martes, 3 de febrero de 2009

LOCURAS DE VERANO



"Locuras de verano"
(1.955) de David Lean comienza, como no podría ser de otra manera (ya hablamos hace tiempo aqui de la pasión - compartida conmigo - de Lean por los trenes, que tanta importancia tiene en películas suyas como "Doctor Zhivago" o "Breve encuentro"), con su protagonista, Jane Hudson (Katharine Hepburn) a bordo de un tren que atraviesa la Laguna, rumbo a Venecia. Al ver esas imágenes no pude sino recordar el mismo trayecto que yo hice, hace ya dos años, para entrar en esa maravillosa ciudad.

La señorita Hudson es una secretaria de dirección norteamericana, soltera y ya entrada en la cuarentena, que acude a Europa por vez primera con la ilusión de conocer Venecia, ciudad que desde el primer momento le resulta "inverosímil, como de cuento de hadas". Se aloja en la Pensión Fiorini, propiedad de una viuda italiana, y que tiene por únicos huéspedes dos parejas de americanos. Desde el primer momento, la srta. Hudson se deja fascinar por la ciudad, recorriéndola en única compañía de Mauro, un niño de la zona, que le hace de guía, pero pronto nos damos cuenta de que a pesar de no tener problema en viajar sin compañía y de considerarse una mujer independiente, se siente terriblemente sola por no poder compartir esa ciudad con alguien.

Increíblemente triste, mientras toma un café en la Piazza San Marco con la única compañía de su cámara de fotos, observa a las parejas pasear tranquilamente, percatándose a su vez de que es observada por un italiano en la mesa de atrás. Este no es otro que un anticuario local, Renato Di Rossi (Rossano Brazzi) y la casualidad hará que ella repare en su tienda al día siguiente, fascinada por una copa roja de cristal de Murano que él habilmente logra venderle.


Venciendo sus reticencias iniciales (al principio no le convence el hecho de que Di Rossi pueda ser un casanova local especializado en seducir turistas, ni enterarse de que es un hombre divorciado con dos hijos pequeños), la srta Hudson decide por primera vez en su vida dejarse llevar y comenzar un romance con el anticuario. Así deja la cámara a un lado y empieza a disfrutar realmente de la ciudad y de sus pequeños rincones, visitando la vecina isla de Burano junto a Renato.

En una de sus primeras citas se les acerca una señora que vende flores, y tiene lugar esta bonita escena:

- A ver, ¿qué flor prefieres?
- ¿Qué flor supones tú que me va mejor?
- Elige, creo que sé lo que vas a escoger.
- ¿Ah, si? Quizás te lleves una sorpresa.
- Es posible, elige... O tal vez no.
(ella elige una gardenia)
- ¿Sorprendido?
- Debo reconocerlo.
- ¿Qué flor creías que iba a escoger? ¿La rosa? ¿El clavel? Ah, la orquidea... debí figurármelo. Por una vez no he sido una auténtica americana.
- ¿Por qué has escogido una gardenia?
- Una vez asistí a un baile. No era uno de tantos bailes, era uno de verdad, el primero de mi vida. No sé por qué pero aquel día me empeñé en que tenía que llevar una gardenia. No sé por qué, sin duda debí leer algo sobre las gardenias en algún libro, debió de ser eso, porque ni sabía cómo eran.
- ¿Y la llevaste al baile?
- No, resultó que las gardenias costaban 2 dólares, cada una y el chico con quien yo iba tan sólo era un estudiante, pero fue un bonito sueño.
- Bueno, ahora ya tienes tu gardenia.
- Sí.
- Todo llega más pronto o más tarde.
- Es lo que la gente dice, todo llega para quien sabe esperar.

Poco después la gardenia se le escapa de las manos y acaba en un canal...


Los días pasan felices, pero repentinamente la srta. Hudson toma la decisión de marcharse, quizás para conservar el recuerdo de esos días y evitar que el choque con la realidad (obligaciones profesionales de ella y familiares de él) de al traste con la relación.


La escena final tiene lugar, cómo no, en la Estación de tren de Santa Lucía: ella le ha pedido que no le vaya a despedir, y sin embargo mira anhelante hacia la estación, esperando que aparezca. El tren se pone en marcha, y Renato aparece corriendo en el andén, con un pequeño paquete en la mano. No llega a tiempo de dárselo, pero le despide agitando una gardenia con el brazo en alto.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Amaya, hace tiempo que deseo escrir algo, hoy me decido

Gracias or lo que nos haces llegar

Ciro

desconvencida dijo...

Muchas gracias Ciro... ¡cuánto tiempo sin leerte por aqui! Un saludo...

Anónimo dijo...

Yo si que leo todo lo que escribes

Un saludo y besos para ti.

¡Hay que vivir sin imposturas!

Me ha encantado.¡¡Que belleza!!!

Ciro

Mad Hatter dijo...

¡Ayyyyy! La eterna metáfora del "último tren".
¡Qué romántico, hija!
Si tuviese en la banda sonora el "Dos gardenias para tí" de Machín, ya sería perfecta.

Emily dijo...

Igual recordaba las gardenias de Billie Holiday ;) És una peli preciosa, pero que te deja un gusto agridulce. Así es verdad que todo llega a su tiempo?
Me bajé la peli cuando habló de ella Atikus. Creo que me la voy a mirar esta noche.
Gracias por escribirnos el diálogo.

desconvencida dijo...

* Gracias de nuevo Ciro...

* jajaja, Mad Hatter, mira que pensé lo de la banda sonora!! Las metáforas sobre trenes siempre me han gustado :)

* Emily, también lo pensé, siempre que pienso en gardenias (también es mi flor favorita), recuerdo a Lady Day...

