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jueves, 17 de marzo de 2011

EL RÍO


El martes veía en el cine "El río" (1.951) de Jean Renoir, y me acordaba una y otra vez de la deliciosa "Verano en Louisiana" (Man in the moon) de Robert Mulligan, que comparte tantas cosas en común con la primera (la pérdida de la inocencia, el primer amor,la rivalidad amorosa, la tragedia inesperada...) que inevitablemente pienso que está inspirada en ella de alguna un otra manera.

"Esta es la historia de mi primer amor, en ella se cuenta lo que es crecer a orillas de un río salvaje, aunque el primer amor debe ser igual en todas partes".

Con la voz en off de Harriet, que nos habla desde la madurez de una época que cambió su vida, da comienzo esta película. El padre de Harriet es un británico, gerente de una fábrica de tejidos que se encuentra a orillas del Ganges (India), en los años previos a la independencia del país.

La tranquila vida que lleva toda la familia, bastante integrada en las costubres locales, se verá alterada por la llegada del Capitán John. Éste un militar herido en la Segunda Guerra Mundial, familiar de su vecino, que es invitado por éste a pasar una temporada en la India. El atormentado y melancólico Capitán John, pronto llama la atención tanto de Harriet, como de su amiga Valerie (que se encuentra pasando una temporada con su familia) y de Melanie, la hija mestiza del vecino. Las tres jóvenes experimentan de diferentes maneras su fascinación por el militar, e intentarán acercarse a él, con menor o mayor éxito, con el omnipresente río de telón de fondo, a modo de metáfora sobre el discurrir de la vida y la muerte.

Capitán John:¿Lloras por que me voy?

Valerie: No, no lloro porque te vas, lloro, porque se va todo
.



Esta maravillosa película, una de las primeras en utilizar el Technicolor en la India, destaca no sólo por la manera de reflejar de una manera muy veraz (los actores no eran profesionales por expreso deseo de Renoir) las convulsiones que se experimentan ante el primer amor, sino también por reflejar las costumbres indias casi de modo documental.



*POST RELACIONADOS:

MAN IN THE MOON
ESTA TIERRA ES MÍA
PRIMER AMOR

jueves, 2 de diciembre de 2010

ABOGADOS



Estas dos semanas han sido de mucho ajetreo en el trabajo, y los juicios me han mantenido alejada del blog. Por eso quería compartir con vosotros este post donde doy un repaso a mis abogados favoritos de cine, aquellos a quienes me gustaría parecerme algún día.

1. ATTICUS FINCH (Gregory Peck) en "Matar un ruiseñor" (1.962)de Robert Mulligan.

Sin duda mi favorito, Finch no sólo es un padre ideal y un ciudadano ejemplar, sino que ejerce la abogacía con responsabilidad, hasta el punto de pasar la noche apostado en la puerta de la comisaría con un arma para evitar que su cliente sea objeto de un linchamiento. Su visión de la Justicia y del Sistema Judicial queda reflejada en su alegato final:

"El acusado no es culpable pero alguien en este tribunal lo es. Ahora, señores, en este país nuestros tribunales son los grandes niveladores. En nuestros tribunales todos los hombres fueron crearon iguales. No soy un idealista que crea firmemente en la integridad de nuestros tribunales y de nuestro sistema de jurado. Ese no es un ideal para mí. ¡Esta es una realidad viviente! Ahora, tengo confianza que ustedes, señores, revisarán sin pasión la evidencia que han oído, tomarán una decisión y restituirán este hombre a su familia. En el nombre de Dios cumplan con su deber.En el nombre de Dios crean en Tom Robinson."



2. FRANK GALVIN (Paul Newman) en "Veredicto final" (1.982) de Sidney Lumet.

Hace unos meses vi por vez primera esta película de Lumet, de la que os hablé aquí, que refleja como pocas la soledad con que (muchas veces) un abogado se enfrenta a una causa que, a todas luces, parece perdida.

Frank Gavin ha perdido toda confianza en recuperar su vida y su prestigio profesional desde que fue injustamente acusado de perjurio, y lo único que le mantiene aferrado a una y otro, es el convencimiento de que la causa de negligencia profesional que recae en sus manos llegue hasta un veredicto de culpabilidad para los responsables.

