miércoles, 27 de octubre de 2010

ODA A LOS TRENES DEL SUR


Trenes del Sur, pequeños
entre
los volcanes,
deslizando
vagones
sobre
rieles
mojados
por la lluvia vitalicia,
entre montañas
crespas
y pesadumbre
de palos quemados.

Oh
frontera
de bosques goteantes,
de anchos helechos, de agua,
de coronas.
Oh territorio
fresco
recién salido del lago,
del río,
del mar o de la lluvia
con el pelo mojado,
con la cintura llena
de lianas portentosas,
y entonces
en el medio
de las vegetaciones,
en la raya
de la multiplicada cabellera,
un penacho perdido,
el plumero
de una locomotora fugitiva
con un tren arrastrando
cosas vagas
en la solemnidad aplastadora
de la naturaleza,
lanzando
un grito
de ansia,
de humo,
como un escalofrío
en el paisaje!

Así
desde sus olas
los trigales
con el tren pasajero
conversan como
si fuera
sombra, cascada o ave
de aquellas latitudes,
y el tren
su chisperío
de carbón abrasado
reparte
con oscura
malignidad
de diablo
y sigue,
sigue,
sigue,
trepa el alto viaducto
del río Malleco
como subiendo
por una guitarra
y canta
en las alturas
del equilibrio azul
de la ferretería,
silba el vibrante tren
del fin del mundo
como
si
se despidiera
y se fuera a caer donde
termina
el espacio terrestre,
se fuera a despeñar entre las islas
finales del océano.

Yo voy contigo,
tren, trepidante
tren
de la frontera:
voy a Renaico,
espérame,
tengo que comprar lana en Collipulli,
espérame, que tengo
que descender en Quepe,
en Loncoche, en Osorno,
buscar piñones, telas
recién tejidas, con olor
a oveja y lluvia...
Corre,
tren, oruga, susurro,
animalito longitudinal,
entre las hojas
frías
y la tierra fragante,
corre
con
taciturnos
hombres de negra manta,
con monturas,
con silenciosos sacos
de papas de las islas,
con la madera
del alerce rojo,
del oloroso coigue,
del roble sempiterno.

Oh tren
explorador
de soledades,
cuando vuelves
al hangar de Santiago,
a las colmenas
del hombre y su cruzado poderío,
duermes tal vez
por una noche triste
un sueño sin perfume,
sin nieves, sin raíces,
sin islas que te esperan en la lluvia.
inmóvil
entre anónimos
vagones.

Pero
yo, entre un océano
de trenes,
en el cielo
de las locomotoras,
te reconocería
por
cierto aire
de lejos, por tus ruedas
mojadas allá lejos,
y por tu traspasado
corazón que conoce
la indecible, salvaje,
lluviosa,
azul fragancia!

PABLO NERUDA




* Los próximos dos días los voy a pasar metida en varios trenes de camino y de regreso al sur, así que nada mejor que este poema para iniciar mi viaje. Los cuadros, "Trenes de noche" y "Soledad", son del pintor neorrealista belga PAUL DELVAUX.

4 comentarios:

el adorable hombre de los ferrocarriles de vía estrecha dijo...

Dan para mucho los trenes, poemas, canciones y lo que se hace... no hay espacios para idóneo para la melancolía e incluso para una hiriente nostalgia que las estaciones... aunque la metáfora esté ya algo manida, sigue teniendo una fuerza enorme. Curiosamente no pasa lo mismo en los aeropuertos, el no-lugar por excelencia, donde más que cualquier otra cosa te invade un horrible tedio o una acelerada taquicardia.

Canción para trenes meridionales:
http://www.youtube.com/watch?v=-z8RCfnWPOo

Fructus dijo...

Te ha salido un bello caligrama. Entre las dos estaciones de Delvaux, las ciento y pico traviesas del transandino poema de Neruda. Quizás buscabas dibujar esta bonita vía rápida.
Que tengas un buen viaje.

Francesc Cornadó dijo...

Magnífico poema de Neruda, gracias por traerlo aquí.

Salud

Francesc Cornadó

desconvencida dijo...

* bien visto, adorable, hay muchas menos canciones, películas, etc ambientadas en aeropuertos...

* Fructus, gracias por el comentario... el viaje fue relativamente rápido (pamplona-madrid-sevilla y vuelta en un día mas o menos), aunque de poco disfrute, porque fue por trabajo, pero me dio tiempo a darme una pequeña vuelta por la maravillosa Sevilla... así que no me quejo :)

* Gracias a ti, Francesc!

 
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