La última película de la
Retrospectiva dedicada en la 73 edición del Festival de Cine de San Sebastián a
Lillian Hellman, no fue una película guionizada por ella o la adaptación de una
de sus obras teatrales, sino “Dash and Lilly”, el telefilme
autobiográfico que le dedicó la actriz y directora Kathy Bates a la pareja
formada por Hellman y Dashiell Hammet en 1.999.
Protagonizada por Judy
Davis, como Lillian Hellman, y Sam Shepard, como Dashiell Hammet, supuso el
debut como directora de Kathy Bates:
“Tuve la suerte de
convencer a Judy Davis y Sam Shepard para que interpretaran los papeles
principales. Ni la señorita Davis ni el señor Shepard soportan fácilmente a los
necios, y fue precisamente esa cualidad, entre otras que compartían con Hellman
y Hammett, lo que dotó a sus interpretaciones de una agudeza y autenticidad
especiales. Tanto Judy como Sam estaban muy bien preparados; ambos habían leído
biografías sobre sus personajes y se preocupaban profundamente por lo que
estaba a punto de suceder. Teníamos unas 60 localizaciones en 25 días;
estábamos rodando tres décadas diferentes en cuatro ciudades distintas. Les
preocupaba la rapidez del rodaje, pero se dejaron la piel trabajando; de verdad
lo hicieron.”
Por su parte, Sam Shepard
recordaba el rodaje en una entrevistacondecida a Los Angeles Times en 1999 de la
siguiente manera:
“Fue fantástico. Pude
trabajar con Judy Davis y [la directora] Kathy Bates, y ambas fueron
extraordinarias. Una vez más, fue una situación de rodaje de emergencia.
Filmamos todo en 20 días, pero así es como se hacen estas cosas. ¡En mi vida me
había cambiado de vestuario tantas veces en una sola película! Cuatro bigotes
diferentes, distintos grados de canas... fue increíble. Pero hay algo positivo
en hacer las cosas bajo presión. Tienes que dar la talla. A veces es bueno que
te pongan contra la pared.”
La película se basa en la
tumultuosa vida en común de los escritores Dashiell Hammett y Lillian Hellman a
lo largo de más de treinta años y resulta una semblanza más completa que la
recogida en “Julia” de Fred Zinnemman.
Desde los años 30 vemos a
una pareja unida en su creatividad y compromiso político y desunida por su
alcoholismo y constantes infidelidades mutuas.
Merecen mención especial Bebe Neuwirth, que interpreta a Dorothy Parker
(de cuya peculiar amistad con Hellman hablamos hace poco) y la parte de la película
relativa a la comparecencia de Lillian Hellman ante la HUAC (Comisión de
Actividades Antiamericanas).
Si bien fue un largometraje destinado directamente
al circuito televisivo, la recepción fue muy buena, todas las críticas alababan
el acierto de casting tanto para los roles principales como para los
secundarios y la habilidad de Bates para dirigir en su primer proyecto largo, llegando a recibir 9 nominaciones a los Premios Emmy.
Llegamos a la recta final del análisis de
la Retrospectiva que el pasado Festival de Cine de San Sebastián dedicó a la
autora Lillian Hellman. Hoy hablamos de su (indirectamente) obra más polémica.
Se trata de “Julia” dirigida por Fred Zinnemann en 1.977.
La
película se basó en el capítulo homónimo del tercer libro de memorias de
Hellman, "Pentimento"que contiene esta equívoca declaración de intenciones sobre su relato:
“Creo
que siempre sé lo que se refiere a mi memoria: sé cuándo puedo confiar en ella
y cuándo algún sueño o fantasía entro en la vida, y el sueño, la necesidad del
sueño, lleva a la distorsión de lo que sucedió. Así muy pronto supe que las
iras turbulentas de una hija única, las pesadillas de la realidad, las
distorsionaban. Pero creo categóricamente en lo que recuerdo respecto de
Julia.”
El
productor Richard Roth se quedó prendado de este capítulo y consiguió convencer
a Hellman para llevar esta historia a la gran pantalla, para lo que contó con
el guionista Alvin Sargent. El 30 de junio de 1976, mientras la película
entraba en producción, Hellman escribió lo siguiente a Roth sobre el guión de
Sargent, que supervisaba personalmente:
"Esta no
es una obra de ficción y, por esa razón, se deben seguir ciertas leyes... Para
mí, su mayor dificultad es el tratamiento de Lillian como el personaje
principal. La razón es sencilla: sin importar lo que ella haga en esta historia
—y no niego el peligro en el que estuve cuando llevé el dinero a Alemania—, mi
papel fue pasivo. Y nada ni nadie puede cambiar eso a menos que escriban una
historia ficticia y diferente... ¿No es acaso necesario saber que soy judía?
Eso, por supuesto, fue lo que principalmente generó el peligro".
Para dirigirla, Roth contactó con Fred Zinnemann, que había vivido en Europa durante el ascenso del
nazismo, y que como refugiado judío-austríaco que había perdido a sus padres en
el Holocausto, se sintió inmediatamente atraído por la temática antifascista.