GALVIN: Es posible, sí. Ese es el tema... es posible... sabes, el Jurado quiere creer. Todo el mundo es cínico, claro, porque quieren creer en algo. Yo tengo que ir allí mañana y encontrar a doce personas que presten atención a este caso. Veré a unas cien personas y escogeré a doce. Y todos ellos llevarán escrito en su cara: "Esto es falso, la Justicia no existe.." Pero en su corazón están diciendo: "Es posible, es posible"...

LAURA: ¿Qué es posible?

GALVIN: Es posible que haga algo bueno.

LAURA: ¿Y eso es lo que vas a lograr?

GALVIN: Eso es lo que voy a intentar.




3.SIR WILFRID ROBARTS (Charles Laugthon) en "Testigo de cargo" (1.957) de Billy Wilder.

Una escena que siempre me llamó la atencion de esta película es aquella en la que el personaje interpretado por el(siempre perfecto) actor Charles Laughton interroga a su potencial cliente Leonard Vole (Tyrone Power)con la infalible "prueba del monóculo": mientras le hace preguntas enfoca su monóculo a sus ojos, para ver si éste vacila y por consiguiente no dice la verdad.

El célebre actor basó su personaje en su letrado, el británico Florance Guedella (que curiosamente también era el abogado de Marlene Dietrich), conocido por usar su monóculo al interrogar a testigos. A más de un abogado que conozco nos gustaría tener un método semejante para averiguar si nuestros clientes dicen la verdad y no llevarnos sorpresas en sala :).

miércoles, 9 de diciembre de 2009

MATAR UN RUISEÑOR (2)


—Hola, señor Cunningham.

Por lo visto, él no me oyó.

—Hola, señor Cunningham. ¿Cómo marcha su vinculación?

Estaba bien enterada de los asuntos legales del señor Cunningham; en cierta ocasión Atticus me los había explicado al detalle. El hombre, muy alto, pasó los pulgares por debajo de los tirantes de su mono. Parecía incómodo; carraspeó y apartó la mirada. Mi amistoso saludo había caído en el vacío.

El señor Cunningham no llevaba sombrero; tenía la mitad superior de la frente muy blanca, en contraste con la cara, requemada por el sol, lo cual me hizo pensar que casi siempre llevaba la cabeza cubierta. Entonces movió los pies, protegidos por gruesos zapatos de trabajo.

—¿No me recuerda, señor Cunningham? Soy Jean Louise Finch. Una vez usted nos trajo nueces, ¿se acuerda? —Yo empezaba a experimentar la sensación de ridículo que le invade a uno cuando alguien se niega a reconocernos—. Voy a la escuela con Walter —insistí—. Es su hijo, ¿verdad? ¿Verdad que lo es, señor?

El señor Cunningham se dignó hacer un leve movimiento afirmativo con la cabeza. Después de todo, me había reconocido.

—Va a mi curso y saca buenas notas. Es un buen muchacho —añadí—, un muchacho bueno de verdad. Una vez lo invitamos a comer a casa. Quizá le haya hablado de mi; en una ocasión le pegué, pero él no me guardó rencor y se portó muy bien. Salúdelo de mi parte, ¿querrá hacerlo?

Atticus decía que para ser cortés había que hablar a las personas de lo que les interesaba, no de lo que pudiera interesarnos a nosotros. El señor Cunningham no manifestó el menor interés por su hijo; en consecuencia abordé el tema de su vinculación una vez más, en un desesperado esfuerzo por hacerle sentir cómodo.

—Las vinculaciones son malas.

Le estaba aconsejando cuando empecé a darme cuenta poco a poco de que me dirigía a todos los reunidos. Todos aquellos hombres me miraban; algunos con la boca entreabierta. Atticus había dejado de importunar a Jem; ambos estaban de pie al lado de Dill. De tan atentos, parecían fascinados. Hasta el mismo Atticus tenía la boca entreabierta, actitud que en cierta ocasión nos dijo que era grosera. Nuestras miradas se encontraron, y cerró la boca.

—Verás, Atticus, acabo de decir al señor Cunningham que las vinculaciones son malas y todo lo demás, pero tú dijiste que no había que preocuparse, que a veces lleva mucho tiempo…, que lo superaríais juntos…

Poco a poco se me acabaron las palabras y me pregunté qué tontería había cometido. Al parecer, el tema de las vinculaciones sólo podía mencionarse en la sala de estar.

Noté que el sudor me cubría. Era capaz de soportarlo todo menos un grupo de personas con la mirada fija en mí. Aquellos hombres estaban absolutamente inmóviles.

—¿Qué pasa? —pregunté.

