viernes, 31 de marzo de 2006

DESGRACIA


"Desgracia" es la única novela que he leído hasta el momento del Premio Nobel de Literatura de 2.003, J.M. Coetzee y he de reconocer que me impactó mucho. Retrata la sociedad contemporánea (creo que está ambientada en los años 90) sudafricana, en la época post-apartheid, con bastante crudeza. Odios larvados a lo largo de cientos de años de dominación de una raza por otra acaban estallando con violencia una tarde en una pequeña granja aislada en el campo, marcando el destino de un padre y su hija. Ya nunca será igual para ellos.

El otro día alguien me recordó una película muy interesante sobre este tema, "In my country" (Country of my skull) de John Boorman, protagonizada por Juliette Binoche y Samuel L. Jackson, donde se puede ver la complicada tarea que afrontó la Comisión para la Verdad y la Reconciliación (creada por Nelson Mandela en 1.995), en la que, pueblo por pueblo, fue necesario que las víctimas del apartheid y sus verdugos hicieran una labor catártica de perdón y arrepentimiento, para sentar las bases de un nuevo Estado Sudafricano.


3 comentarios:

Jesús Jeronimo dijo...

A mi tambien me encantó Desgracia....dura sociedad aquella..

desconvencida dijo...

Por algo Gandhi comenzó su lucha no-violenta allí...


http://es.wikipedia.org/wiki/Gandhi#Movimiento_de_derechos_civiles_en_Sud.C3.A1frica_.281893-1914.29

Stavrogin dijo...

Hola Desconvencida, muchas gracias por tu comentario en Semana Santa.

Coetzee es de los pocos novelistas contemporáneos que me gustan. Y Desgracia me pareció impresionante; más que por el terrible retrato social -que también-, me impresionó por el frialdad nihilista del protagonista. Me encantan esos personajes de sensibilidad entre indiferente y destrozada.

Precisamente iba a recomendar otra novela de este autor en mi blog. Se trata de El maestro de Petersburgo, que, como decía la maestra Susan Sontag, es una lectura difícil y exigente, pero impresionante. Casi se podría decir que es un ejercicio de virtuosismo literario. No sólo recrea el ambiente del Petersburgo que conoció Dostoievski, sino que además se mete completamente en la piel del autor. A veces tienes la impresión de que es el propio Dostoievski quien escribe. Y lo curioso es que Dostoievski no sólo no es el autor, sino que es el protagonista, que casualmente vive atrapado en los mismos dilemas que el protagonista de Crimen y Castigo, el inolvidable Raskolnikov.

 
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