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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Y TAMBIÉN DOS HUEVOS DUROS


- Groucho: ¡Camarero, camarero!
- Camarero: Diga Señor...
- Groucho: Oye, esclavo.
- Camarero: Diga...
- Groucho: ¿Qué tienes para cenar?
- Camarero: Todo lo que Ud. quiera, señor... Puede Ud. tomar: jugo de tomate, jugo de naranja, jugo de uva, jugo de piña...
- Groucho: Está bien, le sacaremos el jugo a la compañía... Trae uno de cada clase y... dos huevos fritos, dos revueltos, dos pasados por agua y dos en tortilla.
- Chico (al otro lado de la puerta): Y también dos huevos duros.
- Groucho: Y también dos huevos duros.
- Harpo con la bocina: Mooooooooooooooooocc.
- Groucho: En lugar de dos pon tres. Y también bistecs: uno hecho, uno poco hecho, uno más hecho y otro quemado.
- Chico (al otro lado de la puerta): Y también dos huevos duros.
- Groucho: Y también dos huevos duros.
- Harpo con la bocina: Mooooooooooooooooocc
- Groucho: En lugar de dos pon tres. Y ocho pastelillos franceses.
- Chico (al otro lado de la puerta): Y también dos huevos duros.
- Groucho: Y también dos huevos duros.
- Harpo con la bocina: Mooooooooooooooooocc.
- Groucho: En lugar de dos pon tres.
- Harpo con la bocina: Mooooooooooooooooocc.
- Groucho: Uno de ellos de oca. Eh, ¿tienes bizcochos borrachos?
- Camarero: Sí, señor...
- Groucho: ¡Pues ponga a cada uno unas gotitas de amoniaco!
- Chico (al otro lado de la puerta): Y también dos huevos duros.
- Groucho: Y también dos huevos duros.
- Harpo con la bocina: Moc, Moc, Moc, Moc, Moc, Moc,Moc, Moc, Moc Moc, Moc, Moc, Mooooooooooooooooooooooc!
- Groucho: No sé si es que hay niebla o si tiene que traer media docena más...Y date prisa porque cuanto más ligero vayas antes se terminará el lío de ahí dentro.
- Camarero: Sí, señor.
- Groucho: ¿ Se admiten propinas a bordo?
- Camarero: Oh, ¡sí señor!
- Groucho: ¿Tienes ahí cinco dólares?
- Camarero: Oh, ¡sí señor!
- Groucho: ¡Pues no los gastes porque quizás te los pida luego!

"Una noche en la ópera" (1.935) de Sam Woods.

* OTROS POST SOBRE LOS HERMANOS MARX:

HERMANOS MARX
PRIMERA CITA
WHEN HARPO PLAYED HIS HARP

jueves, 28 de febrero de 2008

A LA CARRERA



“¿Porqué vale la pena vivir? Es una buena pregunta. Bueno, creo que hay varias cosas que... que hacen que valga la pena. ¿Cuáles? Bien, para mí... yo diría...

- Groucho Marx
- Willie Mays
- El segundo movimiento de la Sinfonía “Júpiter”
- Louis Amstrong y su grabación “Potato head blues”
- Algunas películas suecas.
- “La educación sentimental” de Flaubert
- Marlon Brando
- Frank Sinatra
- Esas increíbles manzanas y peras de Cezanne
- Los cangrejos de Sam Wo´s
- El rostro de Tracy...



* Ayer veía "Manhattan" de Woody Allen por tercera vez (no es por daros envidia, pero en pantalla grande;) y es curioso, porque no recordaba lo mucho que me gusta su final. Woody Allen (no diré su personaje, más bien su alter ego) reflexiona sobre las cosas que merecen la pena en la vida. Al llegar al último punto, cuando recuerda el rostro de Tracy (Mariel Hemingway), su penúltima y joven novia, se detiene y busca la armónica que ella le regaló hace tiempo. Entonces comienza a correr, por toda la ciudad, y llega justo a tiempo de despedirle. En esta escena curiosamente, ella le da una lección de madurez a él, le dice que si tanto le quiere y si está interesado en recuperarla, tendrá que esperarle seis meses a que regrese de Londres:





Como os habréis dado cuenta, me encantan las películas que terminan "a la carrera", así que comentaré otra escena similar, la que tiene lugar al final de "El apartamento" de Billy Wilder. Miss Kubelik (Shirley McLaine) se enfrenta bastante apática a su reconciliación con Mr. Sheldrake, ahora divorciado. De pronto a él se le escapa que ya no volverán al apartamento de C.C.Baxter (Jack Lemmon), ya que éste le ha dicho expresamente que no volverá a dejarle traer allí a Miss Kubelik. En un primer momento ella no le presta atención, pero de pronto cae en la cuenta de que la razón por la que Baxter no quiere que ella vuelva a su apartamento, es porque está enamorado de ella, y sintiéndole que le corresponde no se lo piensa dos veces y, nada más sonar las campanadas, comienza a correr hacia el famoso apartamento.

martes, 20 de febrero de 2007

PRIMERA CITA


"La precariedad de mi estado financiero habia sido, hasta la edad de doce años, el único problema sin compliaciones de mi vida. Pero una nueva dimensión iba a añadírsele...¡Y yo estaba bien preparado para ella!