Atticus no dijo nada. Miré a mi alrededor y levanté la vista hacia el señor Cunningham, cuyo rostro estaba igualmente impasible. Entonces hizo una cosa singular. Se puso en cuclillas y me cogió por los hombros.

—Jovencita, saludaré a mi hijo de tu parte —afirmó.

Luego se levantó de nuevo y agitó su enorme zarpa.

—Vámonos —gritó—. En marcha, muchachos.

Tal como habían llegado, los hombres retrocedieron con paso lento hacia sus destartalados coches. Las puertas se cerraron, los motores tosieron y unos segundos después todos habían desaparecido".

HARPER LEE "Matar un ruiseñor"

* Me gusta mucho esta escena de la película de Mulligan (y del libro que le da origen), en la que la inocencia de Scout hace que su padre se salve de un linchamiento seguro.

** Más post sobre "Matar un ruiseñor":


MATAR UN RUISEÑOR
BOO RADLEY

jueves, 19 de noviembre de 2009

BOO RADLEY


"Según miss Stephanie, Boo estaba sentado en la sala recortando unas ilustraciones de The Maycomb Tribune para pegarlas en su álbum. Su padre entró en el cuarto. Cuando míster Radley pasó por delante, Boo le hundió las tijeras en la pierna, las sacó, se las limpió en los pantalones y se entregó de nuevo a su ocupación. Mistress Radley salió corriendo a la calle y se puso a gritar que Arthur les estaba matando a todos, pero cuando llegó el sheriff encontró a Boo sentado todavía en la sala recortando la Tríbune. Tenía entonces treinta y tres años. Miss Stephanie contaba que cuando le indicaron que una temporada en Tuscabosa quizá remediaría a Boo, míster Radley dijo que ningún Radley iría jamás a un asilo. Boo no estaba loco, lo que ocurría era que en ocasiones tenía el genio vivo. (..)

-¿Qué figura debe de tener? -dijo Dill.
Jem le hizo una descripción aceptable de Boo. A juzgar por sus pisadas, Boo medía unos seis pies y medio de estatura; comía ardillas crudas y todos los gatos que podía coger, por esto tenía las manos manchadas de sangre... (Si uno se come un animal crudo, no puede limpiarse jamás la sangre). Por su cara corría una cicatriz formando una línea que-brada; los dientes que le quedaban estaban amarillos y podridos; tenía los ojos salientes, y la mayor parte del tiempo babeada.(...)

-¿Dill?
- ¿Mmmm?
-¿Por qué no se ha fugado nunca Boo Radley? ¿Te lo figuras?
Dill exhaló un largo suspiro y se volvió de espaldas a mi.
-Quizá no tenga adonde huir...(...)



- Si sólo hay una clase de personas, ¿por qué no pueden tolerarse unas a otras? Si todos son semejantes, ¿cómo salen de su camino para despreciarse unos a otros? Scout, creo que empiezo a comprender una cosa. Creo que empiezo a comprender por qué Boo Radley ha estado encerrado en su casa todo este tiempo... Ha sido porque quiere estar dentro.(...)



El hombre seguía recostado contra la pared. Estaba ya recostado contra la pared cuando entré en el cuarto, y con los brazos cruzados sobre el pecho. Al señalarle yo, bajó los brazos y apretó las palmas de las manos contra la pared. Eran unas manos blancas, de un blanco enfermizo, que no habían visto nunca el sol; tan blancas que a la escasa luz del cuarto de Jem destacaban vivamente sobre el crema mate de la pared. De las manos pasé a los pantalones caqui manchados de arena; mis ojos subieron por su delgado cuerpo hasta la camisa azul da tela de algodón. La cara tan blanca como las manos, excepto por una sombra en su saliente barbilla. Tenía las mejillas delgadas, chupadas; la boca grande; en las sienes aparecían unas mellas poco profundas, casi delicadas, y los ojos eran de un color gris tan claro que pensé que era ciwgo. Tenía el cabello muerto y fino, y en la cima de la cabeza casi plumoso. Cuando le señalé, las palmas de sus manos se deslizaron ligeramente, dejando grasientas huellas de sudor en la pared, y hundió los pulgares en el cinturón. Un ligero y extraño espasmo lo agitó como si oyera unas uñas arañando pizarra, pero cuando vio que yo le miraba con admiración la tensión desapareció lentamente de su rostro. Sus labios se entreabrieron en una tímida sonrisa; pero mis repentinas lágrimas difuminaron la imagen de nuestro vecino.