Ambientada a
finales de los años 30, la película narra la relación entre dos mujeres unidas
por una amistad inquebrantable desde la infancia: Lillian Hellman (Jane Fonda), una
dramaturga que lucha por encontrar su voz literaria en Nueva York, y Julia
(Vanessa Redgrave), una joven heredera que abandona su vida privilegiada para
mudarse a Europa y combatir el ascenso del fascismo.
La
trama se intensifica cuando Lillian, ya una escritora de éxito (y pareja de
Dashiel Hammet- Jason Robards), viaja a Rusia para una conferencia. En el
camino, es contactada por una red de la resistencia para cumplir una peligrosa
misión: cruzar la frontera de la Alemania nazi transportando fondos secretos
destinados a rescatar a prisioneros políticos. Este viaje no solo pone a prueba
el valor de Lillian ante el peligro real del Tercer Reich, sino que sirve como
el último y definitivo vínculo con su amiga Julia, quien se ha convertido en
una figura clave y perseguida de la oposición clandestina.
La película recibió
a nada menos que 11 nominaciones a los premios Oscar, ganando el Oscar a Mejor Actor
y Actriz de reparto, así cómo también de mejor Guión Adaptado Alvin Sargent, pero
este éxito no estuvo exento de polémica desde su estreno.
En primer lugar la
nominación de Vanessa Redgrave, que se había significado como defensora de la causa palestina con su participación como
productora en el documental “El Palestino” (1.977), supuso que la
ceremonia de los Oscars 1978 fuera objeto de piquetes tanto por parte de la Liga
de Defensa Judía (JDL) como de contra manifestantes que ondeaban banderas de la
Organización para la Liberación de Palestina, lo que le llevó a decir lo
siguiente en el discurso de aceptación de su Oscar a Mejor Actriz de Reparto:
“Mis queridos
colegas, les agradezco muchísimo este tributo a mi trabajo. Creo que Jane Fonda
y yo hemos realizado el mejor trabajo de nuestras vidas, y creo que esto se
debió en parte a nuestro director Fred Zinnemann. Y también creo que es, en parte, porque creíamos y
creemos en lo que estábamos expresando: dos personas entre millones que dieron
sus vidas y estuvieron preparadas para sacrificarlo todo en la lucha contra la
Alemania nazi, fascista y racista.Y los saludo, y les rindo tributo, y
creo que deberían estar muy orgullosos de que en las últimas semanas se hayan
mantenido firmes y se hayan negado a ser intimidados por las amenazas de un
pequeño grupo de matones sionistas, cuyo comportamiento es un insulto a la
estatura de los judíos de todo el mundo y a su gran y heroico historial de
lucha contra el fascismo y la opresión.Saludo ese historial, y los
saludo a todos ustedes por haberse mantenido firmes y haber asestado un golpe
final contra aquel periodo en el que Nixon y McCarthy lanzaron una caza de
brujas mundial contra aquellos que intentaron expresar en sus vidas y en su
trabajo la verdad en la que creían .Los saludo, les agradezco y les
prometo que continuaré luchando contra el antisemitismo y el fascismo. Gracias.”
En segundo lugar
porque a finales de 1979, el programa The Dick Cavett Show emitió una
entrevista con la crítica y novelista estadounidense Mary MacCarthy. Cavett le pidió que mencionara a escritores sobrevalorados y,
en su lista, figuraba la dramaturga estadounidense Lillian Hellman.
La valoración que McCarthy hizo de Hellman fue: «Tremendamente sobrevalorada,
una mala escritora y una escritora deshonesta». Y añadió: «Dije una vez en
alguna entrevista que cada palabra que escribe es una mentira, incluyendo
"y" y "el" ». Para sorpresa de Cavett y de la propia
McCarthy, esta breve pero demoledora crítica pronto desencadenó una batalla
legal que duraría el resto de la vida de Hellman. Ambas mujeres tenían posturas
políticas muy marcadas que les enfrentaban desde hacía más de cincuenta años:
Hellman mantenía posturas comunistas pro soviéticas, mientras que McCarthy era
una liberal antiestalinista.
El 15 de febrero de 1980, apenas
unas semanas después de la emisión del episodio de Cavett, Lillian Hellman
demandó por difamación a Mary McCarthy, a Dick Cavett, y al productor y la
emisora de The Dick Cavett Show por 2,25 millones de dólares. Argumentaba
que los comentarios de McCarthy le habían causado daños psicológicos y
profesionales, y que deberían haber sido eliminados de la entrevista antes de
su emisión. La batalla legal fue agotadora y puso bajo el microscopio cada
párrafo escrito por Hellman en sus memorias, cuestionando su veracidad. El
juicio nunca llegó a celebrarse. En junio de 1984, Hellman murió de un paro
cardíaco. Bajo
la ley de Nueva York, una demanda por difamación no sobrevive al fallecimiento
del demandante.
La reacción de McCarthy al
enterarse no tuvo desperdicio: "No quería que muriera. Quería que
perdiera en los tribunales".