El caso es que el amor se apoderó de mi cuando tenía doce años. Llevaba aún pantalones cortos, pero un tenue vello empezaba a brotar de mi labio superior. Una jovencita, también de doce años, vivía en el apartamento de encima del nuestro. Tenía "una buena figura". Además de su buena figura, tenía numerosos tirabuzones castaños que caían agradablemente sobre su cuello, y dientes tan uniformes comolos granos de una mazorca de maiz en un año de buena cosecha. Gracias a unas hábiles maniobras mías ella invariablemente me encontraba en el descansillo cada vez que subía a su piso.

Yo había estado ahorrando mis centavos durante cierto tiempo y finalmente había acumulado el dinero necesario para invitarla al teatro de variedades Hammerstein´s Victoria. Yo nunca había estado allí, pero lo había oído mencionar frecuentemente. Tenía ahorrados 70 centavos y lo había calculado todo minuciosamente. Dos localidades de segundo anfiteatro, 50 centavos... Tranvía de ida y vuelta, 20 centavos. Total: 70 centavos. Hubiésemos podido ir andando, pero vivíamos en la Noventa y Tres Este, y el teatro estaba en la Cuarenta y Dos Oeste. Estábamos en enero, los días eran cortos y el tiempo ofrecía una imitación bastante buena de Laponia.

Cuando descendimos del tranvía en Times Square, Lucy estaba encantadora y yo muy guapo. Pero un granito de arena se había introducido en el engranaje. El granito de arena era un vendedor ambulante. Estaba instalado ante el teatro y vendía dulces de coco a cinco centavos la bolsa. Fiel a su sexo, Lucy contempló al vendedor y murmuró que el dulce de coco era su golosina predilecta y que cuál eran mis intenciones al respecto. Yo hice lo que todos los tontos han hecho en todas las épocas, cuando la belleza pide algo. Lo que aquella belleza no sabía era que su indiferente petición había echado por los suelos mi cuidadoso presupuesto y me había arruinado la tarde incluso antes de empezar.

Nos instalamos en el segundo anfiteatro, lejos, muy lejos del escenario. Los actores parecían enanos y los sonidos que preferían apenas sí eran audibles desde nuestro observatorio. Más fuerte que las voces de los actores, sin embargo, era el contínuo crujir de los dulces de coco, a medida que cada uno de ellos se deslizaba graciosamente por el bello gaznate de Lucy. Tal vez ella estuviese demasiado absorta en la representación para ofrecerse a compartir conmigo los dulces, o quizá supusiera que yo era diabético y, sintiendo por mi un amor loco, no deseaba poner en peligro mi salud. Cualquiera que fuese el motivo se los comió todos, migajas incluidas.

Quedé algo afectado por el egoísmo de Lucy, pero tenía ante mi un problema que me hizo olvidar incluso los dulces que no llegué a probar. Aunque registré esperanzadamente en mis bolsillos, únicamente encontré en ellos una solitaria moneda de cinco centavos. La vida era barata en aquellos días, pero no tanto como para que dos viajeros pudiesen subir a un tranvíapor sólo cinco centavos.
La representación por fin terminó. Salimos en silencio del teatro. Al hallarnos en la calle nos encontramos con la oscuridad y una furiosa tormenta de nieve. Ahora me siento terriblemente avergonzado acerca de esto, pero recuerda que sólo tenía doce años, que hacía un frío tremendo y que Lucy se había comido todos los dulces. Además, si ella no me hubiese obligado a comprarle los dulces, me habrían sobrado diez centavos, suficiente para que ambos pudiésemos haber regresado a casa en tranvía.

Pese a todos los argumentos convincentes, todavía me quedaba algo de honor. Me volví hacia ella y le dije:

- Lucy, cuando salimos para el teatro de Hammerstein yo tenía setenta centavos, lo suficiente para las entradas y para el viaje de ida y vuelta. Yo no había proyectado comprar dulces. Yo no quería dulces. Has sido tú quien los ha pedido. Si llego a saber que querías dulces hubiese retrasado la invitación unas pocas semanas más. El caso es que sólo me quedan cinco centavos. Recuerda, Lucy, que tú te has comido los dulces y sabes muy bien que tengo perfecto derecho a irme a casa en tranvía y a dejar que tú regreses andando. Pero ya sabes que estoy loco por ti y que no puedo hacer tal cosa sin concederte una oportunidad. Escucha con atención. Voy a tirar esta moneda al aire. Tú eliges cara. Si sale cara tú coges el tranvía. Si sale cruz, lo cojo yo.

Los dioses estaban de mi parte. Salió cruz.

Por alguna extraña razón, Lucy nunca volvió a dirigirme la palabra. La última vez que me dio fue como si yo hubiese muerto. Y de llevar ella, un cuchillo seguro que lo hubiese utilizado.

GROUCHO MARX "Groucho y yo".

* Hay primeras citas que pueden ser absolutamente desastrosas, sobre todo a ciertas edades, jajaja. Me estoy imaginando a la niña de los tirabuzones regresando sola a casa bajo la nieve, ¡por golosa! :)
 
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