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martes, 12 de mayo de 2026

EL CRACK DOS (1.983)

¿Quién dijo aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”? Bajo misma premisa, el homenaje “castizo” a la novela y al cine negro policiaco americano (no en vano la película está dedicada a Raymond Chandler), Jose Luis Garci, repitiendo a Horacio Valcárcel como coguionista, se embarcó en “El crack dos” (1.983), un año después de haber logrado el Oscar a Mejor Película Extranjera por “Volver a empezar.”


Garci: “Era la que más le gustaba a Alfredo Landa. Años después de haber hecho las dos primeras, él seguía diciendo que la película que más le gustaba de todas las que había hecho, donde él estaba mejor como actor, era “El crack dos”. Yo se lo discutía, porque siempre he creído que donde mejor está es en “Los santos inocentes”. Pero él decía que no, que eso de tirarse al suelo y rastrear como un perro era bonito pero lo hacía cualquiera. Sin embargo, sacar esa parte oscura que tenemos todos… Él creía que ese lado negro de sí mismo solo se había recogido en “El crack dos”, y por eso era la que más le gustaba. Yo, por mi parte, creo que en “Luz de domingo” está mejor que en ninguna otra de las que hicimos juntos. Ahí tiene momentos espléndidos, a lo Jean Gabin.”

Entrevista a Jose Luis Garci en Platino Educa por Luis Caballero. 2.023.


En esta secuela, el detective Germán Areta se ve envuelto, por medio de su antiguo Comisario “El Abuelo”, en un caso aparentemente rutinario (o no tanto, dado que se trata de una pareja de hombres) de abandono de hogar, que rápidamente deriva en una oscura y compleja trama de conspiraciones farmacéuticas.



Mientras recupera a “El Moro” (Miguel Rellán) como colaborador en la investigación, sueña con irse de vacaciones a Italia con su novia Carmen, pero el nuevo caso alterará la vida de todos, y es que como le dice su pareja: “Cuando alguien se pasa la vida buscando cosas para los demás, a lo mejor es que no quiere saber nada de lo suyo”.


La película mantiene los elementos tan característicos de su precedente: el costumbrismo (la partida de mus inicial), las escenas violentas pre-cine kinki (el encuentro de Areta y su amigo el barbero “Rocky” con unos yonkis en un parking), los paseos por Madrid (Gran Vía, Tirso de Molina, el Templo de Debod, el Río Manzanares), las referencias cinematográficas norteamericanas (“La jungla de asfalto” de John Huston y “Un extraño en mi vida” de Richard Quine), pero es con el boxeo donde Garci encaja la metáfora final del momento por el que está pasando Areta en su enfrentamiento con poderes desconocidos.



En determinado momento su amigo Rocky (que a pasado a ser barbero a domicilio, por el cierre del Frontón Madrid en 1982), le dice ante su inminente viaje a Italia: “He oído que te vas a Italia, ¿es cierto? – Sí- Me alegro, sobre todo por Carmen, lo que pasa que en Italia está Roma. – Hombre, si tú lo dices- Y en Roma un lugar nefasto llamado Piazza di Siena, y allí el día 22 de Octubre de 1.933, en presencia de Mussolini – Ya, Primo Carnera le ganó a Uzcudun- Exacto, a nuestro gran Paulino Uzcudun, el Mutil de Regil, ¿te das cuenta? Y estoy seguro de que hubo “manejo”. - ¿Cómo lo sabes? – Pues ya me dirás, ¿Quién mandaba allí? ¡El Ducce! Si Uzcudun no se deja ganar por el Gigante de Sequals lo fusila en el mismo ring, escrito está por Manolo Alcántara que yo no me invento nada”.


Paulino Uzcudun vs. Primo Carnera 
(Barcelona 30 Noviembre 1.930)

Cuando la trama se cierra sobre nuestro protagonista y sus colaboradores más próximos, Areta se siente igual de acorralado que Uzcudun en su segundo combate contra Primo Carnero, (que tuvo el mismo resultado que el primero celebrado tres años antes en Barcelona, perdió Uzcudun por puntos), no sólo se enfrenta a una joven promesa, sino a un púgil que le gana en envergadura (más de 30 kgs más que él) y en altura (30 cm más).

Por vez primera, es Areta el que le da la réplica pugilística a “Rocky”:

Rocky, una vez leí una historia de boxeo. Contaba la pelea de un viejo boxeador, con más de cien combates a la espalda y una joven promesa. El viejo boxeador había hecho buenos combates en el pasado, pero ahora sus nudillos estaban rotos, sus cejas eran de papel de fumar y sus arterias no tenían elasticidad. El tipo había resistido más que nadie, no quedaba ni uno solo de sus antiguos compañeros. Su rival no sólo era joven, sino bueno. Un boxeador rápido, inteligente, de pegada seca y los pies tan ligeros que apenas pesaban la lona. La pelea era desigual, el viejo boxeador sabía que iba a perder, pero tenía que luchar, tenía que aguantar, lo hacía por él, ¿entiendes?. Por sobrevivir. Tengo que hacerlo Rocky, tengo que hacerlo ya. - ¿Quién ganó el combate?- El joven. – Adiós campeón.”