Quizás el único desacierto del filme, fue
venderlo como un relato puramente autobiográfico. Es muy posible que Hellman,
condenada al ostracismo durante años de MacCarthysmo, “adornara” su autobiografía
con el objeto de volver a una primera plana, como así sucedió.
Como
anécdota final y como ejemplo de solidaridad femenina, en contrapunto a la
rivalidad Hellman-MacCarthy, Meryl Streep debutó para la gran pantalla con un
pequeño papel en la película, y así recordaba en 2014, en la entrega del Premio
del American Film Institute a toda su carrera cómo le había ayudado Jane Fonda
en aquellos momentos:
"Hace
casi 40 años, me rodeaste con tu brazo y, como una hermana mayor, me guiaste
hacia la creación cinematográfica. Fui una debutante tardía, tenía 28 años,
acababa de salir de la escuela de arte dramático y conseguí mi primera
película. Era “Julia”, de Fred Zinnemann, y estaba muy nerviosa porque todas
mis escenas iban a ser contigo. Primer día, yo estaba muy nerviosa; y
finalmente me llamaron al set y conocí a Jane Fonda por primera vez. Tenía una
fiereza en alerta, como una brillante atención azul a todo lo que la rodeaba
que era completamente intimidante y me hacía sentir como si yo fuera un bulto y
de Nueva Jersey... que lo soy. Pero ensayamos una vez y luego simplemente
empezamos a rodar; y fue genial. No hice exactamente lo mismo que había hecho
en el ensayo en la primera toma, pero en la segunda toma pensé: 'Bueno,
intentaré algo distinto, me siento viva, me siento realmente bien aquí'. Y Jane
me dijo: 'Mira hacia abajo'. Y yo dije: '¿Qué?'. Ella dijo: 'Allí. Esa cinta
verde en el suelo. Esa eres tú. Esa es tu marca'. 'Y si aterrizas en ella,
estarás en la luz y estarás en la película'. Y me dije: 'Amo a esta mujer'".
La
penúltima obra de teatro de Lillian Hellman, “Toys in the attic/Cariño
amargo”, escrita en 1959, es claramente autobiográfica, Hellman no podía
escapar de la influencia que sus raíces sureñas tuvo en su vida y en su obra,
de las que habló en una entrevista que dio en 1960 para la BBC:
BBC:¿Cómo de profundas son sus raíces en el Sur?
LH: Supongo
que muy profundas, porque sigo volviendo a él. Sólo me crié en parte ahí, también
crecí en el Norte. El Sur es un lugar interesante porque ha producido, como
usted sabe, un grupo de escritores muy interesantes en la última o dos últimas
generaciones (Faulkner, Welty, McCullers, Tennessee Williams). No sé porqué antes
no hubo tantos escritores, estaba aún sin florecer. Quizás la Guerra Civil hirió tan profundamente y mató tanto en el Sur,
que mató a los escritores del Siglo XIX y de comienzo del XX, y entonces hubo un gran florecimiento de escritores en el Sur. Es un lugar más bien excéntrico, probablemente el único lugar
excéntrico que queda en Estados Unidos. La gente está más aislada, los pueblos
son más pequeños, la gente se conoce mejor, tienen raíces más extrañas y
profundas, y al final, mejor material para una obra.
Como indica en la entrevista, Hellman nació el 20 de junio de 1905 en Nueva Orleans y cuando
tenía cinco años, su familia se mudó a Nueva York, comenzando así la crianza peculiar
que marcaría sus primeros años, viajando entre Nueva Orleans (donde era acogida
en la casa de sus tías paternas) y Nueva York, pasando medio año en cada una de
las ciudades hasta los dieciséis años y asistiendo a escuelas en ambas
ciudades. No obstante, Hellman se definió siempre como sureña, ya que ambas ramas
de su familia estaban enraizadas en el Sur desde generaciones atrás.
El tiempo que
Hellman pasó en Nueva Orleans le marcó para el resto de su vida, en su
biografía “Una mujer inacabada” llego a decir: "Regresamos a Nueva
Orleans el año siguiente y los años posteriores hasta que cumplí dieciséis, y
siempre fueron los mejores momentos de mi vida".
La obra se estrenó en
el Teatro Hudson de Broadway y duró 456 representaciones
en el cartel, y fue dirigida por Arthur Penn (que en 1966 llevaría a la
pantalla “La Jauría Humana” con guión de Hellman) , que no guardaba buen
recuerdo de la presencia de Hellman en los ensayos: "Los actores le tenían
miedo a Lillian. Era muy criticona". La dramaturga se sentaba en el teatro
a oscuras, tosiendo cada vez que desaprobaba algo. Penn finalmente le dijo:
"Vete a casa y despídenos a todos si no te gusta. Pero no te quedes ahí
sentada tosiendo. Les das un miedo de muerte".
La
adaptación cinematográfica de la obra teatral de Hellman fue dirgida en 1.963
por George Roy Hill, con guión de James Poe.