-Hola, Boo -le dije.(...)



Los vecinos traen alimentos, cuando hay difuntos, flores cuando hay enfermos, y pequeñas cosas entre tiempo. Boo era nuestro vecino. Nos había regalado dos muñecos de jabón, un reloj descompuesto, con su cadena, un par de monedas de las que traen buena suerte, y la vida de Jem y la mía. Pero los vecinos correspondían a su vez con regalos. Nosotros nunca habíamos devuelto al tronco del árbol lo sacado de allí; nosotros no le regalamos nunca nada, y esto me entristecía.

HARPER LEE "Matar un ruiseñor"

* El otro día, al hablar de la película "El detective" mencioné que la primera aparición de Robert Duvall en la gran pantalla fue interpretando a Boo Radley, en "Matar un ruiseñor" de Robert Mulligan, adaptación de la novela de Harper Lee. En ambos, el personaje de Radley, un enfermo mental que vive aislado en la casa familiar, es tratado con delicadeza. Como curiosidad os diré que el grupo de los 90 "The Boo Radleys" tomó su nombre de este personaje.


MÁS POST SOBRE "MATAR UN RUISEÑOR"

* MATAR UN RUISEÑOR

POST SOBRE OTROS "BOO RADLEYS"

* EL HOMBRE ELEFANTE/MÁSCARA
* EL HOMBRE RANA

miércoles, 27 de mayo de 2009

LA FOTO (2)


"Por algún cajón apareció el retrato de aquel momento histórico. En casa del director George Cukor se habían reunido "unos cuantos amigos" para rendir homenaje a Luis Buñuel, recientemente oscarizado por Le charme discret de la bourgoisie como mejor película de habla no inglesa de 1972. Nunca hasta entonces se habían reunido, y algunos no se conocían. Fue una cena memorable que el propio Buñuel recordaba años después en sus memorias. Un agonizante John Ford llegó en primer lugar, seguido más tarde de Alfred Hitchcock, George Stevens, Rouben Mamoulian, William Wyler, Billy Wilder, Robert Wise y Robert Mulligan, además del productor Serge Silberman y del guionista Jean Claude Carrière. Al final de la cena tomaron una instantánea conmemorativa, dejando un hueco en el que incluirían más tarde la imagen de John Ford, que ya se había marchado.

Esa foto congregó a algunos de los más grandes talentos de la historia del cine. Hasta que abandoné definitivamente la dirección del Festival, una versión ampliada estuvo colocada frente a mi mesa de trabajo, una manera de reconciliarme con el cine y de fomentar cierta mitología privada. Ahora la tengo en mi casa. Verla cada mañana era un estímulo para compensar las pequeñas miserias que este oficio conlleva. Detener la mirada en cada uno de esos rostros sonrientes, ver el detalle de la mano de Hitchcock sobre la pierna de Buñuel (esa misma noche le había confesado su admiración por la pierna cortada de Tristana), o los brazos protectores de Cukor rodeando los hombros del homenajeado, ese español extremo que fascinaba a John Ford porque no podía comprender cómo una obra tan personal se hubiera podido hacer con tan pocos medios, e imaginar aquel brindis propuesto por George Stevens ("Por lo que nos reúne alrededor de esta mesa, pese a nuestras diferencias de origen y de creencias"), y la respuesta surrealista de Buñuel ("Bebo, pero tengo mis dudas"). Buñuel hizo su propia valoración de esas presencias, al escribir luego: "De Ben-Hur a West Side story, de Some like it hot a Notorius, de Stagecoach a Giant, cuántas películas alrededor de aquella mesa..."

Aquella imagen inspiró un impulso arrollador, de los que se dan de higos a brevas: un ciclo que se titularía "Los chicos de la foto" y en el que se ofrecerían películas de esos genios. Encontramos, además, un denominador común. Cada uno había contado alguna vez una historia de amores imposibles..."

DIEGO GALÁN. "Jack Lemmon nunca cenó aquí". Ed. Plaza y Janés (2.001).