Yo la había visto hacía miles de años y tenía un recuerdo peor, recordaba a la Hepburn haciendo un personaje de mujer reprimida y frustrada, a la que no comprendía, pero ha sido todo un descubrimiento... no sé, quizás yo también he cambiado durante estos años y me es más fácil comprenderla...Disfrútala de nuevo...

Jorge dijo...

Me encanta esta película. Y guardo un recuerdo muy grato porque puteé a un amigo... estuvo todo el fin de semana machacado por la peli y sin entender la reacción de Katherine Hepburn. Me emociona mucho la historia, pero hay un momento demencial en la película que es cuando Rosanno Brazzi dice aquello de: No soy joven, no soy rico, no soy guapo. ¡Por favor! ¿Rosanno Brazzi no era guapo? ¿Y entonces los demás qué somos?

Desoladora la silla en la Piazza San Marco... hay reside la genialidad, en dotar de tanta significación un simple objeto.

desconvencida dijo...

Buenas tardes, Jorge, la verdad es que al principio (la primera vez que vi la peli, hace muchos años como he contado antes) a mi también me costó entender sus reacciones...

jeje, el personaje de Brazzi la verdad es que tenía un piquito de loro :)

El detalle de la silla es magnífico...

Lula Fortune dijo...

Qué maravillosos recuerdos! Me la zampé antes de ir a Venecia este verano y estuve buscando todas las localizaciones de la peli (tengo fotos, je, je) y Atikus (que es un encanto) hizo un post sobre ella. ¿Sabías que Woody Allen la usó como inspiración para "Todos dicen I love you" ? Hay localizaciones clavaditas. Es una curiosidad muy divertida comprobarlo.
Ay! Venezia, mi verano, mi sol buaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!

desconvencida dijo...

Qué buena película para ambientar tu viaje, Lula... la verdad es que, de haber recordado lo bien que refleja cada rincón de la ciudad, yo también la hubiera vuelto a ver antes de hacer el mío...

Anda, que vaya gozada debe ser visitar esta ciudad mágica en verano, aunque yo no me quejo, en diciembre también tiene su encanto (supongo que es porque lo conserva todo el año) y hay muchos menos turistas!

Por cierto, que no he visto entera "Todos dicen I love you", esto no puede ser!

Alex dijo...

Para ser una de las pocas comedias que filmó Lean le quedó bastante bien. Aunque en realidad sea una historia de amor imposible, y eso es algo que el inglés bordaba. Agridulce y repleta de detalles que has sabido ver. No sé si sabías que Katie Hepburn contrajo el colera (¿fue el colera?, lo comprobaré luego) al tirarse a un canal durante el rodaje de una escena. Su orgullo le impedía que una doble ocupase su lugar. Orgullo que chocó con frecuencia con el de Lean.

La escena de la gardenia es preciosa. El modo en que cae sobre el agua es toda una metáfora sobre aquello que no se puede atrapar salvo por unos días. El final, con Rossano Brazzi (estaba soberbio como profesor apocado en la version en colorines de "Mujercitas") agitando una gardenia mientras ella se aleja deja un final abierto a gusto del espectador.

No he pisado Venecia, pero tú que lo has hecho sabrás si se aproxima más a la visión cuasi turistica de Lean o a la rugosa de Oliverio Toscani.

Creo recordar que estaba incluída en el programa de esta temporada de tu cineclub. La has visto en pantalla grande. La envidia me corroe...

Alex dijo...

Por cierto, debes ver "Todos dicen I Love You" pero ya... Aunque sólo sea por la escena del baile que desafía cualquier ley de la gravedad a orillas del Sena y por ver a Edward Norton cantar... Inenarrable.

atikus dijo...

Jeje, me acorde de ti cuando vi esta peli cuando sale la prota en el tren!!
Una peli estupenda, me dieron unas ganas terribles de ir a Venecia y de paso enamorarme, ¿debe ser muy fácil allí no?...vamos como en París o sitios así...


anda que como me sobrevalora Lula jaja!!

Mel dijo...

Como no la vi, bajándose está.

Tengo un amigo fanático de los trenes, lo sabe todo sobre ellos; sus caballos, motores, donde nacieron, en que año, tipo de vía...y no se cuantas cosas más. A el le gusta cualquier película donde salga un tren. Si en dos horas de film hay un segundo de tren, la peli es buena. Es un axioma que utiliza de forma inconsciente. Aunque eso lo distrae y el hierro no le deja ver más allá. No es capaz de ver esas metáforas que transporta en cada vagón.

Saludos

desconvencida dijo...

* Alex, supongo que Venecia es una mezcla de ambas películas, la de Lean es mucho más luminosa, sin duda...

Pues la verdad es que la vi en el ordenador, este año sólo se ha programado en el cineclub una película de Lean "La hija de Ryan", siempre suele caer alguna, los últimos años he podido ver "Breve encuentro", "Doctor Zhivago" y "Lawrence de Arabia" en pantalla grande...

* atikus, yo también recuerdo tu crítica, muy buena la observación sobre el momento (que hoy sería totalmente censurable) cuando la Hepburn le regala un cigarrillo al niño...

Venecia es una ciudad para enamorarse, al menos te aseguro que acabarás enamorado de sus canales y callejuelas (al menos eso me llevé yo de la ciudad, a la que fui sin pareja, con amigos).

* Mel, ya me dirás qué te parece...

A mi me gustan los trenes en el cine (de hecho les he dedicado una etiqueta, que puedes ver a la izqda del blog), como escenario de amores e intrigas...

Anónimo dijo...

me ha encantado tu blog...encuantro muchas afinidades...es un agrado.
Amelia desde Chile.

desconvencida dijo...

Muchas gracias Amelia, bienvenida a este blog, ponte cómoda y comenta cuanto quieras :)

 
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