La
elección de Dean Martin para el papel principal protagonista masculino no fue
bien recibida por la crítica, lastrado por su faceta cómica, se pensaba que Martin
sería incapaz de dar a su papel de Julian el dramatismo necesario, el mismo que
le había valido a Jason Robards para ganar un premio Tony por la interpretación
teatral.
Precisamente
el personaje de Dean Martin, Julian Beniers, está basado en el padre de
Hellman, Max, quien era adorado por sus dos hermanas y se convirtió en un
exitoso vendedor después de que su primer negocio fracasara.
El
encantador Julian Berniers (Dean Martin) ha sido, durante toda su vida, el
centro de las atenciones de sus dos hermanas solteronas, Anna (Wendy Hiller) y
Carrie (Geraldine Page), la hermana mayor dominante que tiene una obsesión
enfermiza, casi incestuosa, con su hermano.
Cuando Julian
regresa a la casa familiar en Nueva Orleans con su joven y reciente esposa Lily
Prine (Yvette Mimieux), sus hermanas reciben a ambos con cierto escepticismo y
enorme sorpresa al conocer que ha hecho una enorme fortuna de una manera poco
clara. Gene Tierney interpreta a
Albertine, madre de Lily, que mantiene una escandalosa (para la época) relación
con su chófer, un hombre de color.
La
crítica (y también el público) recibieron de manera desigual este filme,
considerando que en su adaptación había perdido parte de la esencia de su obra
original, a modo de ejemplo dejamos aquí la crítica de Variety: “Toys in
the Attic es una versión un tanto descafeinada de la obra de Lillian
Hellman, pero se ha conservado suficiente de la salvajez emocional original
como para satisfacer a quienes prefieren su carne melodramática cruda y
correosa. Toys in the attic está
ambientada en el Profundo Sur y generosamente atiborrada de una carga tan
"enferma" como el incesto, el adulterio, la imbecilidad, la lujuria y
algunas otras populares "delicias" del folclore local.”
Seguimos con la revisión
de la Retrospectiva dedicada en el pasado Festival de Cine de San Sebastián a
la autora teatral y guionista Lillian Hellman. Hoy hablaremos del único guión
en el que Hellman fue acreditada oficialmente después de su comparecencia ante
la HUAC del Senador McCarthy (llamada) en 1952.
Se trata de “La Jauría
Humana/The Chase”, adaptación de la obra de teatro y novela de Horton Foote,
dirigida en 1966 por Arthur Penn.
La acción se sitúa
en un pequeño pueblo del condado de Tarl (Texas), donde el banquero Val Rogers
ejerce una gran influencia, la noche en que llega la noticia de que Bubber
Reeves (un joven Robert Redford) ha escapado de prisión.
El sheriff Calder
(interpretado por Marlon Brando) espera el regreso de Reeves a su pueblo natal
con inquietud. También inquieta, por otras razones, le espera su esposa Anna (Jane
Fonda) que mantiene un romance con Jake, el mejor amigo de Bubber e hijo de Val
Rogers.
Bajo el bochorno
de una noche de verano en Texas, el sudor y el alcohol actúan como mecha para
un pueblo que espera cualquier pretexto para estallar en una violencia
colectiva e imparable.
La película recuerda
por momentos la atmósfera asfixiante de “Río Bravo”. Si en “Río Bravo” el
John T.Chance (John Wayne) es un héroe que resiste un asedio de forasteros, en “La
jauría humana” el Sheriff Calder (Brando) tiene que enfrentarse a sus propios
vecinos para evitar el linchamiento de un inocente.
Brando ofrece una
de sus interpretaciones extremas, el propio Penn confirmó que Brando le sugirió cómo rodar la escena de la paliza que sufre
a manos de la gente del pueblo: "Eso fue idea de Marlon. Dijo: 'Sabes,
creo que la paliza debería ser realmente salvaje'. Y yo le dije: 'Sí, pero
¿cómo vas a conseguir que sea tan salvaje?'. Así que me enseñó cómo hacerlo,
que consistía en filmar con los actores moviéndose a cámara lenta y la cámara a
velocidad acelerada. No se nota, solo fueron unos pocos fotogramas más rápido,
pero fue asombroso"
Es una idea sencilla, pero la escena —que se desarrolla a lo largo de tres agónicos minutos— sigue
siendo aterradoramente efectiva.
“La Jauría humana”
fue la cuarta película de Arthur Penn, rodada inmediatamente ante de su éxito “Bonnie
and Clyde” pero su director no quedó satisfecho con la película, al haber sido
excluido por el productor Sam Spiegel del proceso de postproducción (que tuvo
lugar en Londres, ciudad a la que Penn no se podía desplazar por tener compromisos
profesionales pendientes en Nueva York), y en los años siguientes en varias
entrevistas la recordó con amargura:
"Todo lo
que haga de ahora en adelante será independiente, bajo mis propios términos.
Tienes que tener las ideas y las agallas para llevarlas a cabo. No tocaré nada
que no pueda controlar hasta el final. Y con lo que no pueda divertirme. Nada
vale la pena si no te diviertes. Lillian Hellman no me dirige la palabra en
absoluto" Entrevista en The New York TimesFeb. 13, 1966.
