de cosas que nos rodean, el mundo de gustos y modas. Mi literatura es más simple que eso, es más profunda, es, probablemente, mucho más ingenua. Trata de vivir y morir y hallarle un sentido a lo que hacemos en este mundo. Todas las preguntas fundamentales que te haces cuando tienes quince años, intentar aceptar el hecho de que vives en este planeta, encontrar alguna razón para existir. Éstas son las preguntas que impulsan a mis personajes. De alguna manera, creo que es el elemento de mis novelas que les vincula con mi obra poética, y el motivo por el que pienso en mi obra como un todo continuo y no como dos movimientos diferenciados. Por eso a veces me cuesta considerarme novelista. Cuando leo a otros novelistas, por mucho que admire su obra, por mucho que me impresione lo que son capaces de expresar, me sorprende lo poco que tienen que ver con lo que yo intento hacer. Supongo que con el tiempo he acabado considerándome, más que un novelista, alguien que cuenta historias. Creo que las historias son el alimento básico del alma. No podemos vivir sin historias. De una manera u otra, toda persona se alimenta de ellas desde que tiene dos años hasta que muere. La gente no tiene por qué leer necesariamente novelas para satisfacer su ansia de historias. Ve la tele o lee tebeos o va al cine. Les lleguen como les lleguen, estas historias son cruciales. A través de las historias luchamos por hallarle sentido al mundo. Eso es lo que me hace seguir adelante: lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña habitación, poniendo palabras sobre el papel. El mundo no se derrumbaría si no volviera a escribir otro libro. Pero a fin de cuentas, no creo que sea una actividad completamente inútil. Formo parte de la gran empresa humana que intenta encontrar sentido a lo que hacemos en este mundo. En el proceso de escribir hay muchos momentos de desolación, muchos momentos en que te preguntas por qué lo haces y qué sentido tiene: a veces es importante recordar que no lo haces en vano. Ésta es la única cosa que he encontrado que para mí tiene sentido".


PAUL AUSTER. Experimentos con la verdad.

martes, 9 de mayo de 2006

LEVIATÁN



LOUISE BROOKS

"Sólo Sachs podía informarle a uno de que cuando la actriz de cine Louise Brooks crecía en una pequeña ciudad de Kansas a principios de siglo, su vecina y compañera de juegos era Vivian Vance, la misma mujer que más tarde actuó en el programa de televisión Te quiero, Lucy. Le divertía haber descubierto esto: que los dos extremos de la femineidad americana, la vampiresa y la maruja, la diablesa libidinosa y el ama de casa desaliñada, hubiesen empezado en el mismo lugar, en la misma calle polvorienta de Estados Unidos"

PAUL AUSTER. "Leviatán"



VIVIAN VANCE
 
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