* Precisamente, la lectura de este párrafo en el libro de Diego Galán me trajo a ese otro que posteé ayer, en el que Buñuel recordaba el encuentro especial con los grandes directores de la época dorada de Hollywood. Os recomiendo este libro a todos los amantes del cine, en el que Galán (que fue director del Festival de Cine de San Sebastián durante trece años) desgrana las anécdotas más importantes y los numerosos avatares que sucedieron en el Zinemaldia mientras él estuvo al frente del mismo.


martes, 26 de mayo de 2009

LA FOTO (1)


En casa de Georges Cukor en Los Angeles, California.1.972
Al fondo, de izquierda a derecha: Robert Mulligan, William Wyler,
Georges Cukor, Robert Wise, Jean Claude Carriere y Serge Silberman.
Al frente: Billy Wilder, Georges Stevens, Luis Buñuel,
Alfred Hitchcock y Robert Mamoulian.



"Un día, recibí de Georges Cukor una invitación a comer, invitación extraordinaria, pues no le conocía. Invitaba también a Serge Silberman y Jean-Claude Carriére, que estaban conmigo, y a mi hijo Rafael, que vive en los Ángeles. irían también, nos decía, "varios amigos".

Fue una comida extraordinaria. Llegados los primeros a la magnífica mansión de Cukor, que nos recibió calurosamente, vimos entrar, medio llevado por una especie de esclavo negro provisto de poderosos músculos, a un viejo espectro vacilante, con un parche en el ojo, a quien reconocí como John Ford. Con gran sorpresa por mi parte, pues creía que ignoraba hasta mi existencia, se sentó a mi lado en un sofá y dijo alegrarse de mi regreso a Hollywood. Me anunció, incluso, que preparaba una película -a big western-, cuando habría de morir pocos meses después.

En este momento de la conversación, oímos el arrastrarse de unos pasos sobre el parquet. Me volví. Hitchcock entraba en la sala, todo rechoncho y sonrosado, y se dirigía hacia mí con los brazos extendidos. Tampoco le conocía personalmente, pero sabía que en varias ocasiones había cantado públicamente mis alabanzas. Se sentó junto a mí y, luego, exigió estar a mi izquierda durante la comida. Con un brazo pasado sobre mis hombros, casi echado sobre mí, no cesaba de hablar de su bodega, de su régimen (comía muy poco) y, sobre todo, de la pierna cortada de Tristana: "¡Ah, esa pierna...!"

Llegaron luego William Wyler, Billy Wilder, Georges Stevens, Ruben Mamoulian, Robert Wise y un director mucho más joven, Robert Mulligan. Tras los aperitivos, nos sentamos a la mesa, en la penumbra de un amplio comedor iluminado con candelabros. Se celebraba en mi honor una extraña reunión de fantasmas que nunca se habían encontrado así reunidos y que hablaban todos de los good old days, de los buenos tiempos. De Ben Hur a West Side Story, de Some like it hot a Notorius, de Stagecoach a Giant, cuántas películas alrededor de aquella mesa...

Después de la comida, alguien tuvo la idea de llamar a un fotógrafo de Prensa para que tomase el retrato de familia. La fotografía sería uno de los collector's items del año. Desgraciadamente, John Ford no figura en ella. Su esclavo negro había ido a buscarlo en medio de la comida. Nos dijo débilmente adiós y se marchó para no volver a vernos más, tropezando con las mesas. En el transcurso de la comida se hicieron varios brindis, Georges Stevens, en particular, levantó su copa "Por lo que, pese a nuestras diferencias de origen y de creencias, nos reúne alrededor de esta mesa."

Yo me levanté y acepté brindar con él, pero, siempre receloso de la solidaridad cultural, con la que siempre se cuenta demasiado, "Bebo -dije-, pero me quedan mis dudas."

Al día siguiente, Fritz Lang me invitó a visitarlo en su casa. Demasiado fatigado, no había podido asisitir a la comida celebrada en casa de Cukor. Yo tenía entonces setenta y dos años, Fritz Lang rebasaba los ochenta.

Nos veíamos por primera vez. Charlamos durante una hora, y tuve tiempo de decirle el decisivo papel que sus películas habían ejercido en la elección de mi vida. "

LUIS BUÑUEL. Mi Último Suspiro. Plaza y Janés Editores.




martes, 23 de diciembre de 2008

ROBERT MULLIGAN


* Mi homenaje de hoy no puede sino ser para Robert Mulligan, director de cine, fallecido ayer a la edad de 83 años. Gracias a él hemos podido disfrutar de maravillas como "Matar un ruiseñor" , "Verano del 42" y "Verano en Louisiana" . Todas sus películas derrochaban clasicismo y nostalgia a raudales, y con nostalgia le recordaremos. Descanse en paz.