“Todo en esa
película fue una decepción, y estoy seguro de que todos los directores han
pasado por la misma experiencia al menos una vez. Es una lástima, porque podría
haber sido una gran película" Interviews with Film Directors
(1967), editado por Andrew Sarris.
Sin embargo, si
bien tuvo un discreto éxito en su estreno, la película fue elogiada por la
crítica, y Dave Kehr la calificó como una de las obras 'más personales y
febrilmente creativas' de Penn.
Arthur Penn y Jane Fonda durante el rodaje
En cuanto a Lillian
Hellman también sufrió en su obra los recortes y modificaciones no deseadas de Sam
Spiegel, como cuenta la biógrafa del productorNatasha Fraser-Cavassoni:
«Desde el principio,
Hellman estuvo de acuerdo con Spiegel en que La jauría humana "debería ocuparse de una
sociedad que no está demasiado alejada de la vida en la frontera". Ella
subrayó que "una sociedad así llevaría consigo la violencia, o la
posibilidad de ella, porque debe albergar a muchas personas desplazadas que
descubren que las fronteras ya no existen". También añadió que
"Texas, a diferencia de la mayor parte del Sur, es rico y poderoso, y a
menudo muestra una especie de ira porque sus convicciones no gobiernan al resto
de Estados Unidos... Yo diría que esta es una de las razones de los escupitajos
a Adlai Stevenson y, posiblemente, una de las razones del manejo —no el asesinato en sí—
del crimen de Kennedy. También explica lo del Sr. Ruby"».
«Después de que Hellman
entregara el guion, Spiegel seguía sintiendo que necesitaba trabajo y trajo a
Ivan Moffat (Gigante, 1956; Suave es la noche, 1962) para
reescribirlo. "Era una mala versión de Solo ante el peligro [1952]", admitió Moffat,
cuya propia reelaboración del libreto también incluyó nuevas versiones del
propio Horton Foote. Cuando Hellman leyó el nuevo borrador, no quedó satisfecha
y declaró: "la mordacidad, la frescura y la crítica se han perdido por
completo en muchos fragmentos, y se ha filtrado una cualidad anticuada aunque
bastante bien organizada"».
A pesar de todas estas modificaciones y recortes, la realidad es que la película ha sobrevivido como un fiel retrato de la época en que fue rodada.
“Another
part of the forest/La otra cara del bosque”, precuela de "La Loba/The little foxes"(tanto la obra en que se basa
como le película del mismo título) tiene la peculiaridad que está escrita siete
años después.
En una
entrevista otorgada a The Paris Reviewen 1962, Lillian Hellman habla sobre el origen
de la obra:
ENTREVISTADOR ¿Qué la impulsó a volver al tema y a los personajes
de La loba (The Little Foxes)? Solo siete
años después escribió La otra
parte del bosque (Another
Part of the Forest).
HELLMAN: Siempre tuve la intención de hacer de La loba una trilogía. Regina, en La loba, tiene unos treinta y
ocho años y corre el año 1900. Mi intención era retomar su historia hacia 1920
o 1925, en Europa. Y su hija, Alexandra, se habría convertido quizá en una
trabajadora social algo solterona, decepcionada, una mujer bastante colérica.
ENTREVISTADOR:En el tercer acto de La loba hay un discurso que lleva todo el peso de la
obra. Dice que hay gente que se come la tierra y a todas las personas que hay
en ella, como las langostas de la Biblia. Y que hay personas que dejan que lo
hagan. «A veces pienso que no está bien quedarse mirando cómo lo hacen». Al
final de la obra, Alexandra decide que no va a ser una de esas personas
pasivas. Va a dejar a su madre.
HELLMAN:Sí, mi intención era que se marchara. Pero para mi
gran sorpresa, el final de la obra se tomó como una declaración de fe en
Alexandra, en su negación de su familia. Nunca fue mi intención. Ella tuvo el
valor suficiente para irse, pero nunca tendría la fuerza o el vigor de la
familia de su madre. Eso es lo que quería decir. O tal vez me lo inventé
después.
La obra
se estrenó en Broadway a finales de 1946,
bajo la dirección de la propia Hellman y se mantuvo en cartel durante 182
representaciones y se puede considerar un éxito más discreto que “La Loba” que
llegó a las 410 representaciones
sólo en Broadway antes de ser llevada de gira por todo el país.
Su
adaptación cinematográfica, de 1948, esta vez no contó con guión de Hellman,
sino de Vladimir Ponzner, y fue dirigida por Michael Gordon.
La
acción se sitúa en 1880, quince años después del fin de la Guerra Civil Americana
y explica las raíces del odio y la ambición de la familia Hubbard.
El patriarca, Marcus Hubbard, es un hombre tiránico
que se ha enriquecido mediante la especulación durante la Guerra Civil, lo que
le ha ganado el desprecio de sus vecinos aristócratas.
