" Picabia insinuó, de inmediato, que, en esta ocasión, sí que realmente podía tratarse de un signo altamente revelador. ¿Revelador de qué?, preguntaron al unísono Duchamp, Szalay y compañía, visiblemente molestos, ya muy cansados de tanto ver a Picabia buscando asociaciones gratuitas que fijaran una dirección dentro del caos. Pero fue entonces cuando, de pronto, vieron pasar a una bellísima mujer extranjera («alta -y morena, de extrema sensualidad, una aparición en toda regla») que, cruzando a gran velocidad la plaza, se perdió en un callejón, seguida de Lelgoualch y su tibia musical.
Tras unos momentos de general estupor, Picabia reaccionó y, tratando de saber si los otros habían visto lo mismo que él, comentó que acababa de ver a una hermosa máquina animada. Morand le dijo que, en efecto, había pasado por la plaza una variante cómica de la flor de azahar. Intervino Szalay y, en un intento de adivinar la nacionalidad de la extranjera, afirmó rotundamente que había tres sexos: el hombre, la mujer y la francesa que acababa de cruzar furtivamente la plaza. Rigaut se puso violentamente en pie, totalmente fuera de sí, y «enamorado, ya antes incluso de conocerla, salió en persecución de la mujer fatal».
Esa mujer resultó ser Georgia O'Keefe, pintora y escultora americana, que viajaba por la costa oriental de África en compañía del poeta William Carlos Williams, un buen amigo de Duchamp.
En la cena que siguió a este feliz encuentro, ella se mostró entusiasmada al oír hablar a Picabia de máquinas solteras, ficciones y otras futuras conspiraciones. Lelgoualch no cesó de puntuar musicalmente todas las palabras de la cena, hasta que su tibia encantada se incorporó respetuosamente al silencio del grupo cuando la O'Keefe comenzó a ejercer de mujer fatal ya incorporada al mecanismo solteril y expuso su teoría acerca de lo que ella entendía por sexualidad extrema: un concepto que, por estar íntimamente ligado al funcionamiento de las máquinas solteras, no tardó en convertirse en uno de los rasgos más típicamente shandys.
Consciente de que era de orden sexual el signo más distintivo de las máquinas solteras, Georgia O'Keefe afirmó que éstas se componían de un conjunto mecánico y de otro orgánico, y que entre ambos conjuntos se anudaban, en un círculo cerrado, complejas relaciones de placer y de terror, de éxtasis y de castigo, de vida y de muerte.
«En tanto que energía o libido -nos dice Picabia que sentenció la mujer fatal afilando las uñas-, el amor debe ser desviado de su finalidad genética, eso que entendemos por reproducción, para no buscar más que la autosatisfacción. En una palabra, copular por puro placer, jamás pensando en la descendencia y otras zarandajas. Esto es lo que yo entiendo por sexualidad extrema.»
ENRIQUE VILA-MATAS "Historia abreviada de la literatura portátil"

Tras unos momentos de general estupor, Picabia reaccionó y, tratando de saber si los otros habían visto lo mismo que él, comentó que acababa de ver a una hermosa máquina animada. Morand le dijo que, en efecto, había pasado por la plaza una variante cómica de la flor de azahar. Intervino Szalay y, en un intento de adivinar la nacionalidad de la extranjera, afirmó rotundamente que había tres sexos: el hombre, la mujer y la francesa que acababa de cruzar furtivamente la plaza. Rigaut se puso violentamente en pie, totalmente fuera de sí, y «enamorado, ya antes incluso de conocerla, salió en persecución de la mujer fatal».
Esa mujer resultó ser Georgia O'Keefe, pintora y escultora americana, que viajaba por la costa oriental de África en compañía del poeta William Carlos Williams, un buen amigo de Duchamp.
En la cena que siguió a este feliz encuentro, ella se mostró entusiasmada al oír hablar a Picabia de máquinas solteras, ficciones y otras futuras conspiraciones. Lelgoualch no cesó de puntuar musicalmente todas las palabras de la cena, hasta que su tibia encantada se incorporó respetuosamente al silencio del grupo cuando la O'Keefe comenzó a ejercer de mujer fatal ya incorporada al mecanismo solteril y expuso su teoría acerca de lo que ella entendía por sexualidad extrema: un concepto que, por estar íntimamente ligado al funcionamiento de las máquinas solteras, no tardó en convertirse en uno de los rasgos más típicamente shandys.
Consciente de que era de orden sexual el signo más distintivo de las máquinas solteras, Georgia O'Keefe afirmó que éstas se componían de un conjunto mecánico y de otro orgánico, y que entre ambos conjuntos se anudaban, en un círculo cerrado, complejas relaciones de placer y de terror, de éxtasis y de castigo, de vida y de muerte.
«En tanto que energía o libido -nos dice Picabia que sentenció la mujer fatal afilando las uñas-, el amor debe ser desviado de su finalidad genética, eso que entendemos por reproducción, para no buscar más que la autosatisfacción. En una palabra, copular por puro placer, jamás pensando en la descendencia y otras zarandajas. Esto es lo que yo entiendo por sexualidad extrema.»
ENRIQUE VILA-MATAS "Historia abreviada de la literatura portátil"
* Las fotografías de O´Keeffe fueron hechas por su marido, el fotógrafo Alfred Stieglitz
** Gracias a Narrador por ahorrarme transcribir este texto.