Os dejo con el trailer de "The man on the moon" (Verano en Louisiana), su última película, realizada en 1.991.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

OTRA VEZ VERANO DEL 42



"Cuando tenía quince años y venía a Packett Island durante el verano, en la isla no había ni tanta gente ni tantas casas. Entonces era mucho más fácil estudiar su geografía y las peculiaridades del mar. Y si los padres no querían que sus hijos muriesen a causa de la soledad y del aburrimiento, ellos mismos se aseguraban de que otras familias aportasen su contribución infantil a la isla. Con Hermie, aquel verano del 42, estuvieron su mejor amigo, Oscy, y otro amigo íntimo, que aún no se había hecho acreedor del calificativo "mejor", llamado Benjie.

Se llamaban "El Terrible Trío", aunque nadie sabía qué razones tenían para ello. Era, principalmente, una manera de robustecer su realidad, de hallar un lugar donde situarse en este mundo.

¿La casa? La casa era de ella y nada ni nadie, desde que Hermie la viera, consiguió atormentarle e inquietarle como ella, ni hacer que se sintiera tan seguro e inseguro, tan importante e insignificante.

Los chicos yacían, doloridos y paralizados, escuchando el hueco sonido del hacha al chocar contra el recio tronco. Allá abajo, en el gran hoyo que había entre dos pilares de madera que soportaban la casa, un hombre enarbolaba el hacha en increíble y formidable arco; la levantaba desde la espalda, como Abe Lincoln, haciéndola bajar, cortando el aire, como Zeus. El tronco se partió, limpio, en dos y otro no tardó en correr la misma suerte. Luego siguió otro, otro y otro. Los muchachos no se movían, apenas respiraban. Miraban sin pestañear por encima del borde de la arena y escuchaban aquellos estallidos que parecían llegar desde el infierno. Aquello, sin saber por qué, era de interés vital para ellos. Aquel hombre, aquel sonido y aquella hacha.

Cuando la mujer hizo su aparición, deslizándose entre las sombras, y rodeó el cuerpo del hombre con sus blancos brazos, el corazón de Hernie golpeó con fuerza contra sus costillas, semejando un gorrión enjaulado. Ella era delgada, aunque bien formada, y su negra cabellera se despaldaba suavemente sobre sus hombros. Todos sus movimientos eran sensuales. No es, pues, extraño que el hombre dejara el hacha y atrajera a la mujer hacia sí, besándola de manera que no admitía rectificación alguna. Y los tres muchachos miraban comprendiendo que aquello era de esencial importancia, que era algo en lo que ellos mismos, algún día, se verían envueltos. Era como una advertencia para el futuro, un preludio de lo que iba a ocurrirles."

HERMAN RAUCHER "Verano del 42"

* Hoy quiero recordar una vez más la preciosa película de Robert Mulligan "Verano del 42" (1.971), con un fragmento de la novela que inspiró el filme y una selección de imágenes de la película que se acompañan de la preciosa banda sonora de Michel Legrand.

miércoles, 8 de octubre de 2008

FERIA DEL LIBRO ANTIGUO Y DE OCASIÓN 2008

Un año más me he dejado caer por la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que siempre visita Pamplona durante dos semanas, y me he hecho con unos cuantos libros de segunda mano. Es curioso, a mucha gente no le gustan los libros antiguos, amarilleados por el polvo o que lleven el nombre de su antiguo propietario (y la fecha en la que lo compró), incluso anotaciones o subrayados... pero a mi siempre me han gustado precisamente por eso, los libros deberían pasar de mano en mano, cuantas más personas los lean mejor.



1. "Verano del 42" de HERMAN RAUCHER. Soy una enamorada de la película de Robert Mulligan que adaptó este libro, ya os diré qué tal.



2. "La dama del lago" y "La hermana pequeña" de RAYMOND CHANDLER. De un tiempo a esta parte me he vuelto a aficionar a la novela negra, y que mejor que hacerlo de la mano de uno de los detectives más famosos de todos los tiempos, Philip Marlowe.





3. "Duermen bajo las aguas" de CARMEN KURTZ. Hace ya unos meses, puse aquí un fragmento de esta novela, que encontré en una página literaria y me llamó mucho la atención, así que tenía ganas de leer algo de esta novelista española hoy en día un poco olvidada.



4."Las mejores intenciones" de INGMAR BERGMAN. Disfruté tanto con sus memorias, "La linterna mágica", que tengo curiosidad por leer la historia de cómo se conocieron sus padres, si bien no he visto la película que adapta el libro.