Marcus mantiene un
control absoluto y cruel sobre su familia: humilla a su esposa Lavinia, que se
refugia en la religión y la demencia; desprecia a su hijo mayor Benjamin y
trata como a un sirviente a su hijo menor Oscar. Solo siente una devoción
enfermiza por su hija Regina, a quien consiente mientras ella aprende a
manipularlo.
LAVINIA: Por Dios, Marcus. Es una mezquindad de cerdos eso de
ser pobre. Te arrebata la dignidad.
MARCUS: Es cierto, Lavinia. Y una buena razón para seguir
siendo rico.
Esta
frase de Marcus Hubbard (interpretado con fuerza por Fredric March, casado en
la vida real con Florence Eldridge -Lavinia Hubbard en la
película) resume el motivo que mueve a esta familia y que justifica
todas las atrocidades que cometen después tanto Marcus como sus hijos.
La trama estalla cuando los hijos, cansados de las humillaciones y de la tacañería
de su padre, comienzan a conspirar para arrebatarle su fortuna. La tensión
alcanza su punto álgido cuando Benjamin descubre un oscuro secreto del pasado
de Marcus relacionado con su fortuna de guerra. Este descubrimiento desata un
chantaje implacable que cambiará las dinámicas de poder en la casa, demostrando
que los hijos han superado al maestro en el arte de la traición y la falta de
escrúpulos.
Quizás
esta película, en comparación con su pretendida secuela “La Loba” adolece
dedos defectos. Por un lado, no tiene en
su haber técnico la fabulosa dirección de Wiliam Wyler y la fotografía de Gregg Toland
que utilizan lenguaje cinematográfico para elevar el teatro, mientras que “Another
Part of the Forest” se queda en una buena representación teatral puesta frente
a una cámara.
Por
otro lado, su protagonista, y es que aunque Ann Blyth hace un buen trabajo como
Regina, es complicado competir contra un personaje tan icónico como el creado
por Bette Davis, que no sólo interpretó a Regina, sino que le imprimió su sello
personal.
Como
curiosidad diremos que Birdie (la cuñada de Regina) está interpretada por BetsyBlair, ocho años antes de cruzar el charco para ser la protagonista de “Calle Mayor” 1.956 de Juan Antonio Bardem.
Hoy hablamos de
una película que contó con el mismo director tanto para la obra original como
para su remake.
Al igual que Leo
McCarey dirigió el propio remake de su película “Tú y yo/Love Affair” de 1939, dieciocho
años después bajo el título “An Affair to remember (1957), William Wyler se
lanzó en 1.961 a hacer su propia versión de “These Three” (1936) bajo el título
original de la obra de teatro de Lillian Hellman en la que se basaba, “The Children´s Hour”, en España denominada "La calumnia".
Liberado de la
presión del productor Samuel Goldwyn, Wyler quiso abordar una adaptación más
fiel a la obra original de Hellman, veinticinco años después.
Para ello contó
como protagonistas con Audrey Hepburn que había trabajado con él en “Vacaciones en Roma” en 1953)como Karen Wright y con una emergente Shirley MacLaine
(que el año anterior había protagonizado “El apartamento”) como Martha Dobie.
Como dato
curioso, Wyler ofreció sendos papeles secundarios a las actrices que
interpretaron a las Karen y Martha originales, pero mientras que Miriam Hopkins
-la Martha de 1936- aceptó interpretar a la tía de Martha, Merle Oberon
- Karen en la versión original- rechazó el papel de la Sra. Tilford, por
entender que el personaje no se adecuaba a su edad.
En el ocaso del Código Hays (que terminaría por
ser eliminado definitivamente en 1968), la versión de 1961 se mantuvo más fiel a
la obra original, no ocultando la temática lésbica, dejando a un lado el
triángulo amoroso convencional de su original de 1936, pero abocando a Martha a
un final trágico y fatalista, cumpliendo con las exigencias del Código Hays que
dictaban que toda “perversión sexual” debía ser castigada.
Su
autora original, Lillian Hellman siempre defendió que esta obra no giraba tanto
sobre la homosexualidad de una de sus protagonistas, como sobre el poder
destructor de una mentira, pero por lo que destacó en su estreno es por ser una de las primeras películas en la que un personaje principal es homosexual. Tanto es así que en España no se estrenaría hasta 1.969.
En el documental “El celuloide oculto”(1.995) de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, Shirley MacLaine rememora sus recuerdos sobre el rodaje y cómo fue enfocada la cuestión principal por parte de sus protagonistas, lo que refleja claramente el tabú existente en aquella época sobre esta materia:
“Cuando hicimos la película no se hablaba claramente sobre la homosexualidad. Era la denuncia de una niña pero podía tratarse de cualquier otra cosa. Ninguno de nosotros éramos plenamente conscientes, puede que fuéramos los precursores, pero la verdad, no fue así porque no hicimos la película apropiadamente. En aquel momento no entendíamos bien lo que hacíamos. Hoy en día esto produciría una gran polémica como es obvio, ¿por qué iba a derrumbarse Martha y decir: ´Dios mío, ¿qué me pasa? Soy una pervertida. He destrozado tu vida.´ No, ahora lucharía, lucharía por defender su sexualidad recién descubierta, y si uno se fija, cuando Martha interpreta aquella escena, nadie cuestiona porqué dice aquello, ni cuáles son las alternativas posibles que subyacen en el diálogo. ¡Es alucinante! No sabíamos nada. Las profundas implicaciones de este tema no salían a relucir en nuestros ensayos. Audrey y yo nunca hablamos de esto, ¿no le parece increíble? Realmente increíble.”