La escena final, tiene lugar, como no podía ser de otra manera, en Nochebuena, una fecha que tan vinculada está al pasado de Areta.

En su particular órdago al destino, y sintiendo que ya no tienen nada que perder, Germán Areta decide enfrentarse a su particular Primo Carnero, Don Gregorio (encarnado nada menos que por Arturo Fernández), y acude a su encuentro, en una tensa conversación en la que Don Gregorio revela a Areta que los tiempos están cambiando: según él ya no ha sitio en este país “nuevo” para la gente honrada, hay que subirse al carro de los poderes ocultos que gobiernan el país y que manejan la política.

Nos quedamos con última frase que susurra Arturo Fernández a su oscuro jefe a través de un teléfono rojo: “Sí, soy yo. Areta acaba de salir, y tenías razón no es utilizable”. 

miércoles, 6 de mayo de 2026

EL CRACK (1.981)

 

                             

La semana pasada vi “El Crack” de Jose Luis Garci y, aunque tenía el lejano recuerdo de haberla visto alguna vez por televisión, para mi fue como verla por primera vez. 

La película comienza con una dedicatoria a Dashell Hammet que es toda una declaración de intenciones, el particular homenaje de Garci a la novela de detectives y al cine negro norteamericano:



A mí me gustaban mucho las películas policíacas (antes, cuando yo era joven, no se decía “cine negro” ni film noir ni nada de eso, se decía “películas policíacas”). Luego, cuando empezamos a leer, descubrimos las portadas amarillas de la literatura francesa y también el cine americano, que empezó a cambiar haciendo películas más oscuras y héroes diferentes; más indefensos y a la vez más solitarios y desencantados. Todo era más negro en todos los aspectos, empezando por la iluminación. Claro, el cine negro viene del expresionismo alemán, donde la luz es tan distinta que ya no ilumina por completo las caras de las mujeres sino una parte nada más, otorgando un brillo especial a los ojos, a las bocas. Yo era un enamorado de ese cine y por eso quise hacerlo. Por eso hice El crack, que se llama así por el crujido, “crack”. Y bueno, Alfredo Landa y yo hablamos mucho y estábamos muy de acuerdo en todo, y Germán Areta, el protagonista, es un guiño al propio Alfredo, que es Areta de segundo apellido. “

Jose Luis Garci, entrevista de Maria José Solano publicada en Zenda Libros.


Desde la mítica primera escena , tan mítica que se dice -algo no confirmado- que inspiró a Quentin Tarantino la escena inicial  del atraco  de “Pulp Fiction” (1.994) y su no menos mítica frase “ Vareta, dame el mechero o te quemo los huevos" Garci nos presenta a German Areta, también apodado “El piojo”, un ex policía reconvertido en detective privado que vive bajo sus propias reglas y define su profesión con pocas palabras: «Mi trabajo es como otro cualquiera: duermo poco, ando mucho, y lo que veo no me gusta…».

Germán Areta anda, y mucho, por un Madrid (el de mi infancia) que ya no existe. De fondo, como un personaje más, vemos desfilar los numerosos cines de la Gran Vía, Galerías Preciados, el Frontón Madrid (que cerró en 1982) y el restaurante de Torres Blancas.



Un empresario de Ponferrada acude a Areta para que localice a su hija Isabel que lleva dos años desaparecida. El avance de la investigación molestará a gente de mucho poder que no dudarán en hostigarle y atacarle personalmente para que no llegue hasta el final.

A pesar del homenaje al cine negro norteamericano, y a de su protagonista a Nueva York incluido, nos encontramos con un detective que no trabaja en solitario (sino con su ayudante apodado “El Moro”, interpretado por Miguel Rellán) y tampoco pierde los papeles por una femme fatale, sino que corteja pacientemente a una madre soltera, Carmen y establece una bonita relación paternofilial con su pequeña hija Maite.


                              

Alfredo Landa encontró en Germán Areta un personaje con el que desmarcarse definitivamente del “Landismo” y sería uno de sus personajes más recordados junto con el Paco de “Los Santos Inocentes” (1.984) que le llevaría a ganar el premio de mejor interpretación masculina en el Festival de Cannes, junto con Paco Rabal.

Os dejo con las imágenes de Landa paseando por Nueva York, como curiosidad diremos que Garci rodó estas escenas exteriores - en la Quinta Avenida, el Aeropuerto JFK, puente de Brooklyn etc...- sin ningún tipo de permiso de rodaje:





 
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