5. "Aurora de sangre" de EDUARDO GUZMÁN. La historia de Hildegart Rodríguez siempre me ha parecido apasionante, sobre todo desde que vi "Mi hija Hildegart" de Fernando Fernán Gómez hace ya tiempo.

lunes, 19 de marzo de 2007

THE MAN IN THE MOON





Maureen:¿Recuerdas que, de pequeñas, mamá nos decía: "Cuando las cosas se compliquen, todo lo que tienes que hacer es hablar con el Hombre de la Luna"?

Dani: Sí, teníamos que hablar con él y contarle todo, así tendría todas las piezas, como en un puzzle.

Maureen: Y entonces resolvería el puzzle para nosotras mientras dormíamos.

Dani: Ya, pero esas son cosas de niños, Maureen. Nosotras ya somos mayores para creer.

Maureen: Sí, lo sé.


Hace ya algún tiempo Alex me descubrió en un precioso post la última película de Robert Mulligan, "The man in the moon (Verano en Louisiana)" 1.991. Tal y como hizo en "Matar un ruiseñor" o "Verano del 42", películas de las que ya os he hablado previamente, Mulligan vuelve a tratar con gran maestría el tema de la complicada frontera entre la niñez y la adolescencia.

Danielle (Reese Witherspoon en su primer papel protagonista), es una chica de 14 años cuya única preocupación es disfrutar del verano, escuchando sus discos de Elvis Presley (estamos en 1.957), corriendo de un lado a otro y aprovechando para bañarse furtivamente en la poza de los vecinos, para así poder soportar mejor el caluroso verano de Louisiana. Es allí precisamente donde conoce a Court, un nuevo vecino de 17 años, y lo que en un primer momento es un encuentro hostil por ambas partes pasa pronto a ser una buena amistad, y el primer amor (platónico) de Dani. El problema es que Court encuentra a Dani demasiado pequeña para él y, en el momento en que conoce a su hermana Maureen (que tiene su misma edad) comienza una relación con ella, provocando el enfrentamiento entre ambas hermanas, pero un inesperado drama hará que tengan que replantearse si merece la pena seguir enfadadas eternamente.

Al igual que ocurre en las otras películas que he mencionado de Mulligan, en esta predomina un tono melancólico y de pérdida de inocencia. Es inevitable sentirse identificado con las sensaciones típicas de la adolescencia que experimenta la protagonista (qué mala época por cierto, menos mal que quedó muy atrás, jajaja)

Una de las cosas que más me gustan de esta película es lo bien que refleja la peculiar relación que suele darse entre las hermanas, a veces rivales, otras las mejores amigas, pero inevitablemente compañeras durante toda la vida. Por eso me gusta tanto la escena final:



Dani: Maureen, ¿seguirá doliendo siempre tanto?

Maureen: Mamá dice que no.

Dani: Espero que tenga razón

Maureen: Yo también.

Dani: ¿Sabes? A veces creo que nada volverá a tener sentido de nuevo.

Maureen: Quizás la vida no tiene que tener sentido.

Dani: ¿Y eso no te asusta?

Maureen: Sí, me asusta.

Dani: Ojalá pusiese hablar aún con el Hombre de la Luna, ¿no te gustaría a ti?

Maureen: Estaría bien.

Dani: Maureen...

Maureen: ¿Qué?

Dani: ¿Seguiremos hablando la una con la otra siempre?

Maureen: Siempre


jueves, 25 de enero de 2007

VERANO DEL 42



"Verano del 42" (1971) de Robert Mulligan (director de la fantástica "Matar un ruiseñor" )en realidad podría estar ambientada en cualquier verano de nuestra adolescencia. El descubrimiento del sexo opuesto, los primeros titubeos y aproximaciones a él de tres amigos en un verano durante la Segunda Guerra Mundial, es reflejado magistralmente en esta película en la que seguro que se han inspirado series como "Aquellos maravillosos años". Para daros un ejemplo de ello está esta escena en la que el protagonista va al cine con una chica que le gusta y un amigo suyo que ha quedado con una amiga de ésta:



