
La semana pasada vi “El Crack” de Jose Luis Garci y, aunque tenía el lejano recuerdo de haberla visto alguna vez por televisión, para mi fue como verla por primera vez.
La película comienza con una dedicatoria a Dashell Hammet que es toda una declaración de
intenciones, el particular homenaje de Garci a la novela de detectives y al
cine negro norteamericano:
“A mí me gustaban mucho las
películas policíacas (antes, cuando yo era joven, no se decía “cine negro”
ni film noir ni nada de eso, se decía “películas
policíacas”). Luego, cuando empezamos a leer, descubrimos las portadas
amarillas de la literatura francesa y también el cine americano, que empezó a
cambiar haciendo películas más oscuras y héroes diferentes; más indefensos y a
la vez más solitarios y desencantados. Todo era más negro en todos los
aspectos, empezando por la iluminación. Claro, el cine negro viene del
expresionismo alemán, donde la luz es tan distinta que ya no ilumina por
completo las caras de las mujeres sino una parte nada más, otorgando un brillo
especial a los ojos, a las bocas. Yo era un enamorado de ese cine y por eso
quise hacerlo. Por eso hice El crack, que se llama
así por el crujido, “crack”. Y bueno, Alfredo Landa y yo hablamos mucho y
estábamos muy de acuerdo en todo, y Germán Areta, el protagonista, es un guiño
al propio Alfredo, que es Areta de segundo apellido. “
Jose Luis Garci, entrevista de Maria José Solano publicada en Zenda Libros.
Desde la mítica primera escena
,
tan mítica que se dice -algo no confirmado- que inspiró a Quentin Tarantino la
escena inicial del atraco de “Pulp Fiction” (1.994) y su no menos mítica frase “ Vareta, dame el
mechero o te quemo los huevos" Garci nos presenta a
German Areta, también apodado “El piojo”, un ex policía reconvertido en
detective privado que vive bajo sus propias reglas y define su profesión con
pocas palabras: «Mi trabajo
es como otro cualquiera: duermo poco, ando mucho, y lo que veo no me gusta…».
Germán Areta anda, y mucho, por un Madrid (el de mi
infancia) que ya no existe. De fondo, como un personaje más, vemos desfilar los
numerosos cines de la Gran Vía, Galerías Preciados, el Frontón Madrid (que
cerró en 1982) y el restaurante de Torres Blancas.
Un empresario de Ponferrada acude a Areta para que localice a su hija Isabel que lleva dos años desaparecida. El avance de la investigación molestará a gente de mucho poder que no dudarán en hostigarle y atacarle personalmente para que no llegue hasta el final.
A pesar del homenaje al cine negro norteamericano, y a de su protagonista a Nueva York incluido, nos encontramos con un detective que no trabaja en solitario (sino con su ayudante apodado “El Moro”, interpretado por Miguel Rellán) y tampoco pierde los papeles por una femme fatale, sino que corteja pacientemente a una madre soltera, Carmen y establece una bonita relación paternofilial con su pequeña hija Maite.

Alfredo Landa encontró en Germán Areta un personaje
con el que desmarcarse definitivamente del “Landismo” y sería uno de sus
personajes más recordados junto con el Paco de “Los Santos Inocentes” (1.984)
que le llevaría a ganar el premio de mejor interpretación masculina en el Festival
de Cannes, junto con Paco Rabal.
Os dejo con las imágenes de Landa paseando por Nueva York, como curiosidad diremos que Garci rodó estas escenas exteriores - en la Quinta Avenida, el Aeropuerto JFK, puente de Brooklyn etc...- sin ningún tipo de permiso de rodaje:




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