La escena crucial de la película a la que se
refiere MacLaine es esta:
Martha: Siempre ha habido algo malo.
Karen: Deja de decir tonterías.
Martha: Soy culpable.
Karen: ¡No eres culpable de nada!
Martha: Desde la noche en que oí a esa niña decirlo me he
repetido eso mismo, he estado rezando para convencerme de ello; pero ya no
puedo. Es algo que está ahí. No sé cómo. No sé por qué, pero te quería. Y te
quiero aún. Tu futuro matrimonio me desagradaba, puede que porque te deseaba.
Karen: Todo eso es mentira. Te estás engañando. Nosotras
nunca pensamos la una en la otra en ese sentido.
Martha: No, tú no; pero ¿quién dice que yo no lo hiciera?
Nunca he sentido por nadie lo que siento por ti. Nunca he amado a ningún hombre
y hasta ahora no he sabido por qué. Quizá sea por eso.
Karen: Estás enferma y cansada.
Martha: Tiene gracia, todo se confunde. Hay algo en ti, y tú
no lo sabes porque no tienes ni idea de que está ahí. Hasta ahora no podía
ponerle nombre, pero ahora sí. Está ahí, ha estado ahí desde que te conocí. No
sé... ahora me doy cuenta de todo. Te he destrozado la vida y de paso he
destrozado la mía. ¡Me siento tan sucia y tan mal que no puedo soportarlo!
Karen: Nada de esto es verdad. Tú nunca lo has dicho y
mañana lo habremos olvidado.
El propio Wyler no quedó satisfecho con el
resultado, llegando a decir sobre el mismo: “He sido demasiado fiel al
original y no he hecho ningún esfuerzo para ponerlo al día sin darme cuenta que
han pasado treinta años.”
En nuestra opinión debemos dar la razón a Lillian Hellman en que el mensaje intemporal de esta obra no
reside tanto en la orientación sexual de su protagonista, hoy en día un tema ya superado, como en la capacidad
devastadora de una calumnia puede tener para una pequeña sociedad.
Aparcamos por un momento el cine clásico y la Retrospectiva de Lillian Hellman para hablar de una película de cuyo visionado disfrutamos mucho en el pasado mes de Septiembre en el Festival de Cine de San Sebastián (en la Sección Perlak, proveniente del Festival de Cannes), y que se estrena el próximo 20 de febrero en cines en toda España.
Se trata de “El Agente Secreto/O Agente Secreto” (2.025) película brasileña dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizado por Wagner Moura.
La historia se sitúa en Brasil, en el año 1977, Marcelo Alves (Wagner Moura), huye con su pequeño hijo desde São Paulo hacia su ciudad natal, Recife, encontrando refugio en una pequeña comunidad liderada por Doña Sebastiana. Mientras indaga sobre sus orígenes familiares descubre que Recife no es un lugar tan seguro como pensaba, y que necesita encontrar la manera de salir del país y de llevarse a su hijo antes de que sea tarde.
Esta película no sólo retrata fielmente el Brasil de una época muy determinada de su historia (durante la dictadura militar bajo el gobierno de Ernesto Geisel), sino que también refleja un homenaje de su director y guionista a las películas que vio de niño. El año pasado 2025 se cumplieron 50 años del estreno de “Tiburón/Jaws” (1.975) de Steven Spielberg, película que impactó en toda una generación de niños de los 70-80, entre los que me incluyo.
En una reciente entrevista de Diciembre de 2025 el director Mendoça habla para Filmmaker Magazine de lo que supuso para él el estreno de la película cuando tenía apenas 7 años:
“Tiburón se estrenó en Brasil en las Navidades de 1975. Yo ya era un cinéfilo muy joven y mi madre apoyaba mi pasión. Íbamos siempre juntos al cine.
Por aquella época, los cines no solo eran cines: también eran exhibiciones de pósters y fotocromos. Esos carteles en sus fachadas fueron un factor clave de mi amor por el cine.
Cuando Tiburón se estrenó no era apta para niños como yo, pero sí estaba presente en los accesos a los cines. Yo me obsesioné con el póster [como hace Fernando en el filme]. Así que, sí, yo soy Fernando: mi obsesión por Tiburón no tuvo límites.
Todas estos detalles te forman como cinéfilo, no solo las películas, pero los pósters que estimulan tu mente de joven. Hoy en día uno descubre las cosas de cine a través de los móviles. No es lo mismo...”.