Una de las revelaciones de la película fue la guapísima Jennifer O´Neill, que interpreta a una incipiente viuda de guerra que establecerá una curiosa historia con el principal protagonista. Cuando vi esta película en su día nos contaron que durante el rodaje, el propio Mulligan había dado instrucciones para que los tres actores principales no tuvieran ningún contacto ni se vieran con O´Neill durante los momentos previos al rodaje, para captar mejor el impacto que semejante mujer de 23 años causaba en los adolescentes. Quizás la mejor escena de la película es aquella en la que el protagonista va de visita a la cabaña de O´Neill, que acaba de enterarse de que su marido ha fallecido en combate y... (no os diré nada más), pero otra de las escenas míticas es aquella en la que intenta comprar unos preservativos para repartírselos con un amigo. Es genial la manera en la que da rodeos con el farmacéutico (mientras su amigo, que le espera fuera, se desespera) hasta que, todo cortado, le confiesa lo que ha ido a comprar, y cómo éste por su parte no parece nada dispuesto a facilitarle la labor:



- Muy bien, son 10 centavos.
- Quisiera otra cosa, acabo de acordarme.
- Bueno, ¿qué es?
- Un poco de caramelo.
- Muy bien, caramelo. Aquí tienes.
- Mucha gracias.
- Así son 12 centavos. ¿Alguna cosa más?
- Pue siento molestarle, pero...
- Anda, dílo, hijo...
- ¿Me da una servilleta?
- Claro, ¿nada más?
- Unas gomas.
- ¿Cómo?
- Creo que hay que ponérselas.
- ¿Ponerse qué?
- O vamos, ya sabe qué.
- ¿Anticonceptivos?
- Sí,eso.
- Y tú quieres comprar varios.
- Sí.
- ¿Para qué?
- Hombre, ya sabe para qué.
- Muy bien. ¿Qué marca?
- ¿Marca?
- Marca y clase.
- La normal.
- Es que hay muchas para elegir.
- ¿Por qué no me las enseña, a ver?
- ¿Cuál es tu marca?
- Los azules.
- ¿Y cuántos quieres?
- 3 docenas.
- Una gran noche, ¿eh?
- Bueno, lo normal.
- Son 12 dólares.
- ¿12 dólares?
- Y 12 centavos por el helado.
- ¿Y cuántos entran por un dólar?
- 3.
- Me llevaré 2.
- Vienen 3 en cada paquete.
- Bueno, ¿cuánto le debo sólo por el helado?
- Ya está bien, hijo, dejemonos de bromas, ¿cuántos años tienes?
- 16.
- ¿Cuántos?
- Los cumpliré muy pronto.
- ¿Y qué pretendes hacer con esto?
- Son para mi hermano, él es mayor.
- ¿Y por qué no viene él a comprarselos?
- Está enfermo.
- ¿Y para qué los necesita entonces?
- Para cuando se ponga bien. Está en el ejército.
- ¿Sabes para qué se usa esto?
- Claro, se llenan de agua y luego se tiran desde el tejado.
- Sólo quería asegurarme de que sabes para qué sirven.
- Claro que lo sé, mi hermano no me enviaría a comprarlos si yo no lo supiera.
- Vamos a dejarlo todo en un dólar, incluyendo el helado.
- Vale, sí. Gracias.

viernes, 19 de mayo de 2006

MATAR UN RUISEÑOR


                                              

Viendo "Matar un ruiseñor" (Robert Mulligan 1.962) , basada en la genial novela de Harper Lee, ¿quien no ha soñado con tener un padre como Atticus Finch?

"Atticus Finch no hacía nada que pudiera despertar la admiración de nadie: no cazaba, no jugaba al póker, no pescaba, no bebía, no fumaba... Se sentaba y leía.

(...)

Cuando nos dió nuestros rifles de aire, Atticus no nos enseño a disparar. Fue el tío Jack quien nos instruyó en sus principios, dijo que Atticus no estaba interesado en armas. Atticus le dijo a Jem un día,
-Prefiero que disparen a las latas vacías en el patio trasero, pero se que ustedes van tras los pájaros. Dispara a todos los pájaros azules que quieras, si es que les puedes acertar, pero recuerda que es un pecado matar un ruiseñor-.

Ese fue el único momento que escuché a Atticus decir que era un pecado hacer algo, y le pregunté a la señorita Maudie al respecto. -Tu padre tiene razón-, me dijo ella. Los ruiseñores no hacen otra cosa que crear música para que la disfrutemos. No se comen los jardines de la gente, no hacen nidos en los graneros, no hacen otra cosa que cantar su corazón para nosotros. Es por eso que es un pecado matar a un ruiseñor. "




 
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