No es la única conexión de la película con el “Universo Spielberg” ya que Mendoça, en su amor por las lentes anamórficas de formato de pantalla ancha, y en concreto en formato Panavisión, comentó recientemente que al revisar el inventario de Panavisión descubrió que uno de los objetivos que usó para la película era precisamente el que usó Vilmos Zsigmond para Spielberg en “Encuentros en la tercera fase” precisamente en 1.977, y que le sirvió para ganar el Oscar a la Mejor Fotografía en 1.978, mayor serendipia cinéfila es imposible de encontrar.
La película además ha sido nominada a cuatro Oscars este año 2026: Mejor Película, Mejor Película Internacional, Mejor Actor Protagonista (merecida nominación para Wagner Moura) y Mejor Dirección de Casting.
Le deseamos mucha suerte en la próxima edición de los permios Oscar porque verdaderamente lo merece, es un thriller trepidante que combina una estupendo ejercicio de memoria histórica y amor por el cine.
Llegamos a la último de
los dramas bélicos del ciclo sobre Lillian Hellman. Se trata de “The searching
wind” (1.946), película dirigida por el alemán William Dieterle, basada en
la obra de teatro de la propia Hellman, que a su vez se encargó del guión de la
película. Esta película no fue estrenada en España y por este motivo hay que traduce su título de manera literal "El viento que busca" o también de manera más prosaica "Un amor cual ninguno".
La obra de teatro “The Searching Wind” se estrenó en
Broadway en 1944 y, al igual que las anteriores obras de Hellman tuvo
un gran éxito llegando a ser representada durante 318 funciones. Montgomery
Clift formó parte del reparto original, que fue dirigido, cómo no,
por Herman Shumlin. Recordemos que Clift desarolló una extensa carrera teatral, de más de diez años, antes de dar el salto al cine con "Río Rojo" en 1.948.
Fotografía de la representación teatral
de "The Searching Wind"
Veinte años más tarde, en una entrevista concedida a John Phillips y Anne Hollander para la revista The Paris Review en 1964 (publicada en el número 33 de la serie The Art of the Theater) Hellman dijo sobre su obra:
Lillian Hellman: Supongo que The Searching Wind es lo más parecido a una obra política que he hecho jamás, quizás por eso ya no me gusta tanto. Pero incluso a pesar de ello trataba sobre el tipo de personas que había estado viendo en Europa, la gente agradable y bienintencionada que ayudó a crear el desastre mundial.
Entrevistador: Tal vez esta fue la única obra en la que te preocupaste más por una situación de crisis que por tus personajes.
Lillian Hellman: Sí, pero no lo sabía mientras la estaba escribiendo. Sentía con mucha fuerza que la gente nos había metido en una situación terrible; nos habían arrastrado a una guerra que podría haberse evitado si se hubiera reconocido al fascismo lo suficientemente pronto.
Al
igual que en “Alarma en el Rin”, Hellman utiliza un contexto doméstica y familiar para criticar
la posición tibia ante el auge del nazismo de muchos diplomáticos americanos destinados
en la Europa entreguerras, y lo hace con un recurso al que recurría habitualmente,
el triángulo amoroso.
La
acción de "The Searching Wind" se inicia y concluye en Washington, D.C., en la casa familiar de los Hazen en 1944. El
diplomático Alex Hazen (Robert Young) y su esposa Emily (Ann Richards) reviven,
durante la visita de la amiga de ambos Cassie Bowman (Sylvia Sidney) a modo de
diferentes flashbacks, a través de distintas
escenas que tienen lugar en los años 1922, 1923 y 1938 Roma, Berlín y París los
años determinantes de su juventud de las complejas relaciones entre los tres.
Los dos
personajes femeninos, Emily Hazen y Cassie Bowman, amigas de infancia, se
reencuentran esa noche. La primera es una rica heredera, con la independencia
económica solucionada, y la segunda es una reportera que ha elegido la
independencia de una carrera frente la tranquilidad de una vida familiar.
Ambas
mujeres están enamoradas de Alex, que dejó a Cassie para casarse con Emily, y
lo cierto es que a lo largo de todo este tiempo él ha mantenido el contacto y
la relación con la primera.
El drama
romántico se superpone con la situación dramática de la Europa entreguerras y
la indecisión personal de Alex Hazen entre las dos mujeres de su vida:
Cassie: […] Hace mucho tiempo te
pregunté si ibas a sentirte culpable. […]
Alex: Y yo te dije entonces que
era algo entre yo y tú, y entre yo y Emily. No me siento culpable.
Emily invita
a cenar a su amiga para averiguar de una vez por todas la verdad sobre la relación
entre ella y su marido Alex:
«Cuando
me enteré de que estabas en Washington, supe que tendríamos que vernos y
terminar con esto. Siempre ha sido algo entre los tres, toda la vida. No
podemos continuar así».
El
hijo de la pareja, Sam, herido gravemente en la guerra y que ha sido testigo de
las atrocidades de la misma, descubre esa noche más de lo que querría saber
sobre el pasado de sus padres y su responsabilidad indirecta en la contienda, y
representa el reproche moral a la ceguera diplomática frente al avance del
fascismo.
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